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Aquí se rompió una enchilada… / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

La clase gobernante mundial está en crisis. O no pueden formar Gobierno, como en España, o la Policía les registra casas y oficinas a sus amigos  –como hicieron el miércoles con los de Mariano Rajoy- por ser sospechosos de financiamientos partidarios ilegales. Vamos, anda, que te caes de la baranda: ¿cómo puedes gobernar si no puedes proteger a los  cuates que te dan lana?

Además correr ministros se ha convertido en un deporte olímpico.

En México los cesan como si fueran carteros: aquí se rompió una enchilada, cada chango a su enramada.

Estamos tan acostumbrados a la transparencia, que nadie se extrañaría si el Presidente renovara Gabinete cada mes.

O se pusiera a gobernar solo, lo que por otra parte sería perfectamente legal, porque el Gabinete mexicano no existe constitucionalmente.

(La falta de secretarios de Despacho no alteraría el desempeño de la Administración. El desenfado con que se les cambia de una posición  a otra, demuestra que sus titularidades son meramente simbólicas y que ninguno hace un trabajo real, especialmente porque en su mayor parte carecen de los conocimientos y la experiencia para hacerlo. Por eso habitan en la oscuridad y el silencio, saliendo a la superficie solo cuando cometen alguna pendejada  particularmente mediatizable.

De hecho, para lo único que sirven los secretarios de Despacho es para cultivarse como aspirantes presidenciales.

No hay ninguno, por mediocre o tarado que sea, que no se considere apto para el primer puesto y, si se examinan las actuaciones y los resultados conseguidos por algunos de los que lo han ocupado, llevan razón. También los empuja el convencimiento interior de que valen madre los méritos y desempeños, porque finalmente, el destino de su proyecto político personal depende del capricho del “tlatoani”, que significa en náhuatl “el que habla”. O sea, que todos los demás, “calladitos se ven más bonitos”.
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Los periodistas mexicanos, y los extranjeros destacados aquí, son muy buenos, porque rara vez la administración anuncia decisiones que sorprendan a alguien. Los temas importantes, y hasta los triviales, empiezan a manosearse en los medios con días, semanas, a veces meses de antelación.

Así ocurrió con las recientes sustituciones en los Sectores Energético y de Salud Pública. En esta ocasión fue el corresponsal de la agencia Reuters al que le tocó la lotería de la “exclusiva”. Como de costumbre, no hubo explicaciones ni aclaraciones oficiales. Los húngaros, pitonisos y cristoboleros iniciaron una fiesta de adivinanzas que aún  no termina.

La fábula con más adeptos es que los movimientos se dieron para ayudar a crecer a un delfín. Lo que me recuerda una anécdota de Armando Manzanero.

Cuenta el genial yucateco que, cuando era todavía niño, sus papás tuvieron algunos problemas y decidieron divorciarse. Ya estaban a punto de firmar los papeles cuando la señora Manzanero llamó aparte al señor Manzanero y le dijo:

-Mira bosho, lo del divorcio va. Pero yo creo que es mejor que nos esperemos hasta que Armandito crezca.

Y, concluye el autor de “No sé tú”, ahí siguen, todavía casados.

Buenos días. Buena suerte.
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