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Así es el derecho | La representación en los contratos de arrendamiento  

  • Así es el derecho: Magistrado Elfego Bautista Pardo

En diversas ocasiones hemos intentado dejar claro que nos guste o no, el Derecho siempre está presente en nuestra vida. Ejemplo de esto es que día a día realizamos contratos; cuando subimos al Metro, o compramos despensa para el hogar adquirimos o cumplimos obligaciones de manera tácita, pues mediante nuestro comportamiento damos el consentimiento y perfeccionamos dichos actos jurídicos sin tener conciencia de ello.

Un contrato es un acuerdo de dos o más personas para producir o transferir obligaciones y derechos, y sus dos principales requisitos son el objeto, es decir la cosa que el contratante se obliga a dar,  la cual debe existir en la naturaleza, ser determinada o determinable en su especie, y estar en el comercio; o bien, el hecho que el contratante debe hacer o no hacer, el cual debe ser posible, lícito, y, sobre todo, el consentimiento, es decir la expresión libre de la voluntad de los contratantes, el cual puede ser expreso  o tácito, expreso cuando se manifiesta verbalmente o por signos inequívocos, y tácito cuando se desprende de hecho o actos que lo presuponen o autorizan a presumirlo.

En relación al consentimiento, surge la pregunta de quién es la persona que puede otorgarlo para que el contrato sea legalmente valido. Para lo cual es necesario hablar de la legitimación, o sea la facultad que tiene una persona para tener algunos derechos y legítima disposición de los mismos, pues sólo el titular de bienes o derechos puede comprometerlos en un acto jurídico.

Sin embargo hay ocasiones en que el titular no participa en el acto y éste es legalmente válido, lo que ocurre cuando existe representación, es decir, la figura jurídica mediante la cual los actos efectuados por una persona repercuten y surten efectos jurídicos en la esfera de otra llamada “representado”, la cual queda como tercero dentro de este acto jurídico; la representación puede estar legalmente establecida, como en el caso de los padres que representan a sus hijos, o el tutor que representa a la persona que tutela; o bien, puede ser otorgada a través de un poder o de un mandato.

Los actos jurídicos realizados por conducto de representante legal son totalmente válidos. Claro ejemplo son los contratos de arrendamiento, pues según diversos criterios contenidos en tesis y jurisprudencia, se ha establecido que si al hacer un contrato de esa naturaleza el arrendatario (inquilino) no exigió que quien firmó como representante del arrendador (dueño) acreditara su personalidad, ésta debe subsistir, aunque sólo sea para ese negocio exclusivamente, porque se entiende que el inquilino dio por probada la personalidad del representante de su contraparte, bien porque estuvo seguro de ella, o bien porque la aceptó así de buena fe, o con tal de alcanzar los beneficios que de ese acto obtuvo, como son la posesión y disfrute del inmueble arrendado.

En el supuesto de que se diera juicio por terminación de contrato de arrendamiento, por ningún motivo el arrendatario podrá desconocer la personalidad de quien firmó, ya que el contrato debe considerarse válido porque reúne todos los elementos del acto jurídico necesarios para el caso, como son consentimiento, objeto y precio, además de que el arrendador pone en posesión del inmueble al arrendatario para que obtenga los beneficios y disfrute del inmueble alquilado. 

Asimismo, dado el caso de rescisión de un contrato de arrendamiento de inmueble por parte del arrendatario o el arrendador, ninguno podría invocar como causal el desconocimiento de la personalidad del representante de éste, pues si al momento de firmarlo las partes que lo suscriben no exigen que cada una acredite satisfactoriamente el carácter con que interviene, después no pueden desconocer la personalidad inicialmente admitida, ya que resulta contrario a la buena fe con que tal personalidad se consiente al momento de signar el convenio.

 Con esto ejemplo tenemos claro que no es necesaria la intervención directa de una persona en un acto que comprometa sus derechos, pues puede hacerlo mediante un representante y el acto será totalmente legal y surtirá todos sus efectos. 

Así es el derecho