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Armaduras medievales en buen estado / Numerados

  • Camilo Kawage

1.- El anuncio de la salida a subasta de un infame teléfono rojo, hace factible adivinar quién pujará la mejor oferta. Se trata del aparato que usaba cierto führer en su escondite y desde donde daba órdenes cuando ya no podía salir del bunker. También deberían ponerse al mejor postor toda clase de armaduras de la edad media, para cualquiera que ose acercarse al personaje, aún con el pensamiento. Todas las elucubraciones, las charadas y los presagios más fatales se han esfumado con el ácido del cambio climático que debe todo el mundo asumir como la nueva directriz de la satrapía, que durará por lo menos cuatro años si no sucede algo todavía más grave que lo que hoy nos espanta.

2.- Sobrados análisis, conjeturas y disquisiciones han desbordado los medios -incluidos los que son serios- y reventado los de la inmediatez; si hace apenas unos años nos referíamos a los titulares del periódico de la mañana, la práctica ha quedado rebasada de forma exponencial, en especial por el caballero que conoce sus alcances, con titulares que circulan a miles de millones de cualquier medida por microsegundo; y si de esa manera nos dejamos llevar en el torbellino de su locuacidad, no habrá suficientes siquiatras para atendernos. Y como no le van a quitar la pluma, el teléfono ni el tweet, más vale serenidad, temple, y frialdad para enfrentar el vendaval.

3.- Y correr nuestro tiempo con la seguridad que nos da la razón. La Constitución que ajusta hoy cien años, elevada expresión de sabiduría, visión y verdadera entrega a México de sus autores originales -y de algunos que le han metido la mano casi 700 veces- es también producto de una evolución social, cultural, política y de identidad que es solo nuestra. Debe ser, y nunca es tarde para que cada joven la conozca, así sea de base, para entenderla y honrarla como uno de los muchos motivos de orgullo que nos insufla y que nos hace dignos de la calidad de mexicanos.

4.- También es buena hora para dejarnos de distracciones fútiles y amargosas, porque no todos los ridículos son culpa del Rasputín que le lleva la mano al de los decretos. El anuncio de que los senadores no irían a Querétaro a los homenajes para ahorrarse 500 mil pesos; los acarreados violentos que atacan a policías en Paseo de la Reforma portando la bandera soviética –no es fantasía- y sus manipulados líderes que viven en otro siglo, pero eso sí, a anchas expensas del mismo Gobierno al que ofenden y agreden, no son envíos del Klux. A veces parece que la burda filtración de llamadas a través de la Matahari local nos fascina más que nuestros propios, chuscos tropiezos. O la construcción de un estadista, en la persona de nuestro muy singular líder de masas.

5.- Ya se habló aquí del efecto en cadena que nos toca ver en varias esquinas del mapa, que busca su origen en el fenómeno de junto y, que ése sí, debemos mirar con cuidado. Italia, Alemania y países del Este europeo hacen guiños a la ultra, como si no tuvieran suficiente con revisar su historia. En Francia, el tripulado derrumbe del candidato gaullista por presunto robo al erario enfila a la postulante de la demagogia extrema cada vez con más fuerza. Ésas son las barbas que debemos remojar, pues así como nadie creía posible que, con sus amarras y sus controles, Estados Unidos conociera el espectáculo que hace temblar al mundo, puede suceder en cualquier parte.

6.- Aparte. Un visionario mexicano ha cumplido su misión, con laureles y guirnaldas en la admiración de México y numerosos países. Lorenzo Servitje fue a su oficina de la mayor industria panificadora del mundo hasta el último día de su ejemplar empeño. Por la puerta grande.
camilo@kawage.com