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Bazar de Cultura

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

  • Juan Amael Vizzuet Olvera
  • La Hora Radio Roma 2, no se pierda el próximo episodio

Todo era posible en la radio: un viaje a la Atlántida, una invasión desde Marte, una travesía en el tiempo hasta la Edad Media, el ataque de un ejército de momias… todo. No se requerían grandes producciones, pero sí muy buenos actores, ingenio, audacia y guiones plenos de emoción. Todo ello se revive en la comedia “La Hora Radio Roma 2”, una idea original de Camilla Brett y Jerónimo Best, que se presenta en el Foro Shakespeare (Zamora 7, colonia Condesa), hasta el 27 de noviembre.

“La Hora Radio Roma 2” transcurre en una emisora mexicana de los años cuarenta. Es como trasladarse a un teatro-estudio, para ver y oír en persona a sus artistas favoritos. El elenco, tal como en los viejos tiempos, tiene que multiplicarse para interpretar a todos los personajes, pues a cada artista le toca darles vida a varios seres imaginarios; por si esto fuese poco, produce además efectos de sonido y participa en las coreografías. Todo en vivo y en directo. Ana González Bello, Nohemí Espinosa, Johanna Murillo, Álvaro Zúñiga, Hamlet Ramírez, Jerónimo Best y Miguel Santa Rita, alternan con los invitados: Mónica Dionne, Pablo Chemor, Cassandra Sánchez Navarro y Jesús Navarro.

“La Hora Radio Roma 2” juega con los subgéneros radionovelescos del melodrama y la aventura: hay así perfidia, suspenso, intriga, arrojo, magia, idilio y sobre todo, mucho buen humor. Nadie puede predecir nunca lo que va a suceder. El público va de sorpresa en sorpresa y de risa en risa. Por eso no hay que adelantar mucho respecto a la trama. Para los jóvenes puede ser un descubrimiento: la radio le da vitaminas, minerales y proteínas a la imaginación. Cada radioescucha, como cada lector, se construye sus propios mundos, su Albertico Limonta, su Atlántida o su
Tremenda Corte.

“La Hora Radio Roma 2” es a la radio de ataño lo que la historieta de “Lucky Luke”, (el vaquero más rápido del oeste, creación de Morris y Gossciny) al cine de John Ford, Tom Mix, Roy Rogers, John Wayne y Randolph Scott: un divertido homenaje realizado con admiración genuina y es al mismo tiempo una
amable parodia.
LA FANTASÍA ELECTRÓNICA

En el México de los años treinta y cuarenta, la época de “La Hora Radio Roma 2”, un receptor era “aspiracional”, como se dice ahora. Había modelos de baquelita para mesa, limitados a la amplitud modulada, y los había de caoba, suntuosos, con sintonía de varias bandas. Estos últimos reinaban en los salones residenciales. Mientras tanto, las familias modestas se embarcaban con largos pagos en abonos para adquirir un aparato.

El cine mexicano registró aquellos días de radio a la mexicana: Tin Tan llevaba a empeñar su receptor para poderle dar su fiesta de cumpleaños a Poncianito; Silvia Pinal abría la ventana de su cocina para escuchar el aparato de los vecinos, hasta que David Silva (“Kid Pancho”) ganaba una pelea y le obsequiaba un superheterodino con ocho bulbos, ojo mágico y gabinete de nogal; “¿Usted cree que la luz la regalan?”, le reclamaba Luis Macías (Luis Aguilar) a Pedro Chávez (Pedro Infante) cuando encontraba encendido el radio modelo 1926 en el departamento que compartían los dos motociclistas de tránsito. En cambio don Venancio (Joaquín Pardavé), el ricachón comerciante asturiano, podía seguir sin remilgos las noticias y las atlantistas proezas de su hijo Horacio Casarín.

En los Estados Unidos la radio había despegado a una velocidad de vértigo desde los “fabulosos años veinte”: de 400 mil receptores en 1922, saltó a cuatro millones en 1925.Durante décadas, los radiodramas apasionaron a todas las edades, pues la chiquillería seguía las aventuras de Supermán, el Llanero Solitario y tantos otros héroes, como rememoraba José Emilio Pacheco en
“Las batallas en el desierto”.

Una de las claves era el suspenso: cada episodio terminaba con un conflicto irresuelto, para que el público escuchase sin falta el siguiente capítulo. Era la misma fórmula que había mantenido en vilo a los ochocentistas lectores de “Los tres mosqueteros”, y ya en el siglo XX, a las legiones infantiles que llenaban los cines cada matinée para ver los episodios de “El Halcón del Desierto”, “El piloto misterioso”, “La invasión de Mongo”, “El rey de la Policía Montada” o “El imperio invisible”.

“¿Llegará Kalimán a tiempo para rescatar al pequeño Solín? ¿La bella Elena Mitrópulos revelará finalmente el secreto del tesoro sumergido? ¿Qué nueva intriga estará tramando el jefe de los piratas?”.

En México, el auge de la radionovela se prolongó hasta los años sesenta, en parte porque la televisión resultó demasiado costosa para nuestros bolsillos y dilató su expansión hasta que los transistores volvieron más accesibles las pantallas domésticas.
LA EMOCIÓN HERTZIANA

EL radiodrama llegó a ser tan elocuente, que en las manos de un creador audaz como Orson Welles, podía provocar una conmoción: “Estaba terriblemente asustada. Quería hacer mis maletas, tomar a mi pequeño en brazos, reunir a mis amigos, meternos en el coche e irnos tan al norte como pudiésemos. Pero sólo pude pegarme a una ventana, mientras rezaba y escuchaba paralizada por el terror”. Así les relató a los investigadores la señora Joslin sus recuerdos de aquella noche del 30 de octubre de 1938, cuando se transmitió la adaptación radiofónica de “La guerra de los mundos”, de Herbert George Wells. (“La invasión desde Marte”, por Hadley Cantril, en “Sociología de la comunicación de masas”, de Miquel de Moragas, Gustavo Gili, Barcelona, 1985. P.227).

Sin aquel terror a los invasores marcianos, pero sí con todo el apasionamiento latino, los radioescuchas cubanos de los años cuarenta siguieron cada día las peripecias de “Mamá Dolores”, “Albertico Limonta”, “Don Rafael del Junco”, “María Teresa”, “Isabel Cristina” y todos los demás personajes de “El derecho de nacer”, la radionovela original del polifacético escritor santiaguero Félix Benjamín Caignet Salomón. Cuentan las crónicas que los cines tuvieron que programar pausas en las proyecciones, para que el público pudiese escuchar el episodio cotidiano del melodrama. De otro modo, las taquillas se habrían enflaquecido sin remedio. Incluso los legisladores abrían un receso para no perderse los avatares de los personajes que habían conquistado el archipiélago.

“El derecho de hacer” alcanzó pronto fama internacional: se exportó a México donde la difundió la XEX, mientras la desaparecida revista “Sucesos” publicaba un suplemento coleccionable como novela por entregas. El fenómeno avasalló a toda la América Latina, incluido el inmenso Brasil. De la radio saltó a las pantallas de cine en 1952, bajo la dirección de Zacarías Gómez Urquiza, con Jorge Mistral, Gloria Marín, Martha Roth, José Baviera, Bárbara Gil y José María Linares Rivas.

Francisco Blake Cantero, en la columna “Carismas de Cuba”, de Radio Ciudad del Mar, elogia a Félix B. Caignet como innovador de la radionovela en Latinoamérica, ya que introdujo la aventura detectivesca, aplicó el suspenso para mantener al auditorio cautivado, y sobre todo, impuso al narrador como figura clave dentro de los guiones.

La fama continental le ganó al santiaguero un diluvio de ataques y parodias por parte de los intelectuales. Una situación semejante a la que en nuestro país vivió Juan Orol, el gángster mayor del cine mexicano. “El Shakespeare del melodrama, el Sófocles de los pobres”, se mofaba Vicente Leñero. “Siempre escribo para el pueblo, no para los intelectuales. No soportaría en la vida ser intelectual”, alegaba don Félix en una entrevista con Rafael E. Saumell, reportero de “Otro Lunes. Revista Iberoamericana de Cultura”. http://otrolunes.com/archivos/02/html/otro-lunes-conversa/otro-lunes-conversa-n02-a02-p02-2007.html

El escritor le contó al periodista que recorría los solares, vecindades y mercados. “Oigo lo que dice el público, le pregunto de la novela como si fuera un empleado del ‘survey’ (encuesta) y veo la opinión que tienen y eso me sirve de mucho (…) Era más desconocido que el soldado y me iba con mi camisita por fuera, modestamente, con una libretica y un lápiz para que me confundieran con un agente de ‘survey’”. (Ídem)

Los gustos, ensueños, juicios y pasiones de la gente nutrieron así las cuartillas y los micrófonos. “La novela del aire”, de Caridad Bravo Adams, que reinaba en las preferencias del público insular hasta ese momento, quedó desbancada por “El derecho de nacer”. Los nombres de Isabel Cristina, María Elena, María Dolores, Albertico, Jorge Luis y Rafael, se trasladaron a las pilas bautismales de la vida real, como décadas más tarde sucedió con María Isabel, Yesenia y Rubí, las heroínas de Yolanda Vargas Dulché.

“La Hora Radio Roma 2”, que revive aquellas glorias, recibe el respaldo del Grupo Peñafiel. Una fuente del mismo declara: “Nos encontramos con una historia que nos encantó, un grupo talentoso de producción y decidimos hacer mancuerna en este proyecto de teatro nacional, la empresa cree en el talento mexicano y por eso decidimos
apoyarlos.”

Las funciones se presentan los viernes 20:30 horas; sábados 20:00 horas; y domingos 17:00 y 19:00 horas, en el Foro Shakespeare, Zamora 7.

Y como sucedía antaño, cuando termina la función surgen las clásicas preguntas: ¿Revivirá algún día el radiodrama? ¿Renacerá la pasión de los radioescuchas? ¿Surgirán nuevos héroes del micrófono? No hay que perderse el próximo episodio…