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Ayotzinapa, maquiavélica encarnación del gatopardismo mexicano

  • Betty Zanolli

Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi.

Il Gattopardo

  • Betty Zanolli Fabila

Hoy se cumplen dos años de Ayotzinapa y sí, todo ha cambiado para seguir exactamente igual y mucho peor de como estaba en 2014, ahora en 2016, en el que paradójicamente cumpliría 120 años si viviera el gran escritor italiano Giuseppe Tomasi, Príncipe de Lampedusa, el novelista palermitano de cuya obra Il Gattopardo, escrita a mediados del siglo XX, la ciencia política se inspiró para acuñar el emblemático concepto de gatopardismo. “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico?”, puntualiza el joven Tancredi Falconeri a su tío, el siciliano Fabrizio Corbera, príncipe de Salina. Algo que ninguna sociedad conoce mejor que la nuestra porque lo vive desde tiempo inmemorial y en las últimas casi nueve décadas lo ha padecido de manera despiadada y crecientemente encarnizada. Gatopardismo que en la política mexicana cobra prístina y magistral vivificación a ultranza y del que Ayotzinapa es su más reveladora y maquiavélica encarnación.

Quien lo dude, piense tan solo si sirvió de algo la Revolución Mexicana, que después de haber logrado catapultar inéditas conquistas sociales, amparadas en un Texto Supremo que fue paradigmático a nivel mundial para la justicia social, particularmente en materia agraria, educativa y laboral, hoy éstas yacen sepultadas por las reformas estructurales que los regímenes de Gobierno han venido impulsando al amparo de un neoliberalismo despiadado, solo para retrotraer a la nación a peores condiciones de vida de las que padecía previo a la gesta de 1910: neodespojo, neocolonización, pérdida de soberanía, pauperización del 95 por ciento de la población frente al reempoderamiento de las clases de siempre al poder: las mismas que desde hace más de un siglo son dueñas, y ahora con pleno derecho, del país. Por eso mismo Ayotzinapa es y desgraciadamente será un expediente abierto. Por eso no tardarán en ser liberados -al estilo Cassez- los 70 procesados como presuntos autores materiales –de los más de 120 detenidos-, tal y como la propia CNDH lo ha advertido.

¿Sirvió de algo que grupos de académicos o el Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) interviniera, documentando las infinitas irregularidades del caso, que se evidenciaran las contradicciones de la “verdad histórica” que expuso en su momento el titular de la Procuraduría General de la República, que se acumulen los casos de desapariciones forzadas y que aún el Poder Legislativo siga sin hacer nada al respecto? ¿Para qué los peritajes realizados por la PGR que luego remitieron a Innsbruck y los del GIEI si ahora la propia PGR busca realizar un nuevo peritaje, el quinto (será porque “no hay quinto malo”)? ¿Cómo explicar que después de haber quedado evidenciado el desaseo con el que se llevó a cabo la investigación de lo ocurrido en Ayotzinapa, su responsable fue removido y ascendido como Secretario Técnico del Consejo de Seguridad Nacional “en reconocimiento a sus acciones” y como respuesta “a la experiencia y capacidad que ha demostrado en sus encargos anteriores”? ¡Es grotesco! ¿Mayores paralelismos entre Ayotzinapa e Il Gattopardo? Sin duda, pero una vez más la realidad supera a la ficción, porque es todavía más cruenta la tragedia multiforme que sufre nuestro México día con día.

Por eso Ayotzinapa es una historia negra, infamante, vergonzosa, que solo habla de dolor y muerte y es ejemplo vivo de esa realidad impotente a la que solo resta la esperanza de que el tiempo –muy largo- le devele, porque por lo visto son tantos y tan poderosos los intereses de por medio que no hay la suficiente distancia histórica y mucho menos la voluntad política, para poder ser conocida. Funesto episodio que se suma a los que por emerger de un mar de fondo hondamente revuelto y pútrido, se prefiere distorsionar, manipular y ocultar antes que esclarecer. Lo contrario implicaría terminar de invalidar la casi nula, simbólica, credibilidad que puede aún haber en nuestras instituciones, particularmente en las de procuración de justicia, incapaces de enfrentar el 99 por ciento de impunidad en nuestra nación.

Por eso, a diferencia de lo que solicita el titular del Ejecutivo federal, Ayotzinapa no se puede ni se debe olvidar.
bettyzanolli@gmail.com     @BettyZanolli