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Aurelio Nuño y sus molinos de viento

  • Ivone Acuña Murillo

  • Ivone Acuña Murillo

Como el “caballero de la triste figura”, el secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, el que invita a “ler”, lucha contra lo que imagina son los gigantes que pretenden destruir su Reforma Educativa, aún antes de que nazca.

Eso que ve como gigantes no son más que molinos de viento que él se ha inventado para tratar de colarse en la contienda electoral por la presidencia en el 2018. Al nombrarlo titular de Educación, el presidente Enrique Peña Nieto le ofreció en bandeja de plata la oportunidad de posicionar su imagen a través de una de las reformas más emblemáticas para esta administración, la Educativa.

Una reforma que desde sus inicios no tuvo nada de educativa, sino que consistió en una serie de medidas administrativas que tenían como propósito meter en cintura a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), sector disidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), uno de los sindicatos más poderosos de México y América Latina al cual, indebidamente, Gobiernos anteriores, priístas primero y panistas después, habían cedido el control sobre los procesos educativos, plazas, recursos y privilegios. La otra medida fue quitar del camino a Elba Esther Gordillo.

Por fin, después de tres años de conflictos y jaloneos entre el Gobierno federal y la CNTE, el secretario de Educación presentó el Nuevo Modelo Educativo 2016, que supuestamente entrará en vigor en el ciclo 2018-2019, tres meses antes de que finalice esta administración y que tardará 10 años en arrojar frutos, según lo ha afirmado el mismo Nuño. Esto quiere decir que, no será el Gobierno de Peña quien opere y dé seguimiento a dicha reforma, sino las administraciones por venir, en caso de que estén de acuerdo con lo propuesto por un mandatario anterior.

La verdadera reforma de la educación llega tarde. Demasiado avanzado el sexenio se decidió Nuño a presentar el nuevo modelo educativo, muy tarde porque año y medio es muy poco tiempo para generar las condiciones que permitan modificar un modelo educativo tan arraigado. No basta con anunciar a la población que se dejará atrás la memorización y el pensamiento lineal, para fomentar el pensamiento crítico, la solución de problemas y el “aprender a aprender”. Es necesario explicar cómo, en tan poco tiempo, se logrará algo así.

Por añadidura, Aurelio Nuño deja de lado las condiciones materiales de las escuelas en toda la República, muchas de las cuales no cuentan con sanitarios, luz eléctrica, techos, muros, aulas. ¿Cómo espera entonces que en esas condiciones prospere un “nuevo” modelo que, para no quedarse en el pasado, debe utilizar las nuevas tecnologías de la comunicación y el aprendizaje, para lo cual Internet desempeña un papel central?

Muchos más señalamientos de orden operativo y técnico podrían hacerse a esta Reforma Educativa, se podrían incluso señalar sus bondades y aciertos, pero lo más importante aquí es la postura que, no es privativa de este Gobierno ni del secretario Nuño, sino una tendencia que peligrosamente amenaza con volverse mundial, de acuerdo con la cual los gobernantes privilegian la comunicación política sobre la gestión real de políticas públicas. En este caso, Nuño Mayer ha hecho un enorme despliegue mediático en torno a una reforma que, si acaso, apenas ha comenzado, no permite aún evaluación de desempeño alguno.

Aprovechando la cobertura mediática de que goza, Nuño advierte que “su” reforma se verá comprometida, si López Obrador gana la presidencia. De manera curiosa, ahora no solo se vendrá abajo la economía sino el “nuevo”, muy “nuevo” modelo educativo.

Vaya molinos de viento que, como gigantes, atormentan al secretario Aurelio Nuño y su Reforma Educativa, hecha a base de papel y spots.