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Arriba el extremismo | Thomas L. Friedman

  • Thomas L. Friedman

Desde su creación, la campaña de Donald Trump por la presidencia ha sido la vida imitando a Twitter. Su candidatura está erigida sobre estallidos de Twitter e insultos que tocan puntos sensibles, aplacan ansiedades momentáneamente y ponen un puño a través del rostro de la corrección política, pero sin un solo programa creíble para echar a andar.

Donde Trump ha sido un verdadero innovador es en su voluntad para combinar posiciones retóricamente desde la derecha aislacionista, la extrema derecha, centro derecha y centro izquierda. Si yo estuviera postulándome para presidente, me acercaría a la política de la misma forma: no como liberal, conservador, libertario o centrista.

Me postularía como extremista.

La agenda que efectivamente pudiera devolverle la grandeza a Estados Unidos combinaría las mejores ideas de la extrema izquierda y la extrema derecha. Este año quizá sea demasiado pronto para ese tipo de plataforma radical, pero para 2020 -después de más clima extremo, después de que máquinas reemplacen más empleos de clase media, después de más tiroteos masivos y después de mucho más desorden global – los electores se darán cuenta de que nuestros rancios partidos de izquierda-derecha no pueden producir las respuestas necesarias para nuestra era postindustrial. Las aceleraciones en la Ley de Moore, el cambio del mercado y del clima están transformando el lugar de trabajo, el ambiente y naciones-Estado, dejando a la gente sintiéndose insegura y a la deriva.

Es hora de un verdadero extremista que no sea partidista, cuya plataforma combine lo siguiente:

-Un sistema de cuidado de salud universal de un solo pagador. Si puede funcionar para Canadá, Australia y Suecia y suministrar por lo general mejores resultados de salud a precios más bajos, puede funcionar para nosotros, así como sacar a empresas estadunidenses del negocio del cuidado de salud.

-Expansión del crédito del impuesto al ingreso percibido para complementar salarios de trabajadores con bajos salarios y la introducción de un impuesto sobre la renta negativo para asegurar un piso de ingresos garantizado por el Gobierno para cada estadunidense. En una era en que máquinas están acaparando empleos de bajas calificaciones, vamos a necesitar ambos.

-Normas educativas del núcleo común, como la ley de la tierra, para elevar indicadores educativos a lo largo del país, a fin que estudiantes de preparatoria cumplan con los niveles más altos de habilidad que se exigirán cada vez más para buenos empleos. Sin embargo, esas normas más altas deberían ser introducidas gradualmente, con fondos para permitir que cada maestro tenga el tiempo de desarrollo profesional para aprender el nuevo programa que esas normas requieren y para comprar los materiales necesarios para enseñarlo.

-Controlar la inmigración de bajas calificaciones al tiempo que se remueve todo límite sobre las visas H-1B para trabajadores extranjeros con conocimiento de altas calificaciones y duplicar los fondos para investigación destinados a nuestros laboratorios e institutos de salud en el país para darle impulso a investigación elemental. Nada derivaría más nuevos y buenos empleos e industrias que esa combinación.

-Nuevos y acelerados incentivos fiscales y eliminación de toda barrera reguladora para incrementar rápidamente el despliegue de ancho de banda súper rápido, tanto para línea de fibra como redes inalámbricas, a fin de asegurar que los servicios de internet de la siguiente generación sean desarrollados en Estados Unidos. Además, solicitar préstamos por 100 mil millones de dólares a las tasas de interés súper bajas del Gobierno actualmente para mejorar nuestros puertos, aeropuertos y redes, así como para crear empleos.

-Prohibiciones a la manifactura y venta de toda arma de fuego semiautomática y de tipo militar, así como ofertas para recomprar cualquier rifle o pistola en circulación. Eso no resolverá el problema, pero Australia demostró que ese tipo de programa puede contribuir a una reducción de las muertes por arma de fuego.

-Para pagar todo esto, una agenda gradual de innovación e impuestos que incentive a nuevas empresas y contrataciones. Eso significa: abatimiento de todos los impuestos corporativos, impuestos sobre la renta, deducciones personales y subsidios corporativos y reemplazarlos con un impuesto al carbono, un impuesto al valor agregado por consumo (excepto en abarrotes y otras necesidades), un impuesto a las balas y un impuesto a todas las bebidas azucaradas… lo cual compensa para quienes perciben los ingresos más bajos.

Necesitamos un sistema fiscal que reduzca lo que no queremos – carbono, azúcar y balas – e incentive lo que necesitamos. Si abatimos los impuestos corporativos, muchas más empresas querrán ubicarse aquí, y las que estén domiciliadas aquí tendrán el incentivo de traer a casa ingresos extranjeros y dedicarlos a investigación y nuevas líneas de negocios.

-Una comisión independiente que fue nombrada para revisar a Dodd-Frank y Sarbanes-Oxley para determinar cuál, si es que alguna, de sus cláusulas están dificultando innecesariamente que empresarios reúnan capital o lancen nuevos negocios. Necesitamos estar seguros de que estamos previniendo imprudencias, no que se corran riesgos.

-Imitar a Gran Bretaña: Limitar estrictamente el gasto en campañas políticas en la nación y la duración de la campaña a un periodo de pocos meses. Esto dificulta considerablemente que millonarios compren candidatos.

-Mayor presupuesto militar y garantizar que nuestros servicios de inteligencia tengan toda la flexibilidad legalmente vigilada que necesitan para enfrentar a los terroristas con cibercapacidades de hoy; porque si hay otro 11 de septiembre, muchos electores estarán listos para lanzar por la borda todas las libertades civiles. Y con el mundo partiéndose en zonas de “orden” y “desorden”, necesitaremos proyectar más poder para proteger y estabilizar a este último.

En suma, nuestro lento crecimiento, desigualdad y desafíos de seguridad nacional requieren de soluciones radicales: reforzamiento de redes de seguridad, reducción de las malas conductas ambientales y de salud que nos están llevando a la bancarrota y pagar por todo incentivando intensamente la toma de riesgos, innovación, inversión y contrataciones.

Eso clama por un extremista no-partidista para presidente que esté preparado para girar con fuerza a la izquierda y a la derecha… simultáneamente. Esa es mi visión 2020 y, en cuatro años, el país quizá pudiera estar listo para eso.

/arm