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Bloquean acceso a la vanguardia tecnológica

  • Alejo Martínez

Al gran economista británico David Ricardo (1772-1823), impulsor del liberalismo económico y sucesor en esa corriente del fundador de la economía como ciencia, Adam Smith, se le adjudica una ley o teoría que alcanzó gran arraigo y tuvo enormes repercusiones: la de las Ventajas Comparativas. Ahí se da un paso más allá de la Ley de las Ventajas Absolutas, la cual implicaba que un país debía especializarse en producir aquello para lo cual era más eficiente o se encontraba mejor dotado, a fin de que después pudiera intercambiar sus productos en el mercado internacional por bienes para los cuales otros países estuvieran mejor dotados. Así, Portugal produciría buenas uvas y vinos, mientras Inglaterra fabricaría buenos textiles y los intercambiarían con ventajas, en lugar de que la fría Inglaterra tratara de elaborar buenos vinos.

La Teoría de las Ventajas Comparativas impulsaba con todavía mayor fuerza el principio del libre intercambio internacional, al sostener que aun si se encontraban dos países en la circunstancia en que uno era mejor que el otro en la producción, por ejemplo de trigo y de maíz, le convendría más al país con ventaja en ambos cereales especializarse en sembrar aquél, para el que tuviera mayores ventajas comparativas (p. ej. trigo) y comprarle al país en desventaja el cereal para el cual está en menor ineptitud de los dos para producirlo (p. ej. maíz).

El denodado esfuerzo por generar uno de los bienes más preciados y crecientemente escasos en todo sistema económico, el del empleo productivo, ha conseguido que en cualquier área de producción en el que una nación tenga ventaja, busque acapararla para obtener los mayores beneficios y generar el mayor empleo posible. Este fenómeno ha propiciado que los países de mayor desarrollo vayan abandonando las industrias que en algún tiempo fueron de vanguardia y de mayor productividad, para concentrarse en los hoy sectores de punta y de mayor rentabilidad económica.

Inglaterra inició la Revolución Industrial y se convirtió en el primer país desarrollado en la historia de la humanidad y en la mayor potencia mundial reposando en esencia en la hoy relativamente primitiva industria textil. EU tuvo su gran auge en torno a la producción del hierro, acero, automóviles y algo más, que en la actualidad constituyen industrias relativamente rezagadas, cuya producción está siendo asumida por países de menor desarrollo como China, México y otros.

Los países más desarrollados continúan progresando apropiándose de los sectores productivos de vanguardia, los de más avanzada tecnología, los de mayor rentabilidad económica. Hoy las naciones de punta se concentran mucho más en la producción de conocimientos, de tecnologías, en los servicios que en la producción industrial. Y algo que se ha vuelto sumamente relevante: protegen la exclusividad en la explotación de sus privilegiados sectores de alta rentabilidad mediante la expansión de los sistemas de patentes tecnológicas.

En la actualidad si un país quiere romper las cadenas que lo atan al subdesarrollo, es imperativo que viole flagrantemente la Ley de la Ventajas Comparativas y que aun cuando carezca de tales ventajas, se esfuerce al máximo por incorporarse a los sectores de vanguardia tecnológica, pero se topará con un muro más infranqueable que cualquier otro: el de las poderosas patentes, hoy en vigorosa expansión.

amartinezv@derecho.unam.mx 

@AlejoMVendrell