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Artesanía de la venganza / Numerados

  • Camilo Kawage

1.- Más tardó el anticipo que se enunció aquí la semana anterior que en soltarse furiosa la jauría de marchantes de la politogia a la condena de la Institución Armada de México, en la persona del general secretario de la Defensa Nacional, por haber osado referirse en los severos términos que lo hizo sobre la campaña de desprecio contra las Fuerzas Armadas que tienen en marcha esas plumas y micrófonos disfrazados de periodismo, convertidos en temible guadaña con la que blanden su odio a las instituciones públicas. El oficio tiene razones para sentirse degradado por la saña con que se abusa de su nobleza para injuriar entidades del país, y quienes profieren el ataque ni cuenta se darán en su soberbia, que quienes se denigran son esas mismas plumas y micrófonos.

2.- Era de esperarse; la perfidia no tiene frontera ni descanso, incluso cuando una de esas plumas golpistas, que se cuelga doctorados en el extranjero y que vive o vivía fuera de México por decirse amenazada, cuando venía de visita tenía conferido el privilegio de protección especial de una escolta nada menos que de oficiales del Estado Mayor Presidencial. Y no se le saben muchas expresiones de gratitud para con su alma mater, El Colegio de México, célebre institución pública de educación superior, que sufraga el Estado al que culpa de todas las calamidades de su cólera insaciable.

3.- Con similar ligereza, y con una insistencia extenuante por parte de los dirigentes de la opinión pública que menosprecian la capacidad de la ciudadanía de discernir, a tres líneas nos reducen la vida. El bono de los diputados, las bataholas del alcalde de Cuernavaca, el ataque a la velocista senadora, parecen ser el único acontecer de la nación. Se entendería por la temporada de fin de año en que las noticias bajan su ritmo, pero los profesionales saben cómo surtir los espacios sin atrofiar la atención de sus receptores, y sin necesidad de refritear puras desgracias.

4.- Otra cuestión notable se ha vuelto la guerrilla de los prestigios; a ver quién acaba con qué figura pública (antes que la propia figura pública cumpla su misión imposible y se autodestruya en cinco segundos), y en beneficio de quién. Sin faltar por supuesto las sesudas disquisiciones de las y los expertos que destruyen trayectorias y aniquilan familias en su desbocada ambición protagónica. No sorprende tanto, entonces, que los programas de televisión que han desplazado a los noticieros de la hora principal en la noche, bajo el parapeto de reportajes de investigación y que se enfocan a hechos de sangre, pierdan la audiencia que tenían antes: desvinculan a la familia que antes unían, asustan en vez de entretener, y de tanto repetirse hostigan.

5.- Entre la reciclada cantaleta se nota la absoluta ausencia de información internacional, como si el planeta quedara en Arcelia, Guerrero. El tirano de Venezuela ha retirado el efectivo y la gente no puede comprar lo poco que queda para comer, con una inflación de mil 600 por ciento; en Argentina la economía empieza a salir del colapso en que la dejó la heredera de Evita; España tendrá un crecimiento mayor que el resto de Europa este año; el primer ministro de Italia apostó su resto en un referéndum y cayó el gobierno; el asesino de Siria acabó con Alepo y con su población. Eso sucede mientras nos detallan las fosas de Tetelcingo.

6.- Tranquiliza saber que otras plumas expertas –casi todas-, tienen ya lista la quiniela para el 18. Quiere decir que en diciembre del que corre, y los dos años que vienen las aguas están calmas; que la política y los políticos corren por carriles ordenados y que lo que realmente nos debe ocupar es el futuro de Cuauhtémoc Blanco.
camilo@kawage.com