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Bienvenida embajadora Jacobson

  • Mireille Roccatti

«qui invenit amicum, invenit thesaurum»

Luego de casi un largo año en que estuvo acéfala la embajada estadunidense en nuestro país, arribo ayer finalmente a México la nueva embajadora, Roberta Jacobson Jacobson, una vez liberado el trámite para su designación a fines de abril en el Senado norteamericano, por presiones de un grupo conservador que le objetaban el rol principalísimo que jugó en el deshielo en la relación con Cuba.

Nos complace su designación, por ser una mujer preparada, Universitaria, calificada, que conoce y que quiere a México, que llega sin prejuicios, en un buen momento de la relación bilateral, sin conflictos o temas de agenda ríspidos. Es sobre todo ocasión de reevaluar, priorizar e incluir temas a la agenda binacional que satisfaga a ambos países, y que se haga de lado la agenda monotemática de seguridad pública.

La embajadora Jacobson, podríamos decir que proviene de la cultura del esfuerzo, hizo una larga carrera en el Departamento de Estado, donde se encargó del tema mexicano y después de aspectos relativos al TLC, fue responsable de la política latinoamericana, hasta ocupar el segundo lugar en esa, la más importante dependencia del Gobierno federal estadunidense.

En nuestro país, la Embajada de Estados Unidos tiene una especial significación y conceptualización política, digamos una especie de magia, los mexicanos, hasta no hace poco tiempo –quedan resabios- establecemos con los embajadores norteamericanos una relación de amor-odio. Y en nuestro panteón de villanos figuran notablemente, el primero de ellos, Joel R. Poinsset y desde luego, Henry Lane Wilson, quien representa una vergüenza para el propio pueblo estadunidense. Otros, más bien resultaron o fueron antipáticos por su forma de ser o de conducirse. Otros como Dwight W. Morrow, fueron aceptados por algunas prendas personales que los hacían agradables.

En cuanto a los más recientes, no agradaron ni John D. Negroponte ni John Gavin, el primero por la negra fama que le precedía y el segundo por frívolo; en cambio, cayeron bien Jeffrey S. Davidov, Carlos Pascual, Tony Garza y el último Anthony Wayne. Estoy segura de que la embajadora Roberta Jacobson se significará entre estos últimos por su sensibilidad, agudeza y buen trato. Aunque será una dura defensora de los intereses de su país.

Lo verdaderamente importante serán los temas comunes que amabas naciones privilegiaran en los últimos meses del Gobierno del Presidente Obama y el riesgo que sería que en las elecciones de noviembre ganara Trump, lo que podría poner término muy pronto al encargo de Roberta Jacobson, esto no es un tema menor y debemos empezar a construir una respuesta con acciones inmediatas y coherentes a esa posibilidad. Aunque en México, preferimos a Hilary Clinton, jurando en enero del 17 a orillas del Potomac.

Embajadora le deseamos, larga y feliz estancia en México.

«El que encuentra un amigo, encuentra un tesoro». Vulgata.