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Armas o dildos | Mujeres en busca de Sexo |Celia Gomez Ramos |

  • Editoriales

Ciertamente, como se los mencioné la semana pasada, a veces creo que lo más revolucionario en esta época que vivimos es el romanticismo, el amor… y otras, me extraño ante los acontecimientos, aunque vuelvo a los orígenes. Verán…

Cambio de patrones y estructuras, ¿será? Porque hace solo unos días, Playboy–de 62 años de edad- anuncia que a partir de marzo del 2016 ya no llevará fotografías de mujeres totalmente desnudas, porque “ahora estás a solo un click de todos los actos sexuales imaginables en forma gratuita”, según indicó el director de la revista, y señaló que “ahora está pasado de moda”. Seguirá publicando imágenes provocativas, eso sí. Y bueno, resulta que se enfocarán fundamentalmente al contenido escrito y redes sociales.

Esto después de un estudio en el que la venta de revista en papel, en Estados Unidos, disminuyó en los últimos 40 años. De entonces ahora, vende solo una séptima parte. Pues qué decir, la mayoría de las revistas le copiaron, si no con chicas desnudas, sí provocativas; ahora ellos harán lo propio, copiar a la gran mayoría…

¿Será que de repente se vuelven puritanos? ¿Qué eso es a lo que vamos? El misterio de una abertura en una falda, un escote, el gesto de coqueteo o desdén, normalmente provoca más que un cuerpo de hombre o mujer totalmente desnudo sin ademán alguno o intención sugestiva.

Y mientras resulta que el sexo lo tenemos a un “click”, también en Estados Unidos, pero en el Estado de Texas, deciden organizar una protesta estudiantil en la Universidad de Texas-Austin, porque habrá una ley que permitirá que quien esté autorizado a portar armas, podrá llevarlas a los campus en todo el estado. Armas sí, pero son muy severos en cuestiones sexuales, así que para reclamar, llevarán colgado de su mochila juguetes sexuales.

En Texas, los residentes podrán llevar consigo y mostrar abiertamente armas si tienen licencia para portarlas y en las universidades, podrán llevarlas ocultas. Y les decía, que los estatutos de la Universidad de Texas-Austin, señala que: “Ninguna persona u organización distribuirá o mostrara en el campus, cualquier imagen de forma escrita o visual, o participara en cualquier otra expresión pública, que sea obscena”.

Una de las estudiantes señala que es tanto como armas sí, pero juguetes sexuales no. Incluso hay ya algunos maestros que se han manifestado por renunciar, si esto de las armas es aprobado.

¿Más escandaloso colgar dildos, consoladores, vulvas plásticas, lubricantes en las mochilas…, que portar armas? Por eso nunca hemos comprendido lo que es el amor, ¡carajo!

En fin, que ya me imagino a los estudiantes, colocando cada uno en su pupitre, su juguete sexual predilecto. Los salones universitarios se convertirán en otro mundo.

Avances y retrocesos. Uno que se dedica a escribir dice, pues qué bueno que se piense en un contenido de mayor calidad, aunque nunca pensé que el contenido fuera malo. Tampoco creo que a un click exista estética, y además gratis.

El clima de libertades ha cambiado, y como todo es cíclico, parece que nuevamente vamos a comenzar. Quiero observar el ingenio para mover conciencias y motivar acciones, para sugestionar personas y erotizar la mente. Quiero, quiero ver a partir de las letras. Quiero pensar que las palabras pueden conmover al infinito y traducirse en exaltación, seducción, deseo, rompimiento, libertad recurrente.

Grupos dirán que por fin se entendió que no debía cosificarse la mujer, no el cuerpo. Aunque yo iría al fondo. No es la cuestión visual, son los deseos reprimidos, son nuestras historias y nuestras vivencias, nuestra sociedad y filogenia la que nos hace comportarnos así. ¿Entonces? ¿Cómo modificar la impronta de nuestras células, para que traigan una información nueva? Espero que la búsqueda realmente sea ésa, y no que ahora seamos las mujeres las que cosifiquemos al varón, poco originales, pero buscando equilibrios.

Cuando publiqué mi primer cuento, fue precisamente en Playboy, se llamó: El atuendo de la pasión, y el epígrafe de Shakespeare con el que inicié fue: “La culpa, querido Bruto, no es de nuestra estrella, sino nuestra”.

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