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Basta de explotación, burócratas / Satiricosas / Manu Dornbrierer

  • Manu Dornbierer

El sábado 5 de diciembre 2015 recibí un artículo estupendo de mi amigo Juan López, periodista de varios medios, cuyos textos se originan, como los míos, en Acapulco. Juan provoca la reflexión sobre la desastrosa conducta de la clase política en México y posiblemente de otros muchos países. Se deduce que los que mandan son unos literales cerdos, sin ofender a estos gorditos animales, cuya carne, con la de carnero, aún disfruto de vez en cuanto, así mi actual tendencia sea bastante vegetariana. El artículo inicia recordando a un sobrio Presidente de México que gobernó entre 1952 y 1958. Aplaudan el texto de Juan, lectores:
Aguinaldos

Juan López

De vieja costumbre, el aguinaldo se hizo norma durante el Gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. La Ley Federal del Trabajo, en su artículo 87, establece que el aguinaldo menor será el equivalente a quince días de salario mínimo y que deberá pagarse antes del 20 de diciembre de cada año. Trabajadores que por cualquier motivo no laboren durante todo el año, tendrán derecho al pago de la parte proporcional del aguinaldo conforme al tiempo trabajado.

Cierto que mientras la ley dice una cosa, los políticos interpretan otros dictámenes totalmente contrarios al espíritu de las leyes. En ningún reglamento está inscrito que el aguinaldo se haga extensivo a la alta clase política, pero mientras esta omisión es evadida por los ministros de la Corte, magistrados, consejeros, embajadores en Europa, miembros del gabinete, senadores, diputados federales y locales, alcaldes, regidores y síndicos, TODOS se despachan con la cuchara grande. Los diputados federales, por motivo de la Navidad, cuestan a México, a nuestros impuestos, 132 millones de pesos. El Congreso de la Unión tiene ya preparada una bolsa de 132 millones 515 mil pesos para pagar a senadores y diputados sus aguinaldos, dietas mensuales, así como otras ayudas más que corresponden al mes de diciembre. Los diputados se preparan para recibir 194 mil 852 pesos y los senadores 274 mil pesos por estos rubros. En suma, la Cámara de Diputados erogará casi 100 millones de pesos y el Senado 35 millones. La Navidad, generosa con nuestros legisladores, es muy mezquina con el resto de la clase trabajadora, con los empleados públicos, con los obreros y con las asalariadas domésticas.

Quienes han sido elegidos en urnas son considerados depositarios del poder público. Ningún legislador o ministro tiene el rango de subordinado de ningún jefe de personal inmediato. Son autónomos en sus decisiones. Hacen leyes y toman acuerdos, pero carecen de un horario y el cumplimiento de labores precisas. Si a su condición del deber le aplicamos privilegios, costosos de dinero en efectivo, y les multiplicamos por días devengados, su aguinaldo, entonces son sumas millonarias del erario las que se utilizan para agasajar a estos parásitos que medran con la sangre de la nación.

Con tanta cantidad de millones de pesos que se escurren por el desagüe de la impunidad y la sinvergüenzada de las élites políticas, ¿cuántas camas para un hospital público podrían comprarse? ¿Cuánta escuela podría ser reparada? ¿Cuántos comedores infantiles para la pobreza podrían instalarse en las zonas deprimidas del país? ¿Agua potable para las colonias, drenaje en centros habitacionales, nueva universidad ahí donde están saturados los centros de estudio?

Si se cancela el aguinaldo a la alta clase política, iremos por el rumbo correcto de hacer buen uso de nuestros impuestos. Ninguno de los agraciados en las altas esferas de la burocracia se va a morir si pasa sin sobresueldo las fiestas decembrinas. Comenzaríamos a gastar correctamente el erario y emparejaríamos esa desigualdad social que hoy nos rinde frutos tan agrios como los ayotzinapos y tan ácidos como los maestros de la CETEG. Si no queremos el gemir de la pobreza en nuestros talones, paremos la voracidad de los políticos y seamos más cristianos en el sentido de compartir con los pobres nuestros bienes.

P.D. “Aguinaldo: prestación laboral obrero-patronal”. Constitución.
Respondí el interesante envío con el siguiente comentario:

Juan: Me parece estupendo tu artículo. Lo voy a reproducir si me permites. Así, además de informar doctamente a través tuyo, podré mostrar mi profunda envidia a todos los ricos y a todos los pobres que reciben un aguinaldo, es decir, una cantidad especial para sufragar los terribles gastos del fin de año y del principio del siguiente. En calidad de periodista libre, nunca he recibido un aguinaldo. A lo largo de los 42 años que llevo escribiendo artículos editoriales en la prensa mexicana (1973- 2015), formalmente en decenas de periódicos, aunque la piratería y los sitios de internet, que no pagan, me hacen el honor de reproducirme a granel, debo confesar que solo del antiguo periódico El Siglo de Torreón recibí, para señalar estas fechas y durante años, no un aguinaldo, pero sí un perfume que me enviaba su director, don Antonio Irazoqui Juambelz (1934-2013), al que naturalmente recuerdo con agradecimiento y afecto por haber reconocido de esa manera una aportación a su periódico.
Hablemos de pobres y ricos

Los ricos siempre tienen el poder, de eso no hay duda. Desgraciadamente, en este mundo en retroceso moral y avance técnico, el dinero manda más que nunca. Pero ¿los pobres siempre tienen la razón? En Guerrero, las “manifestaciones constantes de la pobreza” han causado más pobreza. Al aposentarse indefinida y a veces muy violentamente en la vía pública, carreteras avenidas y hasta fuentes para protestar por la pobreza y la injusticia; lo que han logrado es exacerbar todo esto, así como arruinar y expulsar del puerto a muchos que no pueden trabajar en esas circunstancias y por supuesto, en un puerto que vive del turismo, alejar a miles de Acapulco. Es decir, empobrecerlo. Y los gobernantes de Guerrero tienen un terrible miedo de poner orden ergo de gobernar para la mayoría, la gran mayoría como manda la democracia.

A los funcionarios los asustan los estudiantes, pero no todos los demás habitantes que somos también trabajadores de lo que sea y que pagamos impuestos. Esos no cuentan. Los funcionarios a lo que llegan es a cuidar su capital político para luego acceder a otros puestos y desde luego a hacerse ricos. Y prefieren tolerar el desorden, que imponer el orden republicano, porque no vaya a ser la de malas y la Comisión de Derechos Humanos los vaya a regañar y disminuya ese precioso capital. Hay muchos puestos por delante que ambicionan y los partidos quieren los votos de todos estos manifestantes, así que les importa un bledo; la gente que siga día a día trabajando.

Los falsos profesores

Ni siquiera piensan en los miles de niños sin escuela, por ejemplo, porque los falsos maestros que han comprado sus plazas o las han traficado con parientes y amigos, a través del sindicato, tienen “derecho a manifestar”, a meter mano en el sistema de computo como viles piratas, a gritar, a patear, a incendiar, es decir, a conservar sin evaluación alguna el puesto que COMPRARON y para el que a veces no tienen la menor preparación. Esta no es información del Gobierno, proviene de verdaderos maestros. De los falsos maestros, según el último censo del Inegi, hay 350 mil en el país que no se conocen en los planteles, pero cobran sueldos en la SEP. Le cuestan al país 35 mil millones de pesos anuales. Las manifestaciones están muy infiltradas y manipuladas.

Los manifestantes han destruido el turismo en el puerto ¿Y la imagen internacional de Acapulco y la justicia para todos tampoco importan? Al nuevo presidente municipal no le gustan las obras que hizo la federación, y contra ella, valientemente, se levanta. Ok. Pero por otra parte, reprobados de la Universidad lo chantajean ya en sus primeros días con la invasión, organizada por una lideresa de la fuente de la Diana, un bien público, una imagen indispensable.

Nunca me harán decir que Guerrero solo entiende con “mano dura”, como decían los asesinos gobernadores Figueroa, pero ya estuvo bueno de políticos blandengues con cola que les pisen o simple carencia de valor para gobernar, incapaces de pararle el alto al delito, venga de donde venga. Y si se trata de la izquierda en busca de votos nada más y no de justicia y verdad, si apoya el delito, pues a la porra ese tipo de izquierda solapadora. Las etiquetas políticas no importan. Lo que importa es la verdad y el bien de la mayoría de los ciudadanos. Eso es la democracia y no una tapadera de la impunidad.
Manudornbierer.blogspot.mx