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Arte y academia

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

En la primera función de “El Lago de los Cisnes”, celebrada el domingo 5 de marzo, a las 17 horas, en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, una ama de casa arrasó con su respuesta, clausurando -sin dar la menor tregua-, cualquiera otra posibilidad de opinión: “Mire reportera, -nos advirtió-, la mejor danza del planeta tierra, es ésta: ´El Lago de los Cisnes´. No existe otra. Y más todavía, si la Compañía Nacional de Danza la interpreta, porque es la mejor del mundo. Lo que me ‘chocaba’ antes, era verla dentro del escenario del lago de Chapultepec. ¡Qué ‘choro’… Teníamos que aguantarnos el frío y a veces hasta las lluvias de temporada!…

“En cambio aquí en este escenario vive uno el gran amor de Odette y el príncipe Sigfrido, de la manera más romántica, cómoda y hermosa, aún cuando ‘sale carito’ venir con toda la familia, porque tiene uno que escoger entre ‘hacer la despensa o llegarle a la danza’, pero bueno, ese es mi muy particular punto de vista, ¿eh? La verdad estoy encantada y mis hijos y nietos también… así que no se diga más, la mejor danza del mundo es ésta: ‘El Lago de los cisnes’”.

 

Cuando un reportero se lanza a tomar datos en un evento noticioso; hablar con el público resulta la mayoría de las veces, no solo muy relajante, sino incluso aleccionante. Para empezar, las personas que asisten -como sucedió en esta oportunidad-, al Palacio de Bellas Artes, mostraron en todo momento, una fascinación indescriptible. Y la razón era evidente:

El Palacio de Bellas, desde hace una semana, aproximadamente, ha estado recibiendo a la corte del príncipe Sigfrido, así como a los cisnes que aparecen de día y a las princesas que solo hacen su aparición a la luz de la luna. Magia inolvidable que se hace realidad con la historia del ballet El Lago de los Cisnes, dentro de una nueva producción de la Compañía Nacional de Danza, con la música de Piotr Ilich Chaikovski y la versión coreográfica del muy creativo director de la misma, Mario Galizzi, sobre la original de Marius Petipa y Lev Ivanov.

De esta manera, el ama de casa que se gastó “lo de su despensa” en tan bello espectáculo, no hizo más que exponer su punto de vista: Se encontraba “ante la mejor danza del planeta tierra”, aseguró. Y es que razones no faltan con lo que salta a la vista. Porque el público, compuesto por personas de todas las edades -desde niños hasta gente de la tercera edad-, no paran de aplaudir y ovacionar todos los cuadros presentados y de disfrutar las nuevas danzas incorporadas. La escenografía imprime magia plena al espacio del Palacio de Bellas Artes, cuando se trata de las escenas de la corte con el príncipe Sigfrido y su madre, quien, con motivo de su cumpleaños le obsequia un arco.
SIGFRIDO CONTINÚA ELIGIENDO ESPOSA

Así, el cambio de luces permite a todos los espectadores desplazarse para disfrutar lo que Sigfrido se propone: elegir esposa, justamente en el bosque donde se encuentra el lago. Así qué, para usar su regalo y olvidar sus compromisos reales, Sigfrido acude al lago a medianoche en compañía de sus amigos, y allí, en medio de la neblina, descubre lo que parece ser un cisne, pero que en realidad se trata de la princesa Odette, quien ha sido hechizada junto con su corte por el mago Rothbart y convertida en reina de los cisnes durante el día. Imagen que solo puede recuperar en forma humana al anochecer, instante en que existe la posibilidad de romper el hechizo si alguien se casa con ella.

Y bueno, magnífico, porque Sigfrido queda prendado de Odette. Situación que da pie al lucimiento de los bailarines, quienes ejecutan diversos pasos y movimientos que arrancan los aplausos de los asistentes. La felicidad entonces, se ve interrumpida por la aparición de Rothbart, quien aleja a Sigfrido y se lleva a Odette.
EL PRÍNCIPE SOLO AMA A ODETTE

De esta manera la tristeza de Sigfrido está resultando irremediable; porque en los dos primeros actos de la obra, corresponden a la fiesta y al encuentro entre Sigfrido y Odette; pero en el tercero y el cuarto, se desencadena un desfile de bellísimas jóvenes aspirantes todas a convertirse en la esposa del príncipe, y quienes, con atractivos atuendos y bailes, tratan de llamar su atención.
LA MADRE DE SIGFRIDO TRATA DE AYUDAR

Regiamente ataviada, la madre del príncipe resalta las cualidades de cada una de ellas, pero Sigfrido, triste y desanimado las mira con indiferencia. Él solo ama a Odette. Así que al final todas se retiran y, mientras la fiesta continúa y se presentan varias danzas de carácter, aparece y desaparece entre ellas una bella joven a quien Sigfrido confunde con su amada Odette. Pero el peligro merodea muy de cerca. Se trata de Odile, la hija del mago, quien, con su vestido negro y seductores movimientos, atrae al príncipe para bailar a su lado. Sigfrido acepta desposarla y, entonces, aparece Rothbart para mostrarle cómo su traición ha provocado la muerte de Odette. Desesperado, Sigfrido corre al lago para buscar y tomar entre sus brazos a su adorada y permanecer junto a ella. Y al hacerlo, la maldad a pesar de sus envestidas no logra separarlos. De esta manera, tras los cuatro actos originales del clásico ballet, el público ovaciona de pie el esfuerzo y talento de los bailarines y de la nueva producción en general de la Compañía Nacional de Danza. Las últimas tres funciones de la primera temporada de 2017 de “El Lago de los Cisnes” se efectuaron ayer, para concluir el jueves 9 a las 20:00; coronándose el espectáculo con la última presentación del próximo sábado 11 a las 19:00 horas.
ELENCO DE PRIMERA

Para las representaciones de danza y protagonismo, comparecieron para el personaje del príncipe Sigfrido los bailarines Sebastián Vinet, Argenis Montalvo Erick Rodríguez y Gerardo Wyss; para Odette, reina de los cisnes asistieron Mayuko Nihei, Blanca Ríos, Yalli Sousa; para Von Rothbart, el hechicero estuvieron Roberto Rodríguez, Alexander Mitiaev y Sebastián Vinet; para “El Bufón”: Julio Morel, Rodrigo Ortega y Alejandro Mendoza; para la Reina madre asistió Tihui Gutiérrez; para Wolfgang, el tutor estuvo Gabriel Rizo; para Pas de trois asistieron Greta Elizondo, Michele Cutri, Ana Elisa Mena, Isabel García, Elisa Ramos, Mahaimiti Acosta, Iratxe Beorlegui y Yoalli Sousa.

En el papel de damas: R. Cadena, F. Cervantes, D. Cruz, L. Delgado, S. Fierro, L. García, M. García, X. González, S. Güemes, S. Jiménez, N. Lemus, E. Luna, I. Marcano, N. Quiroz, C. Rodríguez, A. Salazar y Y. Yáñez. En las interpretaciones de caballeros: J. Capellán, M. Carrada, L. Ledesma, G. Martínez, J. Peña, A. Cuéllar, M. Díaz, J. Gutiérrez, J. Larrazolo, L. Martínez, E. Rosales, E. Santamaría y F. Serrano. Los nobles de la corte fueron: A. Borbón, D. Cruz, X. González, E. Luna, V. Mariaud, V. Méndez, J. Pérez, Q. Becerra, M. Díaz, F. Martínez, L. Martínez, E. Rosales, y Y. Tobón. Damas de honor de la reina: L. Delgado, N. Lemus, S. Martínez, I. Murcio; Tres cisnes grandes: Lara Delgado, Greta Elizondo, Isabel García, Alicia Hauffray, Nayely Quiroz, Bárbara Treviño, y finalmente Pas de quatre, pequeños cisnes: Iraxe Beorlegui, Mónica Barragán, Mahaimiti Acosta y Elisa Ramos.
MARIO GALIZZI, DE LARGA EXPERIENCIA

Mientras que el actual director argentino de la Compañía Nacional de Danza, es un personaje de la cultura internacional con una larga y exitosa experiencia, empezando porque ha ocupado los cargos de director artístico del Ballet del Teatro Colón; coreógrafo residente del Ballet del Mercosur, asesor artístico para la dirección del Ballet del Teatro Colón, asesor coreográfico del Ballet Nacional del Sodre (Uruguay), regente de la carrera de Danza del ISA Teatro Colón, director artístico y coreógrafo del Ballet del Teatro Argentino de la Plata, director de ensayos del San Paulo Compañía de Danza (Brasil). Actualmente es director de la Compañía Nacional de Danza.

Formado en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón de Buenos Aires; Mario Galizzi, tuvo entre sus maestros a Teresa Baltzer, Wasil Tupin, Amalia Lozano, Ekaterina de Galanta. Integró compañías de ballet, como Teatro Argentino de la Plata, Contemporáneo del Teatro San Martín y Teatro Colón (Argentina), y Deutche Oper am Rhein y fue primer solista de las óperas de Hanóver y Francfort. Interpretó entre otros a Albrecht (“Giselle”), Franz (“Coppélia”), Don José (“Carmen”), “El Pájaro Azul” (“La bella durmiente”), y las creaciones contemporáneas: “Orfeo”, de John Neumeier; “Magnificat”, “Adagietto” y “Eterno Presente”, entre otras obras de Óscar Araiz y los ballets de Balanchine Serenade y Los 4 Temperamentos (Melancólico y Sanguíneo). Así que habiendo disfrutado plenamente uno de los espectáculos de ballet clásico más reclamados por todos los públicos del mundo, nos despedimos felices con
Un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.com