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¿Asociarse con quién?

  • Federico Ling Sanz

Actualmente parece bastante complicado asociarse con gente en México. Especialmente si uno es el Presidente de la República. Me explico: en días recientes se vinculó al cantante Julión Álvarez y al futbolista Rafael Márquez como individuos que realizan transacciones con personas que se dedican a alguna actividad delictuosa. En otras palabras, en lo que se esclarece el caso, se les pone en una lista para combatir el lavado de dinero (quizá puedan comprobar más adelante que no es así); mientras tanto el gobierno se apresura a borrar de sus cuentas de redes sociales las fotos que tiene el Presidente de la República con Julión.

¿Por qué lo hace? Porque no quiere que se le asocie con personas que –independientemente del estatus– tienen (según los Estados Unidos) relación con el crimen organizado o lavan dinero para ellos. Quizá los involucrados no tenían idea de la procedencia de dicho dinero, pero “mientras son peras o son manzanas”, el gobierno decide cortar todo lazo con ellos.

En mi opinión personal se debe dejar que las autoridades esclarezcan si hay o no responsabilidad al respecto, pero más allá de eso, en este artículo, de lo que quiero hablar es de lo difícil que se ha vuelvo en México asociarse con alguien. Este ejemplo de Julión Álvarez y de Rafa Márquez es sólo una muestra de ello (quizá, al final, ni siquiera sean culpables). Pero por ejemplo, qué tal si hablamos de los gobernadores. Recordemos que hay una foto del presidente Peña Nieto reunido con los entonces gobernadores de Veracruz, Javier Duarte; de Quintana Roo, Roberto Borge; de Chihuahua, César Duarte; de Tabasco, Andrés Granier, etc. ¿Qué debe hacer el presidente Peña? ¿Borrar todas las fotografías con dichos gobernadores? ¿No darles audiencia? Imposible. No se puede borrar de un plumazo lo anterior, y mucho menos asumir que un gobernador es corrupto a priori (hasta ahora, al menos).

Pero qué difícil ha resultado no asociarse con gente que, de una manera o de otra resulta estar involucrada en actividades criminales. Todos los gobernadores que mencioné anteriormente están en la cárcel, en proceso de extradición o bien, con órdenes de aprehensión. Ante ello resulta hasta ridículo que el gobierno borre una foto de Julión Álvarez, cuando no sabemos ni siquiera si es culpable. ¿Y qué me dicen del delegado de Tláhuac, en la Ciudad de México, donde no se ha aclarado si tiene o no vínculos y colusión con el narcotráfico en dicha demarcación?

¿Qué tiene uno que hacer entonces? ¿No asociarse con nadie? ¿No dejar que le tomen a uno fotografías con nadie? Suponemos que quizá Márquez y Álvarez no tenían idea de las actividades delictuosas de sus amigos. ¿Entonces no es ya seguro tomarse fotos con ningún amigo, porque puede estar involucrado en el narcotráfico? Peor aún, ¿si uno se toma una foto con su gobernador, no resultará más adelante que también esa persona está acusada de criminal, de corrupto o algo por el estilo?

En un mundo donde no se puede confiar en la gente y no se puede saber con quién se asocia uno, siempre estará el ciudadano vulnerable ante dichas amenazas. Quizá la corrupción, el crimen y la violencia se han “metido hasta la cocina” (como decía Felipe Calderón). La pregunta entonces es: ¿qué vamos a hacer al respecto?
@fedeling