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Ariel 59: Entre la inclusión, la protesta y la sobriedad

  • La moviola/ Gerardo Gil

Varias reflexiones se desprenden de la ceremonia número 59 del Ariel, el reconocimiento más importante que se da al cine mexicano, llevada a cabo el pasado 11 de julio en el Palacio de Bellas Artes. En primer lugar, la austeridad del evento, que sin embargo, no restó fuerza en el contenido: pronunciamientos claros en favor de que se apoye a la cultura desde distintos frentes fue la constante de la noche.

Entre los reclamos que se escucharon estuvo el de la presidenta de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, Dolores Heredia, al proponer un diálogo con los miembros de la comunidad cinematográfica “ante la inminente negociación del TLC” y crear “de manera conjunta una agenda en defensa de nuestro cine”.

Heredia, dijo de manera clara: “Exigimos proponiendo”. En ese tono, Sofía Landgrave, estudiante del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y Gabriela Gavica, egresada del Centro de Capacitación de Estudios Cinematográficos (CCC), se pronunciaron por reformular políticas culturales y reevaluar el presupuesto asignado a estas  instituciones.

Desde distintas posiciones, la petición e inquietud fue la misma: la protección al cine nacional. La sobriedad de la ceremonia no impidió que el tono y fondo de la misma se enfocara de manera clara a la protección de la cultura como derecho. Llama la atención que la gran ganadora de la noche, La 4a compañía (Amir Galván, Mitzi Vanessa Arreola, 2016), con 10 premios de 20 nominaciones conjugue un cine de género, en este caso el drama carcelario, desde un tono más bien accesible para el público y una suerte de revisionismo histórico generacional con su tono de reflexión política.

Entre los premios que se lleva están el de Mejor película, Actor (para Adrián Ladrón, que  comparte   triunfo  con  José Carlos Ruiz de Almacenados); Actor  de  cuadro para Hernán Mendoza y diversos reconocimientos técnicos.

La película, cuenta el caso de un grupo de internos en un reclusorio capitalino en la década de los ochenta, que por orden del jefe de la policía, El Negro (Josefo Rodríguez) salen por momentos de su reclusión para asaltar bancos, mientras que para la opinión pública representan el más claro ejemplo de la reinserción, ya que forman un equipo de futbol americano al interior del penal.

La 4ª compañía, sigue la misma línea discursiva y estética de filmes que una generación de realizadores nacidos entre la década de los setenta y ochenta tienen: contar casos de nota roja, que marcaron en parte a una generación pero con una narrativa entretenida y resaltando el aspecto visual como elemento fundamental. Para muestra basta citar un par de casos recientes: Mexican Gangster (José Manuel Cravioto, 2014) y Gloria (Christian Keller, 2014). Parece ser pues que el mensaje de la Academia es: atraer a las grandes audiencias, sin dejar de lado temas de fondo.

Del otro lado se encuentra la otra ganadora de la noche, el documental Tempestad (Tatiana Huezo, 2016) sobre la historia de dos mujeres que han sido víctimas de la violencia, la injusticia y la impunidad en México: Miriam, encarcelada injustamente y Adela, quien trabaja en un circo y hace diez años su hija desapareció.

El filme está dirigido a un público más selecto, de nicho si se quiere, y se llevó los premios a Mejor Dirección, Largometraje Documental y Fotografía.

Los galardones a Tempestad comprueban una vez más que el documental es parte fundamental, pieza clave del cine nacional y que el tema de la violencia, la injusticia, con la mirada inquisitiva de los cineastas a un país que se cimbra en medio de la descomposición social, es un elemento clave, ineludible de nuestra narrativa cinematográfica.

Otro tema que destacó en la ceremonia del pasado martes es el de la inclusión. Se puede decir que fue la columna vertebral de la noche. Desde el hecho de que el evento fue conducido exclusivamente por mujeres (¿la inclusión desde la exclusión?) hasta el premio a Paco de la Fuente, joven actor con Síndrome de Down, quien ganó en la categoría de Revelación Masculina por El Alien y yo (Jesús Magaña Vázquez, 2016). Sin lugar a dudas uno de los momentos de la noche.

Una ceremonia sobria, con mensajes directos y una comunidad cinematográfica que cierra filas en torno a la lucha cada vez más difícil por la inversión y la difusión del cine nacional es el saldo de la 59
entrega del Ariel.