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Arte y academia | Ana María Longi

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

continuamos reencontrándonos con los famosos protagonistas de aquella “Ruptura” de los 60… Esta vez, con el maestro pintor y escultor Manuel Felguérez, en la Sala Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde “Arte y Academia” presenció la entrega 2016 de la Medalla Bellas Artes, máxima condecoración que el famoso artista recibió de manos de la directora general institucional, María Cristina García Zepeda, ante quien, el galardonado con su acostumbrada amabilidad, expresó:

“Resulta profundamente emocionante para mí, que un organismo tan especial como el Instituto Nacional de Bellas Artes me dé una medalla al mérito, siendo que en realidad, debería de ser yo -y muchísimos otros como yo- los que se la diéramos. Empezando porque mi carrera de artista plástico, siempre ha contado con el apoyo de una institución dotada de apasionante historial dentro de la vida cultural de México. Por otra parte, sería inútil negar, también, que soy y he sido siempre, el más severo juez de mis propias obras. Y agregó: Por esto mismo, cuido muchísimo la originalidad e invención en todos mis procesos creativos; con el único y firme propósito de jamás repetirme o copiarme a mí mismo”.

el Maestro pintor y escultor Manuel Felguérez.

el Maestro pintor y escultor Manuel Felguérez.

Así, en charla con el autor de la gran escultura “Fuente de la República”, ubicada en el triángulo urbano de Reforma, Bucareli y avenida Juárez; Felguérez fue bordando el pasado, donde apuntó que nació “exactamente” en la hacienda de San Agustín del Vergel, en Valparaíso, Zacatecas. En 1928, asentó, se vivían tiempos muy conflictivos. Unos años antes había terminado la Revolución armada, pero la tenencia de la tierra no era segura y los reclamos agrarios se extendían por todo el país. “Mi padre, expresó el artista, comandaba ciertas fuerzas para defender la hacienda, pues los campesinos reclamaban la tierra por medios violentos. Uno de mis primeros recuerdos fueron algunos enfrentamientos a balazos entre las fuerzas “leales” de la hacienda y los agraristas”.

De esta manera y por razones de seguridad, la familia emigró a la capital y su padre intentó negociar los bonos de la Deuda Agraria, pero al año siguiente murió. “Yo tenía siete años, mi madre ya no quiso volver y abandonó la hacienda. Yo volví a Valparaíso sesenta años después porque me hicieron hijo predilecto del lugar, y porque a la Casa de la Cultura de la Entidad, le pusieron mi nombre. Si no regresé antes fue porque mi madre siempre me decía: “no vayas a Valparaíso porque te van a matar”.

UNA DE sus obras.

UNA DE sus obras.

París y Zadquine, su maestro

Los estudios primarios, secundarios y preparatorios los realizó con los hermanos maristas. En 1947 viajó a una reunión internacional de los scouts en Francia. “Durante esa reunión visitamos varios países y al término de mi viaje tomé la decisión de dedicarme al arte como forma de vida”. A su regreso a México ingresó a la Academia de San Carlos, pero no le agradó el método de enseñanza y regresó a París a estudiar en la Grande Chaumiere, donde el escultor cubista Zadquine lo recibió como alumno. Fue ahí donde conoció a la pintora Lilia Carrillo, (1930-1974) con quien se casó más tarde.

Taxidermista, antropólogo por necesidad, artesano, viajero, investigador y maestro. Felguérez es antes que nada un niño que diariamente descubre el mundo y, ávido de sensaciones, juega con la materia, quita y pone, arma y desarma, buscando en sus entrañas el secreto de la belleza de las formas. Su estancia europea lo lleva al abstraccionismo y más tarde al geometrismo en sus formas básicas: el círculo, el triángulo, el rectángulo y el cuadrado; en la combinación de ellas va a desarrollar su propio lenguaje.

El geometrismo en sus formas básicas.

El geometrismo en sus formas básicas.

En los 60: 30 murales

En la década de los sesenta Felguérez hizo alrededor de treinta murales a base de relieves con chatarra de fierro, piedras, arena, conchas. Se distinguen entre ellos el del cine “Diana” y el del balneario “Bahía”. “Fue mi sistema de promoverme y de darme a conocer. Cobré lo mínimo, lo necesario para vivir. Finalmente cerré el taller y regresé al caballete, pero yo ya era conocido a nivel nacional e internacional y todo fue muy diferente”.

Aseveró el artista, que nunca pretendió vivir del arte. “Me gané la vida dando clases. Fui maestro en la Universidad y ahora estoy jubilado. Nunca me gustó depender de la venta. Vender la obra propia es muy angustioso. Yo pintaba y pintaba y los cuadros se acumulaban. En ese momento, si algo tenía, era obra de sobra, y en el caso de la escultura no tenía donde guardarla”. Así que, explica el artista, en 1997, él y su esposa Mercedes deciden donar un importante acervo de su obra para la creación de un museo. Con la participación del gobierno del estado de Zacatecas, que destina un edificio que en origen fue seminario y después cuartel y penitenciaría. Así que al iniciarse los trabajos de remodelación para adecuarlo , el bello espacio inició sus funciones de museo de arte. Es decir como se le conoce ahora: Museo de Arte Abstracto, que lleva su nombre y que fue inaugurado en 1998, en la ciudad de Zacatecas.

Colección de 100 obras

La colección está integrada por 100 obras del artista, que abarcan diversas etapas de su larga carrera, así como por obras de más de 110 artistas abstractos, nacionales y extranjeros. Este museo es único en su género por su temática y por la estricta selección de las obras expuestas. La joya que corona al museo es la sala de los murales de Osaka. El Maestro Felguérez lo explica así: “Al hacer la restauración encontramos un espacio muy grande, un salón de aproximadamente 900 metros cuadrados. y ahí se nos ocurrió poner los once murales monumentales realizados a petición de Fernando Gamboa para el Pabellón de México en la Exposición Mundial Osaka 70. Años después de ser pintados, estos murales se reúnen y se exhiben juntos por primera vez en México en una sala del museo que viene a ser “La Capilla Sixtina del Arte Abstracto Mexicano”.

– El INBA y la ruptura

Al enfocarse nuevamente hacia el INBA, el artista reconoció: “Antes de 1947, nos la pasábamos, como grupo, exigiéndole al INBA, qué queríamos hacer un arte diferente. Y esgrimíamos razones de época y de generación. Es decir, un arte distinto al que se venía haciendo en los últimos 50 años en México”. Y agregó: “Las rupturas en el Arte, fueron muy bien explicadas por Octavio Paz. Ya que el poeta dijo que estas ya habían llegado, pero que nosotros no lo sabíamos. Que éramos de la Ruptura, pero que ni pensábamos romper absolutamente con nada, ni nos interesaba. Simplemente éramos los jóvenes artistas de México”.

“Y es que desde el principio, fundamentó Felguérez, los pintores de la Ruptura fuimos muy amigos entre nosotros y de los escritores, los músicos y los bailarines. Todos éramos amigos y toda la generación buscaba lo mismo: Hacer una obra que ya no tuviera que ver con la época del nacionalismo, no porque fuera bueno o malo, sino porque ya no nos importaba; ya eran otros tiempos. Se trata de una generación tremendamente interdisciplinaria. Nos ayudamos unos a otros y lo hicimos entre todos. Uno como pintor es parte de un movimiento general de toda la cultura nacional. El INBA siempre ha estado detrás de mi trayectoria, por tal motivo creo que sería bueno partir la Medalla Bellas Artes”, insistió sonriente el artista.

Durante su intervención, el escritor Juan Villoro aseguró que “Felguérez es un artista extraordinario y una maravillosa persona. Una de las más generosas que haya conocido. La sabiduría consiste en darle nuevo sentido a la experiencia y re significar y renovar lo que ya se posee. Manuel Felguérez, entonces, es un hombre sabio que ha sabido reinventarse en cada una de sus instancias. Pocos artistas han sido tan versátiles y tan completos como él. Mientras que el ensayista Luis Ignacio Sáinz, observó que el creador zacatecano “es atemporal por su vitalidad, frescura y contundencia. Es un excelente crítico de sí mismo, como decía Paz de él. En una ocasión, Felguérez dijo que el arte es un lenguaje comunicativo, y que el artista que no comunica, no existe”. En fin, otro gran aprendizaje. Gracias… Y nos despedimos con:

Un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.com

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