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Bloquean acceso a la vanguardia tecnológica (II)

  • Alejo Martínez

Cuando se tiene ocasión de constatar las gigantescas diferencias de niveles de precios y de costo de la vida existentes, entre un país subdesarrollado como México y naciones avanzadas como Alemania, Japón, Suecia o muchas otras, y ponderar que los costos de una comida, un taxi, un autobús, el Metro, un refresco, museos, hoteles, estacionamientos, etc., son mucho más elevados que en nuestro país, puede saltarnos una duda natural, explicable:

¿Cómo diablos es que estos países tan exorbitantemente caros, con precios tan elevados nos exportan mucho más valor a nosotros de lo que nosotros podemos exportarles a ellos? ¿Por qué siendo tan costosa la vida en tales naciones, resultan ser mucho más competitivos que nosotros que tenemos precios mucho más bajos? En nuestras balanzas de cuenta corriente se aprecia un amplio superávit para esas naciones desarrolladas con un considerable déficit para nosotros.

¿Qué es lo que puede explicar esa aparente pero notable contradicción, en la cual el país de más elevados precios le vende mucho más al de precios más reducidos? ¿No debieran ser éstos los que mostraran mayor competitividad en el intercambio internacional? La razón que permite explicar tan paradójica contradicción radica en que las naciones avanzadas tienden ahora a exportar más servicios que bienes materiales o exportan bienes con escaso costo material. pero a muy elevado precio porque incorporan insumos científico tecnológicos, como es en el caso de los medicamentos de vanguardia.

Las naciones avanzadas tienden a capitalizar su mayor desarrollo científico tecnológico concentrándose en producir innovadores bienes y servicios que, estando a la vanguardia del conocimiento, les generen máxima rentabilidad y así tienden a delegar en naciones atrasadas las tareas rutinarias de menor rentabilidad. Ahora México se ha convertido en una potencia mundial exportadora de automóviles, pero el valor que le incorporamos a éstos apenas podrá alcanzar una cuarta parte del precio total, la mayor parte de su valor está constituido por insumos que importamos y las autopartes que contienen mayor precio y más avanzada tecnología provienen de los países desarrollados, mientras dejan las industrias que van tornándose obsoletas o menos sofisticadas a naciones tercermundistas.

Una notable excepción a esta regla la constituye EU, país que ha decidido transitar por una muy comodina ruta, capitalizando la irracional pero muy real fe semireligiosa que se mantiene en torno a su mundialmente desparramado dólar. EU, una enorme potencia tecnológica, padece en forma atípica un estratosférico déficit de cuenta corriente. La razón, como ya se ha tratado de explicar en este espacio, estriba en una desmesurada sobrevaluación del dólar, vía una desproporcionada emisión primaria de moneda que sale a los mercados internacionales, y que les brinda mucho mayor poder adquisitivo a los estadounidenses, al mismo tiempo que le resta competitividad con suma severidad a su aparato productivo.

La conclusión que se desprende de la paradójica contradicción citada es que son los productos de vanguardia tecnológica los que esencialmente les permiten a los países avanzados poder sufragar costos muy elevados y disfrutar de un privilegiado nivel de vida, y ese crucial factor lo protegen con singular denuedo en los acuerdos internacionales, mediante drásticos sistemas de patentes que les garantizan prolongada explotación monopólica de la producción.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell