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Arte y Academia

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

  • Ana María Longi

De esta manera, cuando la comunidad judía y público en general, ingresan a la Sinagoga Justo Sierra, a observar con detenimiento la Exposición Fotográfica de Claudia Nierman, elaborada durante 3 años en cementerios judíos de México, la doctora Mónica Unikel, complementa las necesidades informativas, explicando, entre otros muchos datos importantes, que todo empezó en 1912, en plena Revolución Mexicana. Etapa en que se crea la primera organización judía de México: La Sociedad de Beneficencia Alianza Monte Sinaí. “Eran los albores -explica la académica-, de un movimiento migratorio de múltiples orígenes y necesidades, que lógicamente hacia necesaria una organización que los apoyara y atendiera”.

Explicando asimismo la intelectual, que los primeros esfuerzos, estuvieron dedicados de lleno a la creación de un panteón que diera servicios funerarios de acuerdo al rito ancestral judío. “Una comunidad, puede rezar en cualquier sitio. No necesariamente en una sinagoga. Por lo tanto, la primera propiedad que adquiere al establecerse es el panteón, al igual que la primera heredad que adquirió el primer judío de la historia: Abraham, quien fue a la cueva de Majpelá para enterrar a su esposa Sara (Paloma Cung Suiking en Tierra para Echar Raíces).

“Siendo así como en 1914, se inauguró el panteón Monte Sinaí en el que se enterró a todos los judíos que murieron en tierra mexicana. Creándose con el tiempo diversas comunidades de acuerdo al origen de su procedencia, y cada sector fundó su propio cementerio, por lo que existen varios panteones judíos en la República”, observó la doctora Unikel, agregando que con el tiempo se crearon diversas comunidades de acuerdo al origen de su procedencia, y cada sector fundó su propio cementerio, por lo que existen varios en la República. “Y es que los cementerios son espacios de aprendizajes múltiples: En ellos hay expresiones de arquitectura, simbología, filosofía, ideología, creencias, idiomas, lenguajes, historia comunitaria y legados humanos. “En estas fechas en que México recuerda a sus muertos, la Sinagoga Histórica, comparte un aspecto de la riqueza cultural y presencia histórica. Aspecto de la riqueza cultural y presencia comunitaria judía en la ciudad, gracias al ojo sensible y el ARTE con mayúsculas, de Claudia Nierman, quien siempre suele ver, lo que muchos no ven”, aseveró la especialista Mónica Unikel.

EL RITO JUDÁICO

Las siempre autorizadas voces de Rabinos, sociólogos y estudiosos de las estructuras tradicionales, al entretejer preguntas y respuestas por parte de visitantes interesados, ayudaron a elaborar para Arte y Academia, una amplia y clara exposición de todo lo que ocurre cuando un miembro de la cultura judía fallece. Costumbres, que al comprenderlas con todo el respeto, el interés y la importancia que merece, “nos transforma en personas más completas y enriquecidas. Puesto que al conocer e identificarnos con la Diversidad, sumamos no solo puntuaciones muy altas a nuestra efectividad humanística y libertaria, sino incluso, a toda esa potencialidad unida, tanto de las naciones, como de toda la esencia de hermandad compenetrada dentro de la historicidad de nuestro Planeta”, indicaron los especialistas.

Luego entonces, lo entendimos así, el judaísmo es la religión monoteísta más antigua, y la única que se considera, no solo como tal, sino incluso como una tradición y una cultura. En el judaísmo la muerte se concibe como la separación del alma y el cuerpo, como el fin natural de la vida y el paso de este mundo al mundo futuro. Aún cuando tratándose de rituales, la creencia en otra vida, más allá de esta estancia terrenal, daba lugar al cumplimiento de diversos ritos y ceremonias por parte de los familiares del difunto. Antes de que se produjera el fallecimiento del ser querido, el moribundo era confortado por el rabí, quien le dirigía en la realización de los actos de constricción y en la recitación de oraciones como el Shemah Yisra´el. Así que una vez producido el final, se cerraban enseguida los ojos del cadáver, con el fin de evitar que continuara unido al mundo terrenal y tener dificultades para discernir el más allá.

LA TORÁH

Se explicó por ejemplo que en la Toráh es diferente. En Ella se ordena que los muertos sean sepultados de inmediato y que nadie se contamine con ellos, por eso está prohibido hacer autopsias en su religión. El cadáver del difunto debía ser cuidadosamente lavado (rehisah), ya que la muerte era considerada por los judíos como causa de un alto grado de impureza, y que todo lo que entraba en contacto con el cadáver se volvía impuro. Asimismo se procedía a afeitar el pelo y el vello y a cortar las uñas del difunto. Mientras se aseaba el cadáver, se preparaba la mortaja. En el amortajamiento del cadáver están totalmente prohibidos los adornos de oro y plata. Según la costumbre de los judíos, a medio camino entre la práctica religiosa y la superstición, cuando una persona fallecía debían ser vaciados todos los depósitos de agua que había en la casa. El origen de esta costumbre se encuentra en la creencia de que el “Ángel de la Muerte”, después de llevar a efecto su letal acción, limpiaba su espada mortífera en las aguas que encuentra a su alcance. Otra costumbre también muy extendida entre los judíos consistía en colocar en la boca, debajo de la lengua, o en la mano del difunto una moneda o pieza pequeña de oro o plata. Ya en el cementerio el cadáver era enterrado con o sin ataúd, dependiendo de las comunidades. La posición que adoptaba el cadáver sobre la fosa era horizontal orientada hacia el Oeste, la cabeza y los pies hacia el Este, de manera que al resucitar el Día del Juicio Final, lo primero que haría sería dirigir su vista hacia Jerusalén. Entre los judíos está prohibida la cremación de los cuerpos por considerar esta práctica contraria a la creencia de la resurrección de la carne.

MÁS SOBRE LOS RITUALES

Concluida la ceremonia del enterramiento, se iniciaba el luto de los familiares más cercanos al difunto. Este luto oficial solía durar un año. Etapa durante la cual, el familiar más cercano debía recitar el quaddish todos los días por el eterno descanso del alma del ser querido. Al cumplirse el año, se colocaba una losa de piedra sobre la tumba del difunto en la que se grababan algunos versículos bíblicos. En cuanto a la vida después de la muerte, no es un tema muy difundido y explicado por una sencilla razón: “Dios te dio vida y un objetivo (mitzvot), por lo cual dedícate a vivir y hacer todo lo posible mientras estés vivo”.

NO ATEMORIZAR

Se explicó que el Judaísmo, no se centra en atemorizar a la gente con inventos como el infierno o cosas así. Por el contrario, incentiva a cumplir preceptos por el simple hecho de que es una obligación, sin castigos de por medio. Para el judaísmo no existe algo como el infierno ni mucho menos. Hay un “lugar” (Yorzeit), que puede asociarse a algo parecido al infierno para los cristianos por el que pasan determinadas almas que se comportaron de una manera “no correcta”. Este “infierno” es un lugar que sirve para purificarte, en cual se permanece una cantidad de tiempo finita para corregirse de las acciones negativas que pudo haber hecho, pero nada tiene que ver con un diablo que te tortura eternamente.

Cuando el cuerpo muere, si por alguna razón es sometido a un juicio y en base a sus acciones puede pasar por este “infierno” o bien puede ir al gran edén (paraíso). Lo importante es hacer las cosas bien en vida. El Shemah Yisra´el, son las primeras palabras y el nombre de una de las principales plegarias que manifiesta su credo en un solo Dios. Los creyentes la recitan tanto en la madrugada como al atardecer. El Talmud es una obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias. El quaddish es uno de los rezos principales, cuyo texto está escrito casi por completo en arameo. El quaddish es un panegírico a Dios, al que se le pide acelere la redención y la venida del Mesías. Plegaria que se reza solo en público,

CLAUDIA Y SU EXPO

La muestra fotográfica de Claudia Nierman, está resultando sorprendente no solo para la comunidad, sino incluso para turistas y público mexicano. Ya que la artista explica las causas con la franqueza que tanto la caracteriza: “Mira Ana María: El reto que me impuse fue, para empezar, resolver sin equívocos, dónde se encontraban cada uno de los panteones judíos, repartidos en cada Estado de la República. Una vez ahí, conocer aquellas fosas cuya antigüedad se remontaban a 1914. Etapa en la que empezaron a llegar las primeras corrientes migratorias a nuestro país, haciéndose necesario, desde luego, la construcción de panteones… De esta manera, me resultó hermoso, visitar no solo los predios, sino incluso antiguas y hasta abandonadas tumbas, a diferencia de otras que hasta son visitadas por nietos o bisnietos, que suelen llorar frente a fotografías o epitafios labrados en piedra. ¿Y qué más podría hacer yo? ¡Lo que hice! Dedicarme tres años a investigar y viajar por nuestro territorio, para recolectar con cámaras y apuntes, decenas de imágenes que han integrado lo que ya encontré: La unidad de un todo literario, pero también histórico, cultural, sociológico, filosófico y mucho más. Lo importante es que ya está aquí y que ya está funcionando”, aseveró Claudia con su bella sonrisa.

Un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.com