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Baruch de Spinoza, pulidor de cristales y de ideas

  • María Esther Estrada

POR Ma. ESTHER ESTRADA M.A.

ÁMSTERDAM, Holanda.- Un día de sol y calorcito agradable es una perla valiosa dentro del calendario holandés. Es un regalo de la naturaleza que se disfruta a sabiendas de que puede no repetirse en el corto plazo. Para ustedes en México, que se están derritiendo un día sí y el otro también, debe sonarles raro pero es nuestra realidad en estas latitudes.

Como vivo a solo 10 kilómetros de la playa, aproveché uno de estos días para, en bicicleta y con mi computadora a la espalda, dirigirme a trabajar mirando al mar desde un restaurant en KatwijkaanZee.

En esta ocasión, a medio camino, me desvié unas cuadras para visitar la Casa Museo Baruch de Spinoza, en Rijnsburg, donde este famoso filósofo vivió entre 1660 y 1663. Ahí escribió “Tratado breve”, “Tratado de la reforma del entendimiento”, Principios de la filosofía de Descartes” y empezó la que sería su obra maestra: “Ética demostrada según el orden geométrico”, que vio la luz tras su muerte.

ESTATUA DE Spinoza en Ámsterdam.

ESTATUA DE Spinoza en Ámsterdam.

Es una vivienda sencilla y pequeña que le servía también como taller para pulir cristales, la habilidad que le dio de comer y le sirvió como medio para conocer a dos grandes científicos de su tiempo: Anton van Leeuwenhoek y Christiaan Huygens.

Mientras continuaba mi recorrido a KatwijkaanZee, que dista apenas cuatro kilómetros de su casa, me lo imaginé haciendo ese mismo trayecto. ¿Habría paseado por la playa buscando inspiración en el romper de las olas del Mar del Norte? ¿Se familiarizó con el perfil de la Iglesia Blanca, ubicada sobre el boulevard costero, que servía como guía y faro a los marinos? ¿Aprovecharía su visita a este pueblo de pescadores para comer arenque?.

Lo que es claro, es que Spinoza encontró en esta región la tranquilidad que necesitaba para pensar, escribir, publicar y debatir sus ideas. Lo que era factible en la Holanda del siglo XVII (y no en otros países europeos en ese tiempo), gracias a su espíritu abierto y tolerante.

BILLETE 1000 florines en circulación 1973-96. El de más valor en ese momento.

BILLETE 1000 florines en circulación 1973-96. El de más valor en ese momento.

Su vida a grandes rasgos

Baruch de Spinoza, también conocido como Benedicto de Espinosa (1632-1677) nació en Ámsterdam en el seno de una familia de judíos sefaradíes que huyeron de las persecuciones en España y Portugal. Se educó en la comunidad judía, pero siempre tuvo una actitud crítica ante sus enseñanzas. Por su cuenta, él estudió matemáticas y filosofía, además de familiarizarse con otras ideas como las de los “colegiantes”, que eran un grupo de cristianos liberales protestantes neerlandeses.

Tras fallecer su padre (1654), Baruch se sintió en la libertad de expresar su falta de convicción en las creencias de su comunidad, lo que le valió que el 27 de julio de 1656 fuera expulsado de ella y desterrado de la ciudad, con la fórmula: “Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch Spinoza con el consentimiento de Dios bendito, con el de toda la comunidad, delante de estos libros de la Ley que contienen 313 preceptos. Que sea maldito de día y de noche, maldito cuando se acueste y cuando se levante, maldito cuando salga y cuando entre. Que Dios no lo perdone, que su cólera y su furor se infamen contra este hombre y atraigan sobre él las maldiciones escritas en el libro de la Ley.”

SU TUMBA en la Iglesia Nueva de La Haya.

SU TUMBA en la Iglesia Nueva de La Haya.

Tras semejante despedida, se mudó a un suburbio de la capital y después a Rijnsburg y a Voorburg antes de instalarse definitivamente en La Haya, donde residiría hasta su muerte, provocada por la tuberculosis, cuando contaba apenas con 44 años.

Durante su “exilio” mantuvo copiosa correspondencia con las principales mentes y muchos políticos europeos.

Se sabe que en 1673 le ofrecieron la cátedra de filosofía en la universidad alemana de Heidelberg, pero que no la aceptó porque aunque le garantizaban la “libertad de filosofar”, se le exigía “no perturbar la religión públicamente establecida”.

Tras su fallecimiento sus amigos editaron, en latín y en neerlandés, todas las obras inéditas que encontraron.

CASA MUSEO Baruch de Spinoza en Rijnsburg, Holanda.

CASA MUSEO Baruch de Spinoza en Rijnsburg, Holanda.

Una muestra de su filosofía

“La paz no es la ausencia de guerra. Es una virtud, un estado de ánimo, una disposición para la benevolencia, la confianza y la justicia.”

“La verdadera libertad del hombre, tiene que ver con la fortaleza, esto es, con la firmeza y la generosidad.”

“La actividad más importante que un ser humano puede lograr es aprender para entender, porque entender es ser libre.” Spinoza no creía en la validez de la percepción de los sentidos para adquirir conocimiento, que según él solo se logra a través del raciocinio. Defendía que ser libre es regirse por la razón frente a la sumisión, por ejemplo, a la religión.

Con su “Tratado Teológico-Político”, Spinoza molestó a mucha gente porque ahí argumentó que la libertad de pensamiento o la libertad de filosofar son necesarias para lograr una sociedad estable y segura.

Él consideraba que la principal amenaza a la libertad eran los líderes de la Iglesia, porque tenían todo el poder político y además utilizaban los miedos y supersticiones de la gente para mantener su poder. Proponía quitar el poder político a la Iglesia y dárselo al rey, confiando en que un estado laico les daría a los filósofos la posibilidad de hacer su trabajo sin tener que preocuparse por la reacción de la Iglesia.

En “Ética”, su trabajo más conocido, explicó cuál es el mejor camino para encontrar la felicidad. Sostuvo que Dios y la Naturaleza (con mayúscula) son la misma cosa y que la felicidad se encuentra en el amor intelectual del binomio Dios/Naturaleza que los seres humanos alcanzan mediante la razón y el entendimiento.

Su creencia de que el conocimiento de Dios debería estar abierto a todas las personas desagradó enormemente a los líderes de la Iglesia de su tiempo.

“El teólogo Spinoza no demuestra la existencia de Dios, sino que toda existencia es Dios”, dijo Goethe.

TIMBRE POSTAL israelí conmemorando los 300 años del fallecimiento de Spinoza (en 1977).

TIMBRE POSTAL israelí conmemorando los 300 años del fallecimiento de Spinoza (en 1977).

Su filosofía sigue siendo válida hoy

A cuatro siglos de distancia, es una pena que la religión (católica, cristiana, judía, islámica, etc.) siga siendo un freno al pensamiento. Que restrinja el desarrollo de la humanidad, así como la comprensión y compasión por el prójimo que es “diferente”.

Por dar un ejemplo de limitaciones en el ámbito científico, pongo a Galileo, cuya teoría de que el centro del universo era el Sol y no la Tierra le valió la condena de la Iglesia católica.

En el ámbito social menciono la falta de aceptación de quienes viven realidades diferentes a la de la mayoría. Afortunadamente la sociedad neerlandesa y su Gobierno han aceptado y regulado muchas de estas situaciones (aborto, homosexualidad, prostitución, drogas, eutanasia) con una mente abierta y flexible, buscando el bien de la sociedad en su conjunto.

Tal vez sea esto una consecuencia de entender la filosofía de este hijo pródigo, que sostiene que los gobiernos que actúan racionalmente producen como resultado una colaboración armoniosa, sin represión, sin armas, sino mediante “el amor y la generosidad”.

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