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Bazar de la Cultura

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

  • Juan Amael Vizzuet Olvera
  • “Bumerán”: una película sobre los secretos familiares

 

Lo real maravilloso no se manifiesta solamente en la América Latina. La carretera francesa conocida como le Passage du Grois, parece extraída de un relato de Alejo Carpentier: existe solo cuando baja la marea. En cuanto llega la pleamar, desaparece. Si en ese momento algún coche circula por ahí, los ocupantes correrán el riesgo de ahogarse. Así le sucedió 30 años atrás a Clarisse Rey (Gabrielle Atger), pero nadie quiere hablar de ello. El misterio se revela en “Bumerán” (Francia, 2015), de Francois Favrat.

“Bumerán” se estrenó en México el 31 de marzo. Llegó precedida por muy buenas críticas, que se cuidan siempre de revelar las piezas claves de la trama.

ENTRE MAREAS Y MISTERIOS

“Bumerán” es una película sobre el precio que cobran los secretos familiares. Con el paso del tiempo tienen que esconderse mediante silencios, tabúes y mentiras. A la postre el daño para todos los involucrados es más grave.

La estructura narrativa de la película recuerda precisamente el vuelo de un bumerán: se lanza hacia adelante, describe un círculo y retorna al punto de partida. En cada vuelo se abarcan nuevos recuerdos fragmentarios, de modo que se va armando un rompecabezas.

En “Bumerán”, el paisaje y las fuerzas naturales juegan un papel definitivo para el desarrollo de la anécdota. No se trata solamente de escenarios que le confieran carácter a la trama. La historia de Clarisse Rey está ligada al Passagedu Grois y a las mareas. Para los franceses, le Passage du Grois es tan familiar, como el Río de la Plata para los bonaerenses. En cambio, quienes se enteran por primera vez de su existencia, reaccionan con azoro. Es como si la insólita carretera se ubicara en Macondo o en Santa Ana do Agreste. Pero el paso existe. Une la histórica isla de Noirmoutier, su castillo y sus vestigios galo-romanos, con el continente. La altiva familia Rey poseía una residencia en Noirmoutier durante los años 80.

“¿Te acuerdas de su cara? Es una locura, ni siquiera tenemos retratos de ella”, le dice Antoine Rey (Laurent Lafitte) a su hermana Agathe (Mélanie Laurent) cuando descubre un libro que su madre, fallecida 30 años atrás, le dedicó al hijo mayor. Así, desde sus primeras escenas, “Bumerán”deja sentir las tensiones de la familia protagonista, muy semejantes a las que viven muchas otras alrededor del mundo.

La familia Rey parece haber salido adelante tras el deceso trágico de Clarisse. Antoine y Agathe son profesionistas, su padre, Charles (Wladimir Yordanoff), se ha vuelto a casar con Anne-Sophie (Anne-Loiret), quien ha tratado de superar la aversión inicial de sus hijastros.

Pero una reunión familiar, que pretende celebrar un acontecimiento feliz, termina por desatar los conflictos latentes. Algunos de ellos podrían formar parte de la evolución natural de los vínculos entre padre e hijo, como las críticas de Charles a Antoine por un asunto baladí: la forma apropiada de abrir unas ostras, que el clan habrá de compartir en la mesa. La reacción de Antoine parece desmesurada, pero detrás de ella se expresa la rebelión contra la “conspiración del silencio”. El primogénito se muestra resuelto a descubrir quién fue realmente su madre, por qué nadie quiere hablarle de ella ni de la misteriosa forma en que falleció.

La comida familiar resulta un ritual sin sentido, con la nieta adolescente abocada a navegar en su teléfono, Agathe exasperada por las pesquisas de Antoine, Charles empeñado en imponer su autoridad a la vieja escuela. Para un cinéfilo mexicano, puede recordar por momentos a aquel fiero Rodrigo Cataño (Fernando Soler) en “Una familia de tantas” (México, 1946), de Alejandro Galindo.

El clan Rey actúa en contubernio para que la versión oficial permanezca inalterada como una verdad. “Deja de pensar que te están ocultando algo”, le recrimina Agathe a su hermano. Pero cada paso que da Antoine consolida su sospecha de que, efectivamente, sus familiares saben más de lo que admiten. Cuando su abuela consiente en prestarle un álbum fotográfico, Antoine descubre que faltan imágenes, en su lugar hay el rastro de fotos arrancadas, posiblemente ya destruidas. La única fotografía donde aparece Clarisse, su madre, es inquietante: el rostro de Clarisse permanece oculto tras un rehilete que sostiene Agathe, entonces niña.

Cuando comienza la película, Antoine lleva divorciado ya seis meses y acude regularmente al psicoanalista. Es éste quien insiste en que Antoine hable con su padre acerca del pasado. Cuando por fin se efectúa el diálogo, la reconciliación entre padre e hijo resulta efímera, porque los hechos sustanciales se mantienen ocultos. “Bumerán” no es, pese a todo, una película oscura. Una visita a la morgue donde estuvo su madre, inesperadamente le ofrece a Antoine un encuentro. Ahí conoce a la amableAngèle(Audrey Dana), quien también tiene una historia familiar trágica, misma que la ha encaminado a la tanatopraxia.

Angèle simpatiza con Antoine, y se muestra dispuesta a ayudarle. Para Angèle, Antoine no es ningún paranoico: “¿Por qué es un tema tan tabú en tu familia?”. Angèle deduce que la vieja ama de llaves, Bernardette (Lise Lametrie),
oculta lo que sabe.

Así, en medio del conflicto y las sospechas, surge un vínculo entre Antoine y Angèle. “Me conmueve que te intereses en mi problema”, dice Antoine. “A mí me conmueve que sea la primera a quien se lo cuentas”, responde Angèle.

La relación con Angèle es emancipadora para Antoine, le abre el camino a una nueva etapa y le anima a comunicarse con sus hijas: “Todas esas cosas que uno se guarda para sí mismo, se pagan algún día (…) con el tiempo, eso aleja de los demás”.

Antoine es ingeniero civil, pero se aboca a buscar pistas con la tenacidad de un detective. Las casas, los objetos, las cartas, le proporcionan indicios que rebaten la versión oficial.

Antoine Rey emula al inspector Maigret: procura hablar con los testigos, revisa el lugar de los hechos, identifica los conflictos entre los involucrados. Como al veterano investigador parisino, todos tratan de ocultarle lo que saben. Hay detalles que por sí mismos acrecientan las sospechas. ¿Durmieron Antoine y Agathe en la granja de Bernardette y su marido la víspera del “accidente”? Los granjeros alegan que no recuerdan, que todo sucedió hace tanto tiempo, que en Noirmoutier cada año hay algún accidente.

“Bumerán” guarda algunos puntos de contacto con otra de las antiguas cintas mexicanas: “La ausente” (1952), de Julio Bracho, con Arturo de Córdoba  como Jorge de la Cueva, un viudo acaudalado que dedica su vida a enaltecer la memoria de su difunta esposa, fallecida en un accidente de carretera. Algunos críticos ven en “La ausente” una versión de “Rebeca” (EUA, 1940), un clásico de Alfred Hitchcock.

En “Bumerán” se conjugan varios conflictos: el antagonismo entre suegra y nuera, el esfuerzo del hijo para independizarse de la autoridad paterna, la contradicción entre la posición social y los impulsos personales, la carga que para el personal de servicio representan los problemas familiares de sus patrones. Se toca sutilmente el problema de los trabajadores inmigrantes sin documentos,
los “sans papiers”.

La película, que se basa en la novela de Tatiana de Rosnay, mantiene al público intrigado a lo largo de toda la proyección. La dirección y las interpretaciones son extremadamente precisas, naturales. Destaca especialmente Laurent Laffite, de la comedia francesa.

También hay que mencionar una virtud de los cineastas franceses, que incluso cuando abordan conflictos muy graves, suelen mostrarse conscientes de su patrimonio cultural. La isla de Noirmoutier seduce a los espectadores, siempre con sutileza.

“Bumerán” triunfó durante su estreno en Europa y ahora el público mexicano tiene nuevamente la oportunidad de disfrutar esta película, a unos meses de su presentación en el Tour de Cine Francés.