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Beltrones por la legalidad | Acontecer político | José Luis Camacho Vargas

  • José Luis Camacho

Al maestro José Pagés Llergo, a 26 años de su desaparición física.

El presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones Rivera, ha centrado la atención en un hecho del que todo mundo hablaba, pero nadie se había atrevido a decir en voz alta: la ilegalidad en la que ha incurrido Andrés López por realizar una carrera adelantada y desenfrenada por la Presidencia de la República, apareciendo en cuanto spot televisivo y radiofónico tuvo acceso su partido político, así como en cuanto espectacular rentó con motivo de las elecciones federales del 7 de junio pasado. Exposición mediática que no concluyó con las elecciones, sino que ha continuado.

Lo anterior no se puede explicar de otra forma: Andrés López está buscando una ventaja electoral, digna de un mal competidor que no confía en sus propuestas ni en su oferta, sino en el agandalle.

Manlio Fabio Beltrones Rivera lo ha dicho de forma muy clara: lo que busca el PRI es hacer que se respete la normativa electoral y que ningún personaje, abusando de su posición, acapare los spots que a su partido político corresponden y haga promoción de su persona indebidamente.

Frente a esta claridad y contundencia, López ha reaccionado con vehemencia, insultando y buscando denostar a quien no pide otra cosa que respeto a la ley y piso parejo para todos, valores democráticos que él no conoce ni le interesan.

Están muy equivocados quienes, buscando hacerle un favor a López y congraciarse con él, señalan que el líder del PRI le tiene miedo al candidato presidencial eterno, pues no se trata de miedo sino de un principio elemental de respeto a la ley y de ser coherente entre lo que se pregona y lo que se hace.

Andrés López no cambia. Aquel hombre soberbio, irrespetuoso e intolerante que entre 2005 y 2006 derrochó su popularidad con berrinches y enfrentamientos, no aprende y nueve años más tarde vuelve a demostrar que sigue siendo el mismo que no acató la ley y se negó a reconocer que había perdido la presidencia de la República en 2006.

Sin encontrar motivo para agredir (como si alguna vez le hubiera hecho falta), hoy pretende esconder su ilegalidad tras un velo de insultos e injurias en contra de quien lo único que defiende es la legalidad y el respeto a la ley.

Para nadie es desconocido que Andrés López ha abusado del tiempo oficial que a su partido político le corresponde en radio y televisión. En lugar de dar la voz a las mujeres y hombres que contendieron por un cargo de elección popular, de forma avasallante figuró en todos los spots y su nombre estuvo presente en toda la propaganda; ello a pesar de que no era candidato a nada, más que a su carrera presidencial adelantada.

La sobradez y autoritarismo que lo caracterizan no le permiten reconocer que su proceder ha sido ilegal. Hoy dice que lo quieren bajar de los medios; de esos medios que hace nueve años dijo que no necesitaba, pues él “trabajaba a ras de suelo”. Por ello se dio el lujo de descalificar, renegar y culpar a la televisión de su fracaso personal.

En aquellos tiempos se llenaba la boca de decir que él no necesitaba la televisión ni la radio porque su fuerza era tener un contacto directo con la población. Aseveración de la que hoy se ha olvidado para dar lugar a una imagen mediática que ha construido con tres años antelación, pero con la que no logra borrar de la memoria de las y los mexicanos a aquel personaje antidemocrático.

En un exceso de sobradez, López ha asumido la presidencia formal de su partido, como si alguna vez hubiera estado fuera. Pero esta estrategia no le servirá para abusar de los tiempos oficiales en medios de comunicación.

Frente a la ilegalidad y el agandalle, el PRI se consolida como el partido de la legalidad, del respeto a la ley y poseedor de una altura de miras que ve más allá del 2018.

Es evidente que para López ese año se ha vuelto una obsesión, pues sabe que si no logra cambiar su manchada imagen y ganar en las urnas lo que no puede obtener en las calles ni en el ruido de los gritos, se habrá ido su última oportunidad para alcanzar lo que le quita el sueño y que ha diezmado su salud: la Presidencia de la República.

Pero México no puede desviar su atención por los caprichos de alguien, sino que debe seguir adelante con el fortalecimiento de su andamiaje jurídico y la implementación de las reformas que harán de éste un país más justo y solidario con los que menos tienen.

Seguramente habrá una reforma política que evite las carreras presidenciales adelantadas y con ello, se centrará la atención en los asuntos que más interesan a la población, como lo es la seguridad y el crecimiento económico.

En esa ruta avanza México. Sigamos.

camachovargas@prodigy.net.mx

Twitter: @jlcamachov

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