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Bazar de la cultura

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Graduación: padre e hija en días de crisis

Conoce la Rumania que retrata el ganador del Festival de Cannes a la mejor dirección, Cristian Mungiu

Un país de unidades habitacionales destartaladas, escuelas menesterosas, influyentismo, familias maltrechas, adultos desencantados y jóvenes sin porvenir. Tal es la Rumania que retrata el ganador del Festival de Cannes a la mejor dirección, Cristian Mungiu, en su largometraje Graduación (Rumania-Francia-Bélgica, 2016). Lo esencial de la película es, pese a todo, el vínculo entre un padre y su hija durante la etapa más difícil en las vidas de ambos. Graduación se estrenó el seis de julio en las pantallas mexicanas.

“CUERDOS DE DOLOR”

“Se dice ‘loco de alegría’, también podría decirse ‘cuerdo de dolor’”, escribió Marguerite Yourcenar en Fuegos. La sentencia de la escritora resume la historia de Rumania y de otros países de Europa Oriental tras la caída del socialismo: durante los primeros días imperó el regocijo y los medios de comunicación corporativos bombardearon al planeta con una ofensiva de imágenes eufóricas: espontáneas cuadrillas de berlineses que demolían a marrazos el muro; multitudes rumanas que ondeaban unas banderas tricolores con los escudos socialistas arrancados; monumentos a Lenin, Marx y Ceaucescu derribados de sus pedestales; pancartas de Nunca más comunismo.

Después de aquel carnaval, las cámaras y micrófonos multinacionales se desentendieron de los antiguos países socialistas. A manera de final feliz, se les veía como nuevas democracias que muy pronto empezarían a prosperar gracias al dinamismo capitalista. En 1992, Istvan Szabo, el histórico cineasta de Hungría, mostró con su película Dulce Emmalo qué le estaba sucediendo a la gente común en su nación: de la noche a la mañana, “la mano invisible del mercado” desató el darwinismo social, y las mujeres profesionistas, otrora orgullo de la nación, fueron degradadas.

“Cuerdos de dolor”, búlgaros, ex soviéticos, húngaros, polacos, rumanos, empezaron a comprender que el derrumbe socialista no había significado una liberación, sino una derrota histórica. Quedaron empobrecidos, sin las instituciones que, pese a todas sus deficiencias, alguna seguridad social les habían brindado.

Rumania, escenario de Graduación, conservó muchas lacras de los días en que reinaba Ceaucescu. Las revelaciones acerca de la represión dantesca ejercida por el viejo régimen, más que propiciar la justicia, se usaron en los medios occidentales para ocultar la realidad contemporánea del país. Desde adentro, sin embargo, Cristian Mungiu y otros cineastas le han mostrado al mundo las vidas cotidianas de la Rumania poscomunista.  Mungiu, con Occidente/west (2002), triunfó en la Quincena de Realizadores de Cannes; más tarde, con Cuatro meses, tres semanas, dos días (2007), ganó la Palma de Oro en el festival francés, y una vez más llama la atención del orbe con su cine naturalista, sobre el desencanto de la generación que fue joven durante la caída de Ceaucescu.

SECRETOS Y MENTIRAS

La Rumania que retrata Mungiu parece abandonada hasta por los rayos del sol. Durante la noche, a veces se va también la luz eléctrica y hay que cenar entre velas. Las obras públicas permanecen inactivas durante meses; los materiales arrumbados entorpecen el tránsito y forman guaridas para los malhechores. Las clínicas, las calles, las viviendas, las delegaciones, todo parece avejentado, pero sin el carácter que el tiempo les confiere a los estilos pretéritos.

El deterioro físico del segundo país más pobre de Europa –paradójicamente, aliado militar de las potencias occidentales y miembro de la Unión Europea– refleja su estancamiento humano, íntimo y social.
Los adultos que se sublevaron contra el régimen de Ceaucescu, aquéllos que protestaron fieramente en las plazas, ahora sobreviven resignados a la pobreza y el desencanto; no existe ninguna causa ni mística que proporcione objetivos colectivos. No hay vida comunitaria. Cada uno trata de arreglárselas lo mejor que puede, a través de diminutas transacciones de favores, mediante intercambios de influencias para conseguir un turno privilegiado, un especialista, un trabajo.

El protagonista, doctor Romeo (Adrián Titieni), dio por derrotados sus ideales hace muchos años. Junto a su esposa, Magda (Lia Bugnar) volvió a su país en 1991, con la expectativa de contribuir a levantar una nación renovada. Un cuarto de siglo después, con su matrimonio desahuciado, ya no tiene más esperanza que ver a su hija Eliza (María Dragus) marcharse para siempre de Rumania, hacia la Universidad de Cambridge, a través de una beca.

Romeo es un personaje que ha llegado a una encrucijada en un país donde todo se deteriora y cada paso se da con una segunda intención. A diferencia de otros médicos del sistema de salud, Romeo se conforma con su paga y no acepta sobornos. Sin embargo, se ve a escondidas con Sandra (Malina Manovici), profesora en la escuela de Eliza y madre soltera de Matei (David Hodorog), un niño con problemas de lenguaje. Sandra tiene que soportar todos los sinsabores de quien se halla siempre en segundo término: disimula su relación en público, aguarda a que su amante disponga de tiempo para ella, soporta las llamadas familiares de su amante. A los 35 años, siente que su tiempo empieza a terminarse y se pregunta si a Romeo le interesa realmente comprometerse con ella.

El médico les miente a su esposa y a su hija; las mentiras y los secretos cobran tarde o temprano su factura, como lo descubre Romeo cuando, por esa causa, pone en peligro lo más preciado que le queda en el mundo.

El doctor Romeo puede recordarnos las palabras del protagonista de En el corazón de la mentira (Francia, 1999), de Claude Chabrol: cada paso que da resulta un error. Para encontrarse con Sandra, incurre en el engaño, lo que produce una inesperada y grave consecuencia; para remediarla, recurre a una nueva mentira y también a una trampa que exige la complicidad de varios personajes; todo eso, a su vez, acarrea mayores daños, que conducen al abrumado médico a enredarse en una crisis definitiva.

La película encuentra a Magda y Romeo cuando ya casi nada existe entre los dos, excepto el interés compartido por el futuro de Eliza, aún así, difieren acerca de ello: Romeo cree que su hija no le debe nada a Rumania, que se merece olvidarse de su país natal para desarrollarse como investigadora en Inglaterra. Romeo está dispuesto a lo que sea con tal de conseguir que Eliza obtenga las calificaciones reglamentarias para la beca en Cambridge, incluso acepta la idea de ver a su hija alejarse para siempre.

Magda, una esposa que, como tantas otras, tiene una visión más realista de los hechos, pone en duda que la felicidad de Eliza dependa de una beca obtenida a cualquier precio. Magda es también más congruente que su marido, al que cuestiona en privado, hasta poner en entredicho las coartadas que Romeo elabora para justificar sus actos.

UNO DE LOS MEJORES ACTORES DEL MUNDO

La crisis de Romeo abarca todos los aspectos de su vida y afecta a todos aquéllos que tienen contacto con el médico: desde su madre anciana hasta sus camaradas de trabajo, pero, sobre todo, a su hija.

Graduación es en el fondo un acercamiento a una relación universal: la del padre y la hija, no en un momento de armonía, sino en medio de una crisis que combina la juvenil necesidad de independencia con la etapa terminal de un matrimonio fracasado. Todo ello acaece en un contexto de descomposición social.

Mientras Magda asume, con lucidez y mesura, que ya no queda nada que salvar entre ella y su marido, tanto Romeo como Eliza se muestran conscientes de que necesitan salvar sus propios vínculos. A pesar de todos los yerros del médico, de sus mentiras, torpezas, interferencias e infidelidades, Eliza está dispuesta a sanar el maltrecho afecto hacia su padre.

Adrián Titieni, sobre quien descansa gran parte de la película, ganó en 2013 el Oso de Oro de Berlín al mejor actor. En Graduación demuestra por qué se le reconoce como uno de los mejores intérpretes de Rumania y del mundo. Los otros protagonistas están a la altura de Titieni, especialmenteLia Bugnar, Malina Manovici y María Dragus. Graduación es uno de los mejores estrenos del año en las pantallas mexicanas.