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Arte y academia

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

El genio de Salzburgo, Wolfgang Amadeus Mozart, está cumpliendo 261 años de haber honrado nuestro planeta, el 27 de enero de 1756, dedicándose a crear su prodigiosa obra musical en menos de 35 años de existencia, ya que el 5 de diciembre de 1791, falleció de “triquinosis”, por consumir (días antes) carne de cerdo mal cocinada. Razón por la cual la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, al rendirle un homenaje más, estrenó el viernes 12 y domingo 14 de mayo de 2017, nada menos que “La ingenua fingida” (La finta semplice), ópera bufa escrita en tres actos por Mozart antes de los 12 años, y que nos habla de las complejidades del amor. Efectuándose las funciones en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque, con la participación de las sopranos Graciela Morales y María Caballero, los tenores Edgar Villalva y Enrique Guzmán, la mezzo Frida Portillo, el barítono Jorge Ruvalcaba y el bajo-barítono Rodrigo Urrutia, en colaboración con el Estudio de Ópera de Bellas Artes y bajo las direcciones escénica y concertadora de Alberto Villarreal y José Luis Castillo.

Cuando uno trata de entender, que “La finta semplice” (La ingenua fingida), fue escrita por Worfgang Amadeus Mozart, antes de los 12 años, y que para entonces ya entendía perfectamente cómo actúan los seres humanos para lograr sus propósitos amorosos, no se extraña uno, que la historia narre también las peripecias planeadas por Fracasso y Simone para poder casarse con Jacinta y Ninetta. El plan es que el hermano de Jacinta, Casandro, se enamore de Rosina, hermana de Fracasso y consienta las bodas. Para ello, esta última tendrá que fingir ser ingenua. “Lo que me interesa concretamente en La finta semplice, es la genialidad precoz de Mozart. Ya que cuando la escribió estaba en la adolescencia y resulta asombroso que un chico de entonces 12 años haya logrado una obra de esas dimensiones musicales. Es un asombro que responde plenamente a nuestro concepto de valoración y genialidad que recorre toda su obra”, señaló el director escénico Alberto Villarreal, agregando:

“Se trata de una obra intemporal. Porque si bien está escrita para un contexto del siglo XVIII, la puesta en México, plantea los acontecimientos en un restaurante de comida rápida y que pertenecen a cadenas globales con presencia en todo el mundo. Así, podemos observar en la vida privada de sus empleados las tramas amorosas que la ópera propone. Porque la ingenua fingida, es una propuesta cómica y de enredo que requiere un entorno lúdico, pero también susceptible a mostrar metáforas sobre nuestra propia postura actual ante el amor, la moral y el engaño, quien señaló, quien también buscó, “La fidelidad al origen de una ópera, que como en ésta, resulta un divertimento lúcido”, pero que a la vez, en su papel de director, abre para él la oportunidad de “crear metáforas sobre nuestra actualidad, para buscarnos a nosotros mismos entre esta música”.
¿EL AMOR SE VIVE COMO EN TIEMPOS DE MOZART?

Puesto que con ella, agregó, “nos enfrentamos a la pregunta fundamental: ¿aún vivimos el amor, la seducción o el engaño en los mismos términos que en los tiempos de Mozart y Goldoni? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué hemos perdido o ganado? ¿Cómo el mundo mercantil ha cambiado nuestra vida interior? Analicemos. De acuerdo con sus biógrafos, Johannes Chrysostomus Wolfgang Amadeus Mozart, compositor austriaco, nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo. Fue el séptimo hijo de Leopold Mozart y Anna María Pertl, aunque de sus seis hermanos solo sobrevivió una niña, María Anna, a la que llamaban Nannern. Su progenitor describió su nacimiento como un “milagro de Dios”, porque parecía demasiado pequeño y débil para sobrevivir. Estudió con su padre, conocido violinista y compositor que trabajaba en la orquesta de la corte del arzobispo de Salzburgo. Con sólo tres años ya interpretaba piezas en el piano. A los cinco, compuso sus primeras obras y hacía gala de una extraordinaria capacidad para la improvisación y la lectura de partituras.

MOZART Y NANNERN

Así, en 1762, Leopoldo llevó a sus dos hijos: Wolfgang y Nannern, a tocar junto a él ante el emperador en Viena. El 9 de junio de 1763, iniciaron una gira que duró tres años y medio en la que visitaron las cortes de La Haya, Zúrich, Donaueschingen y Múnich, cosechando grandes éxitos. Durante el viaje Mozart conoció a músicos y obras de otros compositores como Johann Christian Bach, a quien Mozart visitó en Londres en 1764 y 1765. La música de Mozart se publicó cuando tenía solamente siete años, entonces ya era conocido como un experto violinista. Más tarde tocó en París, Bruselas y Londres, donde ya se le consideraba un genio.

Su primera ópera, la Finta Semplice la escribió con solo doce años. En 1769, fue designado director de concierto del príncipe de Salzburgo. Entre 1769 y 1773, hizo tres viajes a Italia. Con trece años, durante un viaje a Nápoles con su padre visitó Roma y allí escuchó el Miserere de Allegri en la Capilla Sixtina. Esta obra solo podía ser ejecutada allí y estaba prohibido copiarla o reproducirla bajo pena de excomunión. Mozart fue capaz de transcribirla de memoria, en una sola audición, escribiéndola al llegar a sus alojamientos. Más tarde se trasladó a Viena, Múnich y París en busca de un nuevo trabajo, aunque resultó en vano.

BODA SECRETA CON CONSTANZE

El 4 de agosto de 1782, contrajo matrimonio con Constanze Weber sin el consentimiento paterno. Tuvieron seis hijos de los cuales solo dos sobrevivieron, Karl Thomas y Franz Xaver Wolfgang nacido el 26 de julio de 1791. Conoció la obra de Geog Friedrich Häendel y Johann Sebastian Bach, gracias al barón Gottfried Van Swieten, que tenía en su poder una biblioteca con gran cantidad de obras de compositores barrocos. Por aquel entonces, se ganaba la vida como profesor y su mujer, como cantante. Mozart, por cierto, no soportaba el sonido de la flauta. Los conciertos que escribió para ese instrumento, fueron por encargo. Pero él la sustituyó por el clarinete como es el caso de “Concierto para clarinete K.622, desde entonces se consideró este instrumento en las orquestas.

LA ORQUESTA ATRÁS DEL ESCENARIO

Y cuando el público aplaudió en dos oportunidades la ópera La Finta Semplice, sabía lo que estaba premiando: Se trató de todo un esfuerzo de intérpretes y directores. Con las hermosas voces profesionales de Graciela Morales, María Caballero, Edgard Villalba, Enrique Guzmán, Frida Portillo, Jorge Ruvalcaba, y Rodrigo Urrutia. Manifestándose un escenario con gran perfección tecnológica, bajo las miradas expertas de José Luis Castillo como titular artístico y Alberto Villarreal en la dirección escénica.

Mientras que días antes, Octavio Sosa reflexionó como director del Estudio de Ópera de Bellas Artes, que Mozart compuso La Ingenua Fingida, a la edad de 12 años, pero que había transcurrido siete años escribiéndola. ¡Vaya maravilla! Porque no era su primer acierto, sino que solamente le estaba dando los últimos toques a su obra, aparte de que se trata de una ópera poco conocida, indicó Octavio Sosa, que festejó que José Luis Castillo haya madurado la idea para representarla precisamente en nuestro país, y de una manera tan armoniosa, consolidada y experta.

Ya que expuso, no se puede negar que la historia está bien narrada, porque la música está perfectamente respetada dentro de sus altas calidades originales. Por eso la orquesta no se colocó en un foso, sino detrás de los actores, los cantantes y narradores del espectáculo. Ya que agregó, no está pensada justamente para un teatro, sino de una manera libre, propio no solo para la “camera”, sino para que los actores experimenten otros procesos estéticos de actuación. De esta manera, cantantes y músicos, viven un contacto visual mucho más estrecho, a base de un monitoreo mucho más comunicante.

GOLDONI Y VILLARREAL

Y a pesar de los retos para acomodar la obra de manera especial, el director de escena, Alberto Villarreal, encontró respuestas magníficas, porque Goldoni, elaboró su libreto, para que la narración fuera colocada a espaldas de una residencia campestre en cuyo ambiente, existirían mesas, sillas, comida a la vista y bebida. Y Alberto Villarreal, tomando en cuenta algo tan vital lo imaginó a manera de una idea de comida rápida, donde los actores se encuentren colocados dentro de una etapa cronológica un tanto más cercana. De esta manera, la puesta en escena es bastante eficaz, desenvuelta, lógica, bella, dándole de esta manera un sentido mucho más actual y espontáneamente agradable y cercano.

MOZART Y LA MASONERÍA

Mozart, perteneció a la Masonería, a través de la Logia Zur Wohltätigkeit, de la Beneficencia de Viena. La fecha que nos ponen sus biógrafos fue la del 14 de diciembre de 1784. Se explica que fue introducido por el Barón Otto Von Gemminger Hombag. Y es que el compositor lo conoció en la ciudad de Mannheim. Y tal fue su entusiasmo por ella, que en muy poco tiempo llegó a ser maestro, para satisfacción de Leopold, su padre. Entusiasmo que se extendió hacia el músico Joseph Haydn, a quien Mozart lo introdujo a la citada comunidad, a pesar de que no pudo acompañarlo en su iniciación pues estaba estrenando su concierto para piano K466.
SU MANERA DE COMPONER ERA ESPECIAL

Envuelto como siempre en vorágines tanto económicas como compositivas, Mozart, continuaba infranqueable en sus maravillas. En 1787, cuando Joseph II le contrató como compositor con un sueldo muy bajo, nace para todo el mundo “Las bodas de Fígaro”. Después vendría Don Giovanni, a pesar que la presentación fue un desastre en 1788. No obstante, continuó componiendo grandes obras instrumentales. Su famosa serenata Eine Klein Nachtmusik, luego sería Júpiter en 1788 y ya en 1790, vendría Cosi van Tutte, obra cómica con un ágil y bellísimo revestimiento musical.

En marzo de 1791, Mozart ofreció en Viena uno de sus últimos conciertos públicos, tocó el concierto para piano y orquesta KaV 595. En los últimos años de su vida, compuso La Flauta Mágica, que se estrenó el 30 de septiembre de 1791, aproximadamente tres meses antes de morir. El propio Mozart dirigió la orquesta mientras que el libretista, Emanuel Schikaneder, cantó el papel de Papageno. Así, dejó 46 sinfonías, 20 misas, 178 sonatas para piano, 27 conciertos  para el mismo instrumento, 6 para violín, 23 óperas y otras 60 composiciones orquestales. Su obra abarcó todos los géneros musicales en sus más de 600 creaciones. Aspectos que se explicaron con gran amenidad, en las pasadas conferencias de prensa. Así que después de tanto aprendizaje, nos despedimos con:
Un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.com