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¿Buena estirpe nacional?

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“La herencia biológica es de orden genético, la herencia cultural no; Sócrates, Marie Curie, Einstein, Alfonso Reyes, Sor Juana, etcétera, dejaron a la humanidad herencias culturales. Todos podemos hacerlo”, leí y copié hace años, en una visita que hice al Museo Universum.

Hasta el cansancio hablamos de democracia y no sé si ello signifique que los que tienen menos posibilidades y menos cualidades físicas, tendrán las mismas garantías o serán pensados como parte de un todo.

La herencia biológica nos determina a los mexicanos, sOlo en parte; la otra, es la herencia cultural, y no sé qué estamos esperando de los demás, sin empezar por nosotros mismos.

¿Qué tendrá que ver con el sexo la buena estirpe nacional? Lo que decían las abuelitas, hijita, tienes que pensarlo bien, busca un muchacho que ayude a mejorar la especie y no la empeore… Después un cúmulo de atributos más: que sea de buena familia, educado, trabajador… Mucho nos falta por aprender aún y al parecer, los rezagos mayores son en la herencia cultural. Y ambos sexos.

El término eugenesia fue utilizado por Sir Francis Galton, en 1883, para referirse a las cuestiones relacionadas con lo que se llama en griego eugenes, buena estirpe o linaje, los dotados hereditariamente de nobles cualidades… Mejoramiento del linaje. En 2017, pensaríamos que todo esto está muy rebasado y que es un lenguaje añejo o que por lo menos tiene 70 años de lejanía (las guerras mundiales), pero podríamos recordar que las políticas públicas se pusieron al servicio de la mejora de la raza en México hace tiempo: que en 1931 se propuso el Servicio de Biología Criminal, para detectar los rasgos característicos de los portadores del estado de peligrosidad social y los delincuentes por naturaleza y que también existió la Sociedad Eugénica Mexicana para el Mejoramiento de la Raza (desaparecida hasta agosto de 1954, y de la que fungirían como socios honorarios Félix F. Palavicini, Rafael Carrillo y Fernando Ocaranza, entre otros), la cual consideraba que para el progreso social, se debía frenar el proceso de degeneración de la raza mexicana por medio del emblanquecimiento y desindianización de la población.

Dolorosas han sido las innumerables muertes que por contar con defectos físicos o ser considerados inferiores han sucedido a diario, aún sin que nosotros tengamos conocimiento. Por hambre, por pobreza, por ser distintos físicamente a otros incluso en el color, por no tener una nacionalidad determinada, por tener alguna enfermedad… Todo ello motivo de segregación y por la idea de tener una “herencia inferior”, también llamado: ignorancia.

Hoy las ideas de Charles Darwin se mantienen vigentes. La sociedad no ha alcanzado a hacer conciencia de cómo a través de políticas públicas se han acotado derechos individuales. Cómo la ley impedía que existiera un matrimonio si alguno de los cónyuges era alcohólico y/o tenía alguna enfermedad hereditaria, lo que hubiera podido generar taras en las siguientes generaciones. El derecho a decidir, conociendo las consecuencias, nunca estuvo al alcance de las leyes y de los ciudadanos.

“Una ideología científica tiene una ambición explícita de ser ciencia y un objetivo concreto: adecuar las explicaciones sobre la naturaleza a las necesidades de los discursos políticos, morales, religiosos y metafísicos de acuerdo al interés de un grupo social”, cita la doctora en biología, Laura Suárez y López Guazo en Eugenesia y racismo en México, libro editado por la UNAM, que elabora un estudio profundo sobre la eugenesia durante todo el siglo XX en esta Nación. Este trabajo, hace hincapié en que falta por estudiar cómo ha influido el discurso del eugenismo en la literatura mexicana, en el terreno educativo, y también, como las concepciones eugenistas se filtran en el campo de la investigación de la salud mental y en las técnicas que auxilian al derecho penal. ¿Qué tanto de ese discurso llevamos en la piel hoy día?

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Cuando el movimiento eugenésico en México, consideraban que la población mexicana se encontraba en un franco proceso de deterioro, que vinculaban con la tesis de la degeneración, tanto desde el punto de vista de sus cualidades físicas, como sicológicas y morales… Así se utilizó la ciencia y el conocimiento biológico, como plataforma para la instrumentación de las políticas sociales y pregunto: ¿pensarían ustedes que hemos mejorado? ¿Qué ese discurso ha quedado muy atrás?

Yo optaría por hacer terreno a la herencia cultural, en ella podemos contribuir todos. Modifiquemos nuestra herencia cultural. Pensemos en dejar un legado, pensemos en hacer algo por los otros.
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