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Buenos resultados, cuando los pobres conducen la política social / Horizonte Económico / David Colmenares Páramo

  • David Colmenares

Buenos resultados, cuando los pobres conducen la política social

El panorama no es alentador; el proceso electoral acentúa los problemas de bienestar en muchos Estados de la República. Al salir un poco a los Estados y municipios se puede observar y tocar la pobreza. Es evidente que tenemos un serio problema al respecto, ya que la desigualdad se incrementa, los empleos productivos son insuficientes, los salarios reales no crecen y el sector informal ya mostró sus límites, por ello la inseguridad aumenta.

En los últimos tiempos se han publicado libros importantes que marcan hitos en el estudio del desarrollo, la pobreza y la desigualdad, llevado a cabo investigaciones importantes, como las patrocinadas por Oxfam, como la de Gerardo Esquivel -Desigualdad extrema en México- y Una economía al servicio del 1 por ciento: el trabajo de años de Julio Boltvinick en el Colegio de México, así como todo lo realizado por la CEPAL, dirigido con brillo por la mexicana Alicia Bárcena. Publicó recientemente “Desarrollo Social Inclusivo: una nueva generación de políticas para superar la pobreza y reducir la desigualdad en América Latina y el Caribe” y “Tributación para un Crecimiento Inclusivo”.

Al margen de las mediciones, lo real es que tenemos una deuda eterna con los pobres, que han ido creciendo en número, así como con las clases medias.

Cierto, se destinan más recursos para combatir la pobreza, pero se han tenido logros limitados en las regiones y estados más pobres; quizá lo mejor hayan sido los programas de Coplamar, el Sistema Alimentario Mexicano, fundamentalmente el Programa Nacional de Solidaridad, Progresa y algunos más, como los que apoyan hoy a pequeños proyectos productivos.

Hay buenos resultados cuando se establece el binomio de buenos gobiernos estatales, buena disposición federal y una amplia participación ciudadana. Esto es, cuando se descentraliza la política social. El mejor control es el que pueden hacer los pueblos.

Un ejemplo importante fue Oaxaca a fines de los ochenta e inicios de los noventa, siendo gobernador Heladio Ramírez López. Se implementó una serie de programas, en algunos casos con respaldo de organismos internacionales, como todos los que tenían que ver con el agua, destacando Lluvia, tequio y alimentos; Atajar el agua a como de lugar, etcétera. Participó en ello gente valiosa, muchos oaxaqueños por supuesto, ahí andaban Gustavo Esteva y Armando Labra, entre otros.

La clave de estos programas, pequeños programas, no era el monto de recursos, sino la participación ciudadana.

Una figura exitosa, que no ha sido superada, es la del programa de Contraloría Social, que apoyó la Secodam y el Gobierno federal respetó y avaló, así como la capacitación que se daba por todo el estado a los actores del desarrollo, esto es a las comunidades y a sus dirigentes, para explicarles para qué, cómo, en qué rubros, qué procedimiento seguir para no cometer errores ni desvíos en el uso de los recursos, etcétera.

Prueba de ello fue que Oaxaca solicitó a la Secodam auditase el ejercicio financiero de los recursos y a la Subsecretaría de Hacienda el pago de los impuestos de los funcionarios públicos, con resultados exitosos, quedando testimonio escrito de ello.

Por otra parte, hoy hace falta simplificar las reglas de operación de los programas sociales, reconociendo las diversas realidades del país, desburocratizando su ejercicio y regresando a que los ciudadanos de los municipios o las agencias sean los protagonistas de su propio desarrollo. Hay avances pequeños pero significativos en algunos estados y en programas, como los de Liconsa y Diconsa. Ya los comentaremos.
brunodavidpau@yahoo.com.mx