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Besar la mano

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“La oscuridad que conocemos

nos fue otorgada como una gracia”,

Rudyard Kipling
¿Siempre será besar la mano una muestra de veneración, respeto o sumisión que ya traemos en nuestro inconsciente, producto de nuestra educación?

¿A quiénes besamos la mano? ¿Es un acto que hacemos mujeres y varones?

Comencé a pensar en ello, porque hace unos días, platicaba con una mujer a la que he entrevistado por mucho tiempo, y de la que admiro su entereza frente a la vida. Ella me había tomado de la mano al platicar, y en un momento dado, se me ocurrió besar su mano, como beso la de mi abuela… En mis ayeres, fui una niña que no se expresaba, que parecía que miraba pero no sentía, sin embargo, la vida me ha enseñado a ser muy, muy afectuosa. Esta mujer de quien les hablo, se sorprendió y me dijo de inmediato, no, no, y yo respondí: -Yo beso la mano de mi madre y de la gente a quien quiero mucho… Entonces me dio las gracias, casi con lágrimas en los ojos.

No hablé con ella más del asunto. Sin embargo, eso me llevó a pensar sobre a qué personas besaba la mano y esa costumbre existente, fuera por respeto, protocolo, amor romántico y/o espíritu seductor, tan atribuido al varón, pero que me percataba, las mujeres (empezando por mí) también llevábamos a cabo, aunque de manera distinta.

Recordé haber visto a mi padre y la familia paterna besando el anillo de un cura o alguien de más alcurnia, por llamarle de algún modo, y yo, corría fuera de ese espacio, para que no me pidieran mis padres que hiciera eso, que desde niña me parecía ofensivo y un acto de obediencia o subordinación de mi parte. Se suponía que así yo recibiría la gracia divina, pero he preferido buscármela a pulso, y no de esa manera.

Estoy cierta que para los sacerdotes es ya una costumbre, un ritual, un adorno, y que eso, en lugar de humanizarlos, los pone en las alturas y los despega del piso; otros incluso, han de sentir que se les desgasta el tejido epitelial. Desde luego, no es a todos. Nunca las cosas por fortuna, afectan a todos. Nunca todos reciben igual las tradiciones o costumbres, sin primero incomodarse o sin en seguida, procurar darles la vuelta.

En lo que a mí respecta, me pregunté a quienes besaba yo la mano, si es que lo hacía, y en qué condiciones y qué significaba para los otros. Así como a mi madre he besado la mano, también a mi abuela, y para mí, necesariamente es una muestra de cariño. No recuerdo haber besado la mano de mi padre, y miren que lo quiero muchísimo.

En cuanto a algún varón al que ame, sí, pero comentaba con algunas amigas, y coincidimos, nosotras besamos una mano, sobre todo en un momento de gran solidaridad y afecto.

Ese ritual, de besar la mano de una dama cuando esta era casada, y los caballeros le mostraban un gran respeto y palabras lindas al hacerlo, resulta que ni siquiera permitía el roce de labios en la mano. El tiempo, sin duda, ha transcurrido; al igual que algunas tradiciones, se han quedado en el camino.

Pero existen diversos besos de mano, también los hay en la palma, y se supone que son para guardar besos entre amantes, para cuando lleguen a estar separados. ¡Somos tan simbolistas! Nos encanta creer, lo hacemos a diario. Ese tipo de besos  parece casi mágico.

Por algún motivo, descubrí que en Polonia, entre amigos, se dan tres besos en las mejillas; ya sé que los europeos se dan dos; pero desconocía que en Brasil, según la ciudad, se dan dos o uno. ¡Claro, estos no son en la mano!

Y retornando a la mano, y al beso, desde luego, considero que cada vez es un acto más íntimo, ciertamente de respeto, pero es una manera de transmitir gran cariño e insisto, para las mujeres, solidaridad. Mientras para los hombres, es un acto de galanteo y no necesariamente de sumisión. Entre hombres y mujeres eso ha quedado atrás me parece, la idea de obediencia entre uno y otro; es más bien un acto de coqueteo o de amor.

Ahora que, entre enviar besos por escrito a tocar distintas partes del cuerpo del otro, al darlos, me parece que enunciarlos en papel o en electrónico es tan frío, que requiere muchas más palabras, como preámbulo. A diferencia de todo aquello que puede lograrse sin palabras, y sí, al correr de una boca por distintas zonas corporales. Y este de los besos, es un gran trabajo para hacer a mano, una verdadera cuestión de manualidades, un ritual en el que nos volvemos exclusivos artesanos.
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