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Aquí no pasa nada hasta que pasa

  • Andrea Cataño

Entre mi colección de famosas últimas palabras como “ni se van a dar cuenta”, “sí la libras” “tómate esto, me canso de que te alivias”, “sí aguanta” y otras por el estilo, el “no pasa nada” tendría que ser el epitafio de millones de connacionales.

Somos muy creativos y sobre la marcha lo arreglamos casi todo con pasadores, clips, ligas y cinta canela. El ingenio mexicano es gracioso hasta que sucede una tragedia como la del socavón que cobró la vida de dos personas.

No pretendo salir en defensa de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, ni de los constructores, supervisores de obra y otras autoridades implicadas en el caso. Toca a las autoridades investigar a fondo y deslindar responsabilidades para que cada actor asuma y pague las consecuencias de sus errores. Desafortunadamente, ni las sanciones, ni las garantías, ni las indemnizaciones, ni los remiendos a la vía que tanto se presumió el día que fue inaugurada, le devolverán la vida a Juan Mena López y a su hijo, Juan Mena Romero.

La historia de las notificaciones, oficios, advertencias, etcétera que los vecinos hicieron a las autoridades respecto de las deficiencias visibles en la construcción se ha cubierto extensivamente en todos los medios.

Lo terrible aquí es los servicios de rescate tardaron más de nueve horas en llegar y para entonces, las víctimas habían fallecido por asfixia. Escapa a la imaginación de cualquiera la angustiosa agonía de este padre y su hijo, pero en esta tragedia que nos ha conmocionadosalió a relucir un problema muy serio: no estamos preparados para resolver crisis de este tipo.

Alguna vez formé parte de un comité de protección civil. Tuvimos la suerte de recibir una buena capacitación para sismos, incendios e inundaciones. También realizamos numerosos simulacros de evacuación. Era un hospital, así que había que ensayar y pensar muy bien qué era lo conveniente hacer con los pacientes.

En su mayoría, el personal administrativo se mostraba apático y hasta malhumorado cada vez que tocaba simulacro. Un día, sin avisar, se hicieron sonar las alarmas y nos dimos cuenta de que la gente no hizo lo que debía, no obstante haber sido instruida en repetidas ocasiones para ello porque no le dieron la importancia que tenía.

En el caso del socavón, el gobierno local y los equipos de protección civil actuaron con negligencia. El gobernador Graco Ramírez tendría que haber proporcionado todos los recursos técnicos y humanos para rescatar con vida a los Mena. Porque en tanto tiempo, es inexplicable que no se les hubiera suministrado oxígeno a través de un tubo o una manguera.

Las autoridades locales, los comités de protección civil de las constructoras, la policía, los bomberos, las unidades de búsqueda y salvamento, los tripulantes de ambulancias deben estar certificados de acuerdo con las normas internacionales y contar con el equipo necesario para atender cualquier tipo de emergencia.

La salvaguarda de la vida es y será siempre lo primero y aquí lo que importa es aprender del terrible error. La educación en protección civil es responsabilidad de todos y debería impartirse como materia obligatoria en las escuelas, en los centros de trabajo y ofrecerse también, a través de las delegaciones u organizaciones vecinales a las familias. Vivimos en un país amenazado constantemente por desastres naturales y la mayoría no sabe qué hacer ante una contingencia.

andreacatano@gmail.com