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Arte y Academia

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

El oficio primordial de la Filosofía consiste en ordenar y analizar las ideas y razonamientos conduciéndolos hacia una profunda disciplina e imparable búsqueda de la verdad, explica a El Sol de México el doctor Ramón Xirau, filósofo, poeta, escritor, crítico literario y uno de los decanos más distinguidos de la UNAM, cuyo historial abarca premiaciones provenientes de reinados, gobiernos, universidades, colegios y academias de todo el mundo, y de quien tuvimos el privilegio de escuchar valiosas opiniones acerca de una materia tan infinita y especializada como es la suya, e iniciada formalmente de acuerdo a sus señalamientos, en etapas grecorromanas, cristianas medievales y renacentistas modernas. De esta manera , el interesante encuentro se celebró dentro de la casa estudio del académico, ubicada en San Ángel, CdMx.

  • Ana María Longí

Y cuando vemos al querido maestro Ramón Xirau Subías, nacido el 20 de enero de 1924, miembro del Colegio Nacional de México y de la Academia Mexicana de la Lengua, sentado en cómodo sofá dentro de su agradable hogar “sanangelino”; comprendemos, luego de enterarnos de su tan hermosa y apasionante vida, el por qué nos recibe con su tan característica tranquilidad y alegría. Y por qué responde a nuestro interés por tratar de abordar el tema de: ¿Cómo empezó a gestarse la auténtica humanización en nuestro planeta, y qué tipo de señales empezaron a gestarse dentro de las civilizaciones?

Así, Ramón Xirau, empieza por comentar las aventuras del Siglo XV a.C., hasta el III de nuestra era. Empezando por un laberinto, un escudo y una ley. “Mira, Ana María, todo fue más o menos así: Situado en el centro de Creta, el Palacio de Cnosos, cuya construcción legendaria se atribuye a Minos. Y es tan complejo en su estructura que los arqueólogos modernos se pierden todavía por sus subterráneos, sus vericuetos, sus corredores, sus habitaciones muchas veces sin comunicación aparente. Por eso cuando los griegos llegaron a Creta, el Palacio de Minos los llenó de admiración y para explicarse el misterio, inventaron la leyenda que ha pasado a la historia por  su belleza y su verdad.

¿Qué dice la leyenda?, preguntamos al hijo único de Joaquín Xirau Palau y Pilar Subías, cuya lengua materna es el catalán, y cuyos primeros estudios los cursó en un colegio Montessori en Barcelona, donde la misma María Montessori visitaba ocasionalmente. El filósofo, agregamos, que nos dice que “el mundo que conoció de niño, de bellos colores, de números precisos, exactos, y de geometrías perfectas”, fue un terrible contraste con la Guerra Civil Española que después le
tocaría vivir.

“Mira, Ana María. La leyenda dice, que el futuro rey Minos disputa el trono a sus hermanos. Pide un signo del cielo que le indique su derecho al reino. No tarda en llegar el signo de los dioses bajo la forma de un toro blanco. Pasífae, enamorada del toro sagrado, da a luz a un ser mitad toro, mitad hombre, que los griegos llamaron Minotauro. Minos hace construir su palacio, o según los griegos su laberinto, para encerrar al monstruo recién nacido. Como el origen del Minotauro es divino habrá que sacrificarle todos los años siete muchachos y siete doncellas de Atenas. Teseo, ateniense, decide librar a su ciudad del tributo sangriento. Penetra en el laberinto y, gracias al hilo de Ariadna, princesa cretense enamorada de Teseo, puede volver a salir del laberinto después de haber matado al Minotauro.

LOS PRIMEROS MOVIMIENTOS RACIONALES Y HUMANÍSTICOS

“Ahora bien, la leyenda significa, principalmente, que los griegos quieren establecer un orden racional, un forma de vida que ya no dependa de los monstruos y de los sacrificios primitivos. Significa también, y en ello está una clara muestra de su espíritu ordenador y preciso, que, ante un fenómeno inexplicable, tratan de dar una explicación congruente capaz de ser entendida por todos los hombres. De la misma manera que los griegos pusieron orden en el laberinto, pusieron orden también en las creencias religiosas de los pueblos que encontraban a su paso. El dios Zeus, por ejemplo, es, desde una época primitiva, una mezcla de dos divinidades. Por un lado, el dios de los conquistadores helenos que gobierna a la luz y al cielo; por otra, es un dios mediterráneo, hijo de los titanes y de las potencias terrestres. Este mismo dios de doble origen, se presenta sin embargo, en Homero, como el supremo de todos los dioses, y, en la “Odisea”, como un consejero sabio de los dioses y de los hombres. A la multiplicidad de los dioses locales, los griegos de la época de Homero, los griegos del siglo VIII, han sustituido una serie de divinidades que se parecen, idealizadas, a la propia aristocracia homérica gobernada por un rey. Serena como los dioses que la habitan, ha de ser su morada en el
Monte Olimpo.

“Ahora bien, si con Platón y Aristóteles se inicia la filosofía propiamente dicha, no es menos verdad que sus obras representan la culminación de toda la serie de acarreos, invenciones y pensamientos de los pensadores que los precedieron. En realidad, las obras de Platón y de Aristóteles, como la de Santo Tomás en la Edad Media, o las de Kant y Hegel ya a orillas del siglo XIX, se presentan como “summas”. Síntesis y suma de todo el pensamiento anterior, las filosofías platónicas y aristotélicas aparecen en una época de crisis. Ante un mundo que está en proceso de cambio y de alteración, los filósofos tratan de evitar una crisis que parece inevitable. Lo que es de veras inevitable, es darnos cuenta de que en estas grandes síntesis que escriben los hombres cuando ya está próxima la decadencia de las naciones y de los pueblos, reside casi siempre la búsqueda afanosa de la verdad y el encuentro con la sabiduría.
¿CÓMO ANALIZA XIRAU EL SIGLO XX?

Y cuando el anterior cuestionamiento es definido por el filósofo, su mirada adquiere una profundidad no expuesta por el pensador con anterioridad. Así, definió: “Ana María. El siglo XX fue, en efecto, una época de peligros. Baste recordar los hechos más negativos de nuestro tiempo para que la crisis se presente como una de las más álgidas. Es decir, es la más
álgida, desde que la historia se hizo historia en Oriente y Occidente a partir del siglo VIII antes de C. Fue primero la Guerra Mundial de 1939; fue el nacimiento de los Estados totalitarios que, con una violencia insospechada en la Alemania Nazi, nos mostró que el hombre contemporáneo puede
ser mucho más primitivo que los salvajes más primitivos; fue la bomba atómica y sigue siendo la bomba atómica, que amenaza con la destrucción no solo de una cultura, no solo de un sistema de creencias y de ideas, sino de la humanidad misma. Estos hechos escuetos muestran cómo el peligro ha empezado a hacernos mucho más cautos y en conjunto más reflexivos. Sabemos que dirían Camus y Orwell, que somos mucho menos justos de lo que pensaron ser nuestros abuelos; sabemos que somos mucho más primitivos de lo que pensó el optimismo ciego de los positivistas del siglo antepasado; sabemos que la ciencia y la técnica -fenómenos brillantes y espectaculares del XX y del XXI-, no son un fin en sí y que las máquinas que el hombre descubre son neutras, ni buenas ni malas. Su bondad o su maldad, dependen de la razón o la sin razón con que el hombre las utilice.

“Es un hecho indudable que las tecnocracias se han desarrollado en nuestros días como no llegaron a hacerlo en los tiempos pasados. Y la tecnocracia es esencialmente el tipo de Gobierno que cree en la eficacia moral y, sobre todo política de un cientificismo que se ha adueñado del poder. Al hacer de la técnica un fin, la tecnocracia elimina al individuo, a la persona humana y reniega de los valores primordialmente humanos, personales, vivos y vigentes. Uno de los peligros más claros de nuestro tiempo está precisamente en esta infiltración de la técnica en la política y en la utilización de las nuevas -físicas, psicológicas, sociales-, con fines de grupo, de partido, de Estado o de nación.

¿EXISTE LA PROTESTA CULTURAL?

El filósofo responde con fluidez: “No es de extrañar que en los campos más sensibles de la cultura -arte, poesía, filosofía- de los siglos XX y XXI, se manifiesten ante todo como siglos de protesta. La protesta ha sido necesaria para mantener la libertad creadora de la persona. Pero no hay que creer que la protesta existe solamente entre poetas, artistas, escritores y filósofos. Existe también entre los hombres de ciencia. Don precioso el que han recibido nuestras actualizaciones. Lo malo no es la ciencia, lo malo no es la técnica, sino la aplicación deformada de éstas con fines destructivos. La utilización de las nuevas ciencias y de las nuevas técnicas habrá de depender de la razón, es decir, de la libertad de todos los hombres. Y es precisamente esta razón la que deben buscar los hombres de nuestros días. A encontrarla deberán contribuir artistas, poetas, pensadores, hombres de ciencia, teólogos, moralistas. A encontrarla debemos contribuir todos. Porque en este renglón han contribuido ya algunas veces los filósofos. Solo si todos tratamos de volver a una mayor racionalidad, a una más honda madurez, nuestra época será no una muestra -acaso íntima- de crisis de decadencia, sino una verdadera época de
renacimientos.

“Hasta ahora -prosiguió nuestro entrevistado-, hemos visto las líneas generales de desarrollo de nuestro siglo en un solo bloque. Es evidente que esta mirada rotunda a lo que va del siglo lleva a una simplificación excesiva. De hecho, la crisis de nuestro siglo XX se agudizó a medida que transcurrían los años y a medida que las formas de destrucción se hacían más violentas y más insensatas. Por otra parte la última post-guerra ha visto nacer nuevos problemas y nuevos fenómenos sociales: la extensión del comunismo en el mundo, la independencia de nuevas naciones, el despertar de lo que llaman los franceses el “tercer mundo”. En muchos sentidos la crisis se ha agudizado. Pero de hecho estaba planteado ya desde principios del siglo pasado. De ahí que, a pesar de las diferencias entre un filósofo de la primera pre-guerra y un filósofo de la última post-guerra, existan entre ellos elementos de comunidad. Estos elementos comunes van dirigidos a un esfuerzo por precisar las relaciones concretas entre los hombres y, en los casos más venturosos, a un esfuerzo por precisar las relaciones entre los hombres, el mundo y Dios. “En conjunto, y salvados algunos movimientos que prosiguen el cientificismo del siglo pasado sobre bases más o menos nuevas, la filosofía contemporánea va hacia lo concreto” (Jean Wahl). Las soluciones que dan los filósofos no son, sin embargo, unitarias.

WILLIAM JAMES Y EL EMPIRISMO RADICAL

“Las palabras ‘empirismo radical’, observa finalmente el doctor Xirau, con las cuales James bautiza a su propia filosofía, indican tanto un concepto del hombre como uno del mundo. Porque James, a diferencia de Pierce, se preocupa mucho menos por problemas lógicos que por los del tipo humano, sobre todo de índole moral y de índole religiosa. El empirismo radical entonces, es la filosofía que considera que todas las experiencias humanas y no solo las sensibles, son dignas de este nombre. Y esto James lo define así: “La filosofía, es un algo tan importante, natural en todos nosotros , que por eso es merecedora de aceptarla con la debida consideración, estudio, respeto y aplicación”.

Un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.comWW