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Arte y academia

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

El Instituto Nacional de Bellas Artes, la sociedad cultural y el pueblo de México, lamentan el fallecimiento del gran muralista mexicano, Arturo García Bustos, ocurrido el viernes 7 de abril 2017, a las 8 de la mañana, a los 90 años de edad, en su hogar, “La casa roja” de Coyoacán. En su cuenta de “Twitter”, la directora general del INBA, Lidia Camacho, expresó: “Lamento la muerte del maestro Arturo García Bustos, artista de siempre, comprometido con las mejores causas y autor de una obra imperecedera”. En tanto, Abel de Santiago asentó en uno de sus libros: García Bustos cristalizó lo que podría ser una misión imposible: legarnos a pinceladas una de las crónicas pictóricas más importantes de las estructuras sociológicas, humanísticas, artísticas, étnicas, políticas y clasistas del México Prehispánico y de todas sus continuidades: Mestizaje, Conquista, Colonia, Criollismo y demás perfiles”.

 

Dentro de la funeraria Gayosso de Félix Cuevas, los familiares del amado Maestro Arturo García Bustos, entre ellos, su esposa, la igualmente importante pintora de caballete y muralista, Rina Lazo y su hija, la arquitecta Rina García Lazo, recibieron las condolencias de una larga lista de funcionarios de Cultura, familiares, amigos y admiradores del artista, cuya obra, consignaron, engrandece y enriquece ya, los más importantes legados culturales de nuestro país.

Y cuando se recuerda la dulce sonrisa, la agradable faz, del maestro García Bustos, se evoca también que la vocación artística de don Arturo, nacido en 1926, comenzó a desarrollarse en la Academia de San Carlos y se fortaleció en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, con profesores como José Chávez Morado, Alfredo Zalce, Agustín Lazo, María Izquierdo y Frida Kahlo.

Junto con Guillermo Monroy, Fanny Rabel y Arturo Estrada, García Bustos se convirtió en uno de los alumnos más cercanos de Frida Kahlo. Este grupo, conocido como “Los Fridos”, realizó obras para los muros de una pulquería, los lavaderos públicos de Coyoacán y la Casa de la Madre Soltera, entre otros espacios. Y a muy corta edad ingresó también al Taller de Gráfica Popular, donde participó en actividades artísticas al lado de Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins, Ignacio Aguirre y otros maestros grabadores. En palabras del creador mexicano, fue fundamental para su crecimiento artístico y su adherencia a las ideas revolucionarias e izquierdistas.
IMPULSADO POR LUIS CARDOZA Y ARAGÓN

Y para explicar más de 70 años de carrera artística, su compromiso social fue impulsado también por Luis Cardoza y Aragón, quien lo invitó a Guatemala en 1952 para que elaborara carteles con contenido social. Esta experiencia le permitió, asimismo, participar en la fundación de un taller de grabado en la Escuela de Bellas Artes, que años más tarde replicó extraordinariamente en Oaxaca. Entre sus múltiples exposiciones individuales y colectivas, trasciende “Gráfica comprometida”, realizada en 1977 en la Sala Nacional del Palacio de Bellas Artes. En 2010, el Museo Nacional de la Estampa le organizó, “La imagen del México Post Revolucionario”, la cual itineró a museos de varias ciudades de Texas. En 2014, la Coordinación Nacional de Artes Visuales realizó la presentación del libro: “Arturo García Bustos, en el espacio mágico del muralismo mexicano”, y en 2016, el Museo Mural Diego Rivera celebró 90 años de vida y 70 de labor artística.
FAMILIA DE ARTISTAS

Y cuando los recuerdos empezaron a surgir en la “despedida física” al amado Maestro García Bustos, las opiniones unificaron otros aspectos: como por ejemplo, que la gran valía de una persona se abre en primer lugar, con la sencillez y la bondad, y que el maestro García Bustos reunió especialmente estas cualidades, tan practicadas durante milenios por los grandes sabios. De esta manera así se le mencionó en su despedida: “Sencillo, apacible, amable y bondadoso”. Y de esta manera, relataron que en su vida pictórica, se inició curiosamente en el propio círculo familiar. En el cual don Arturo empezó a ser compensado desde muy pequeño, por la pérdida materna: “Mi gusto por la pintura, mi afición, mi vocación por el arte, surgió en el ambiente familiar, el medio que me rodeaba y de pilón, la época tan interesante que me tocó vivir de niño. Mi madre murió cuando apenas tenía yo dos años y entonces quedé a cargo de mis hermanas -la mayor de 16 años- quienes, como es natural, no podían cuidarme bien, por lo que mi padre le pidió a su hermana Teresita que las ayudara en todos los quehaceres de la casa, entre los que yo formaba parte”.

Y bueno -en la biografía realizada por el escritor Abel Santiago-, el artista aseveró: “A mi tía Teresita le gustaba la pintura. Era muy activa. Se apuraba en los quehaceres y en sus atenciones conmigo, y en las tardes se dedicaba a dibujar y a pintar. Era una pintora de afición. Provenía de un pueblo del Estado de Hidalgo, en el que nacieron mi padre y mis tíos, llamado Nopala, que está por el rumbo de Tula. Yo he dicho muchas veces que seguramente mis antepasados venían en la peregrinación proveniente de Aztlán y se detuvieron en un lugar que está cerca de ese pueblo, que se conoce como Cerro de Huemán, en donde al cacique, o al tlatoani se le llamaba Hueman, que quiere decir ‘El Hombre de las Manos Largas’. En ese lugar fue donde pasaron los peregrinos que venían de Aztlán y algunos se detuvieron y por esto, supongo, que a lo mejor nacieron mis antepasados, precisamente en el punto donde aparecen numerosas ofrendas con la figura de Tláloc, con sus anteojeras y su boca como de serpiente”.
SU VIDA IZQUIERDISTA

Don Arturo reconoció mediante entrevistas que en su casa se amasó su espíritu liberal, manteniéndose la línea decidida contra los conservadores y, produciéndose de esa manera un movimiento democrático en el México de aquellos años, en el que la masonería tenía mucha influencia en los círculos políticos. “Entonces la ciudad era pequeña, muy agradable para vivir y pasear. No había violencias ni hacinamientos como ahora. Conocí bien el centro porque mi tarea era hacer mandados, y en mis ratos libres me dedicaba a vagar y a visitar lugares interesantes, como las exposiciones. Había una galería en la calle de Venustiano Carranza, propiedad de un señor Méndez, quien anualmente convocaba a una exposición de grabado, a la cual yo asistía. En una ocasión se dio el lujo de rechazar un grabado de ¡Leopoldo Méndez! Y esto suscitó un escándalo entre el gremio de grabadores. Hubo muchas protestas, entre las que llegó a participar el maestro José Clemente Orozco, apoyando la posición de que era inconcebible que esa galería rechazara una obra de Leopoldo Méndez, por su contenido político.

“Así que soy quizá, sin saberlo, un cronista pictórico. Lo acepto. Pero de mi México, amo casi todo -no todo porque el México oscuro y no solo el luminoso, existe…-, pero sí, todo aquello que nos dio, y continúa dándonos, un formato y una identidad cultural sana, positiva e impresionante. Y claro que mi crónica continúa activa, amorosa y vigilante. ¿Y cómo evadirnos ante tanta belleza? Basta con darme una vuelta por la provincia y contemplar la vida que se me abre a cada momento, en plantas, flores, pájaros, amaneceres, aguas dulces y saladas, vestimentas, postres, gastronomía, hermosísimos rostros indígenas, bebidas frescas, pueblitos, arquitecturas maravillosas de todas las etapas, artesanías interminables, industrias, dialectos, sonrisas, música, canciones, poesía, frutos, alegría, héroes nacionales verdaderos, la radio y la cinematografía, desde sus primeros formatos, sus perros aztecas, sus pintores, sus muralistas…” externó en aquella ocasión el artista, esmerándose en hacerme comprender que la belleza mexicana no solo es infinita sino incluso inalcanzable.
SENSIBLE DESPEDIDA AL ARTISTA

Después de conversaciones con su familia, se acordó hacer una serie de jornadas de reflexión con el Salón de la Plástica Mexicana y el Museo Mural Diego Rivera. También se editará un libro sobre su obra gráfica. Su viuda, la también famosa artista plástica, Rina Lazo, aseveró: “Se nos fue un gran pintor que tenía muchos proyectos. Había cumplido 90 años y le había dedicado un homenaje magnífico en el Museo Mural Diego Rivera. Tenía proyectos en Yucatán y en la Ciudad de México de pintura mural, que era su pasión, y estaba buscando ayudantes.

“Aunque ya había tenido un infarto -prosiguió la pintora- lo había superado y estaba trabajando en un mural en nuestra casa de Coyoacán, pero se suspendió porque había humedad. El cardiólogo recientemente le descubrió una arteria tapada en la pierna. Estuvo en el hospital por tres o cuatro días y acababa de salir bastante bien. Ya teníamos en la casa otros tres días y se sentía bien, aunque estaba débil. Se nos fue el último de los muralistas”, recalcó la maestra Rina Lazo. En tanto, el muy reconocido artista plástico, Vlady, comentó: “Llegué a México en 1972, y de las primeras personas que conocí fueron a Arturo y Rina. Somos representantes de dos etapas distintas. Él me pasó la batuta de una generación a otra. Arturo fue muy fiel a la tradición de una estampa basada en la conciencia social”. El pintor Arturo Estrada recordó que “hicimos varias exposiciones. Colocábamos todas nuestras obras en caballete. La primera fue en Coyoacán, después en San Ángel y luego en Mixcoac. La última fue en Chapultepec. Nuestro grupo -llamados “Los Fridos” por ser los discípulos de Frida Kahlo-, hizo arte público teniendo como motivo lo que pasaba en la sociedad, siguiendo la tónica de nuestros grandes maestros: La trilogía Siqueiros, Orozco y Rivera, y, claro está, Frida Kahlo, que nos indujo a hacer pintura mural”. Mientras que a esta reportera, entristecida, se alejó reflexionando: ¡Descanse en Paz, el último gran muralista, con 70 años de ininterrumpidos legados culturales y artísticas al pueblo de México y al mundo: Don Arturo García Bustos!.

Un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.com