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Berlin 2016. Documental sobre refugiados domina la competencia

  • Alexis Grivas

Alexis Grivas / El Sol de México

ENVIADO ESPECIAL DE OEM
BERLÍN, Alemania. (OEM-Informex).- Entre las películas estrenadas este fin de semana en el festival, la que destacó fue sin duda el largometraje documental Fuego en el mar, del italiano Gianfranco Rosi, que presenta de manera tanto elocuente como novedosa, desde el punto de un realizador-autor, el drama de los migrantes ilegales.

El drama de esta película está centrado en el sufrir de quienes huyendo del conflicto sirio acompañados de otros refugiados provenientes de países árabes y africanos, arriesgan su vida tratando de atravesar el mar Egeo en embarcaciones de fortuna, pagando fuertes cantidades de dinero a los pasadores turcos, para llegar a Europa. Esta situación ha cobrado miles de vidas.

A lo largo de 2015 han llegado a los principales puntos de acogida, Grecia e Italia, más de 800 mil refugiados mientras que un millón más esperan, este año, la oportunidad de arribar a estos sitios.

Este problema, a pesar de haber cobrado dimensiones paneuropeas, afecta principalmente a los países greco-italianos, ya que muy pocos refugiados han sido dirigidos hacia otros países de este continente, a pesar de las múltiples reuniones de cumbre organizadas con este fin.

En Fuego en el mar lo mostrado hasta ahora en reportajes y noticieros que acaparan los medios europeos y en minoría los internacionales, adquiere aquí una dimensión universal. Rosi, en su propósito de acercarse al tema desde un punto de vista particular, se instaló durante un año en la isla italiana de Lampedusa, donde llegan miles de refugiados-migrantes en su intento de arribar a la costa continental italiana a una distancia de 120 kilómetros.

El proceder del realizador fue presentar, en primer término, el quehacer diario de los habitantes de la isla, con ayuda de las pocas y aisladas  referencias de los guardacostas italianos al asistir a los migrantes.

La llegada de estos últimos y la manera en que el flujo humano se incorpora en la cotidianeidad de los habitantes de la isla cobra fuerza y domina la película en la segunda mitad del largometraje con las estremecedoras imágenes captadas por Rosi, a lo largo de las operaciones de salvación en las que fue autorizado a participar.

Viejos, jóvenes, niños, gente rescatada a lado de los cuerpos sin vida, imágenes que cobran una fuerza impactante al contrastarse con la realidad de esta isla.

Sin duda alguna, esta película viene a ilustrar, de la manera más significativa, el contexto en que se sitúa este año la Berlinale, no solamente por su tradicional carácter de un certamen más  “politizado” y abierto a causas sociales igual que otros importantes encuentros del cine mundial.

Desde el inicio del festival tanto en la nota de introducción al programa por parte de su director Dieter Kosslick, como durante la gala de inauguración, el tema dominante en los discursos, de la ministra federal de la cultura; del alcalde de Berlín y de la presentadora de la ceremonia, fue aquel de los refugiados y de la obligación de Europa de acogerlos, además de controlar las reacciones de la ultraderecha que en varios países europeos  se ha lanzado a través de manifestaciones racistas, de discursos y de violencia física, contra los afectados.

Se puede entender que en el contexto de Alemania, que va a la par con el festival, el tema tiene resonancias mucho más caladas en el pasado del país, pues repercute actualmente a la popularidad de Ángela Merkel que va de capa caída a raíz de las críticas que recibe por su política de puertas abiertas respecto al otorgamiento de asilo político a los refugiados.

Resultó significativo que George Clooney, el día siguiente a la inauguración del certamen, con Hail Caesar, se reuniera con Merkel para debatir justamente dicho tema en un gesto de claro apoyo hacia la líder alemana, que igual se verifica por parte del festival.

Si por otro lado, consideramos el tema desde la perspectiva de la Berlinale, el caso de esta película tiene sentido especial: su presentación en competencia no solamente valida la postura del festival al respecto, sino que además eleva su eventual premiación, algo que se considera muy probable, enviaría un mensaje de solidaridad a nivel político e ideológico a pesar de que, como se sabe bien, un filme no puede cambiar sustancialmente la opinión pública y/o hacer que los líderes políticos se sensibilicen respecto a temas que afectan su popularidad.
Con justa razón

El impacto de Fuego en el mar fue tal que definitivamente otras películas estrenadas durante este fin de semana quedaron rezagadas, quizás con justa razón; ejemplo de esto son las dos francesas en competencia: Tener 17 Años del veterano y buen realizador Andres Techine que trata de la vida simple de dos jóvenes, que al final resulta con un problema de guión de Celine Sciamma y del mismo director por el muy desigual resultado en pantalla; del mismo modo que El Futuro de la mia Hansen Love, la cual resultó ser poco interesante, esta película es un relato de la vida de una profesora de Filosofía en una universidad, interpretada por Isabelle Huppert, que se enfrenta a cambios drásticos en su vivir tras ser abandonada por su marido.

Mucho más interesante resultó la aportación portuguesa de Cartas de Guerra, donde Ivo Ferreira, basado en las cartas que el escritor Antonio Lobo Antunes publicó en 2005, logra crear un ambiente donde lo realista y lo poético se mezclan con mucha eficiencia, dichas cartas provienen de un doctor militar que las envió a su esposa desde el frente de la Guerra Colonial portuguesa en Angola a los inicios de los setentas.

Bastante actividad se registró, por otro lado, en la Berlinale en el terreno del cine mexicano. Se estrenó en el Forum el largometraje Maquinara Panamericana, primera obra de Joaquín del Paso, coproducida con Polonia, donde el joven realizador, nacido en 1986 y estudiado de la famosa escuela cinematográfica de Lodz, dirigiendo a partir de un guión de él y de la polaca Lucy Pawlak del Paso, inicia su relato en un tema realista.

Maquinaria  Panamericana trata de una fábrica que cierra a raíz de la muerte de su propietario, para pasar a un estado “superior” donde ocurren situaciones casi surrealistas. Los trabajadores deciden encerrarse dentro de la fábrica para encontrar una solución que lleve a la superficie la empresa,  pues tras la muerte del propietario, se enteran que la empresa por muchos años permaneció en la quiebra, era el dueño finado quien les pagaba lo sueldos de su propia bolsa
por aquí me suenan, con todo su permiso, unas referencias buñuelianas
y no lo digo por mal, que conste.

Estrenó también el corto El Buzo, de Esteban Arangoiz, a la vez que dentro de las actividades del Mercado Europeo de Cine (EFM), ayer, México formó parte de un grupo de países que fueron objeto de una mesa redonda respecto a las posibilidades que ofrecen para coproducciones internacionales y la utilización de fondos públicos.