imagotipo

¿Avance o amenaza?

  • Catalina Noriega

Imposible aislarse de los dispositivos electrónicos. El mundo cambió con su descubrimiento, se acabaron las fronteras y su uso interviene en todos los campos de la actividad humana, incluidos el terrorismo, los levantamientos sociales y la posibilidad de tirar a un gobierno.

Hay aspectos más amables, como el poder comunicarse con un familiar que está lejos, o hacerse de amistades en línea, que facilita el conocer otras formas de vida, otras culturas; en las redes se encuentra el tema que se busque y los lectores electrónicos ponen, al alcance de los bolsillos, libros que impresos en papel, costarían mucho más.

En el renglón de la medicina son indispensables. Se dan consultas a lugares remotos y de difícil acceso, o dirigen cirugías, desde otra localidad.

La ciencia, las empresas y la industria, obtienen grandes beneficios. De los “teléfonos inteligentes” a los aparatos sofisticados, la comunicación dio un vuelco.

A todo cambio corresponden reacciones y consecuencias. En este sentido se podría equiparar a la Revolución Industrial. El descubrimiento de la máquina de vapor, supuso la tumba de oficios y trabajos para dar paso a otros.

Se evidencia en los países de mayor desarrollo. En México es incipiente, aunque el destino, implacable. Faltan investigaciones, en cuanto a las ventajas y las desventajas de la nueva era. Es reducido el número de personas que trabajan desde su computadora, en casa, aunque tiende a crecer.

En Estados Unidos esta modalidad es práctica común. El tener la oficina a mano, sin problemas de traslados, supone un ahorro económico -al desaparecer el gasto de gasolina, además de evitar la tensión del tránsito y la pérdida de horas-.

Al jefe lo tienes al alcance de tu vista, así que puedes intercambiar información, resolver problemas. Pero exige disciplina personal y fortaleza para evitar la depresión. La falta de contacto con colegas, sin poder compartir las bromas, el diálogo, el calor humano, conlleva la aparición de etapas depresivas. El aislamiento se hace presente y el individuo se siente desplazado y paranoico, en cuanto a las jugarretas que podrían hacerle quienes disfrutan de la convivencia con el patrón.

En cuanto a la parte física, los oculistas gringos insisten en una “epidemia de miopía” y la atribuyen en particular a los videojuegos, además de resequedad de los ojos. Daña las cervicales, las manos (El túnel de Carpio, la tendinitis), por lo que se aconseja interrumpir el uso cada hora y caminar.

El celular y la tableta se convierten en “nanas”. Es común ver a niños de meses manipulando pantallas, sin parpadear.

A diferencia de los adultos, la generación actual nació de la mano de estos dispositivos. Mientras mayor se es más cuesta controlar los “cacharros diabólicos”, necesarios y divertidos, pero capaces de arruinarte un escrito, una tabla de gastos, o un simple solitario.

En el extranjero se abocan a la investigación del fenómeno y en particular a su adicción. Plantean que afecta más a quienes se ubican entre los 12 y los 40 años.

En España informan que los niños que tienen celular, bajan en su rendimiento escolar, se aíslan de la familia y la sociedad, tienen insomnio, pierden el apetito y dedican la noche a mandar mensajes.

Preocupa, a quienes empiezan a formar parte del nuevo universo, la pérdida de comunicación de jóvenes que viven pegados al mini teclado. Como todo cambio vertiginoso, habrá que adaptarse, siguiendo la ancestral máxima griega, del “equilibrio”, o el “todo con medida”.
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq