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Bellas de día: Plaza de la Soledad

  • La moviola/ Gerardo Gil

Tres aspectos construyen el documental Plaza de la Soledad (Maya Goded, 2016); el estético y plástico, que deriva del trabajo como fotógrafa de la directora; el social, donde se ven los testimonios de vida de varias sexoservidoras; y la construcción narrativa, el cómo se van a contar las historias que desarrolla la película.

En el primer caso, el estético y plástico, derivado de un libro fotográfico publicado hace algunos años por Goded y que de hecho tiene el mismo nombre que el filme, Plaza de la Soledad, apuesta por la mirada al lado oscuro de la sociedad. Ese punto en el cual lo luminoso no se encuentra a primera vista.

Porque en Plaza de la Soledad lo que pueden ser escenarios de turbiedad se convierten en motivos de indudable talento plástico de la directora. Los cuartos de hotel y las casas donde transcurre la vida íntima de sus personajes, que dan su testimonio a la cámara, son lugares que se convierten en protagonistas del filme.

Es, en el fondo, la tradición estética de una parte del documental mexicano. Visión muy refinada y cuidada de la pobreza, de lo oscuro, que con base en una plástica formal deriva en belleza cinematográfica. Ahí están los ejemplos de Quebranto (Roberto Fiesco, 2013) e incluso Bellas de Noche (María José Cuevas, 2016) esta última de manufactura más reciente.

Es el mundo hostil de las sexoservidoras, todas de la tercera edad, que sirve como escenario teatral para la historia que se va a contar. Lo hermoso de lo imperfecto y lo feo, la estética del pobrismo. La Historia de la Belleza y La Historia de la Fealdad”, con su carga ética incluso, que detalla Umberto Eco.

En el segundo caso, el social, vemos los testimonios de mujeres que cuentan su vida, desde la perspectiva de la actividad que desarrollan. Pero también, sus historias y cotidianeidad, sus relaciones familiares y de pareja, su rol como madres e hijas y la amistad, y sobre todo lealtad que desarrollan entre ellas. Los consejos que se dan, las intimidades que se cuentan.

El documental en su testimonio social tiene dos vías de igual importancia: el primero es la lectura evidente, la vida de las sexoservidoras, con la cámara mirando ese mundo a veces brutal y otras tantas humano. La otra visión tiene que ver con la sexualidad y soledad de la gente de la tercera edad. Tema que puede ser de mayor tabú que el primero.

El trabajo no está exento de un aire feminista que no se siente discreto ni sobrio.

Y la tercera parte de la construcción cinematográfica que conforma Plaza de la Soledad es el relato. En un momento del filme, una joven sin hogar, que también es sexoservidora y acaba de dar a luz, va a un mercado con su recién nacido; a manera de broma, a cada uno de sus conocidos varones, les dice, con la cámara ubicada en sus espaldas: tú eres el padre de mi hijo. La escena es de mucha efectividad dramática, pero lo que se antoja como montaje cinematográfico, da un aire de docuficción al trabajo.

En otro momento, las sexoservidoras se platican sus problemas en la habitación de un hotel, como si la cámara no estuviera presente. El problema es que el montaje se siente, de hecho, los instantes de mayor honestidad del trabajo suceden cuando las mujeres le hablan directo a la lente, sin necesidad de ninguna
recreación escénica.

En el fondo, esa construcción melodramática se percibe como herencia de la tradición narrativa del cine mexicano que ha tocado el tema una buena cantidad de veces, en algún momento durante la Época de oro, con la visión moral, moralista, reivindicadora de la prostituta buena, lastimada por la vida y sus circunstancias. Pero salvada por el contexto de su vida. De los tres aspectos que conforman el todo de Plaza de la Soledad el de mayor peso es el plástico. Lugar donde el documental sigue una interesante propuesta estética.

EN CORTO

El próximo 11 de julio en Bellas Artes se llevará a cabo la entrega 59 del Ariel. Algunos datos: La 4 Compañía ostenta 20 nominaciones, se entregará el Ariel de Oro a Isela Vega y a la directora de arte Lucero Isaac.

Entre las ternas más reñidas se encuentra la de guión adaptado con Ciudades Desiertas de José Agustín, para Me Estás Matando Susana” (Luis Cámara, Roberto Sneider), pasando por el reto de tomar un guión no dado a conocer de Carlos Enrique Taboada, Jirón de Niebla (Julio César
Estrada, Gustavo Moheno, Ángel Pulido).

Y nosotros seguiremos informando.