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Cada quien su cloaca

  • Salvador del Río

Salvador del Río

La disputa sucia por el poder. La presencia de cualquier funcionario federal en el Estado de México en horario laborable, será motivo de denuncia de delito electoral, incluida la del Presidente de la República.  La delegada en Miguel Hidalgo de la Ciudad de México, Xóchitl Gálvez, fue agredida por el dirigente seccional del PRI en una colonia del municipio de Tlalnepantla cuando asistía a un acto proselitista a favor de la candidata del blanquiazul, Josefina Vázquez Mota. La candidata al Gobierno del Edomex por el partido Morena, Delfina Gómez, es acusada públicamente, nada menos que por el expresidente Felipe Calderón, de ser títere del líder nacional de ese partido, Andrés Manuel López Obrador. Se veda a los presidentes nacionales de los partidos políticos a hacer campaña a favor de sus candidatos y, consecuentemente, de sus propios partidos.

Bonita democracia. Todos contra todos. El golpe bajo, la descalificación, la aparición de procesos judiciales, aparentemente enterrados, coincide con la cercanía de las elecciones, no obstante que muchas de esas investigaciones datan de tiempo atrás. Es la batalla campal. En los estados donde habrá elecciones en junio próximo, preludio ominoso de lo que ocurrirá en las presidenciales de 2018.

Hay de todo. Un reloj caro provoca la crítica descalificadora de los improvisados valuadores de la oposición. Los políticos deben cuidar cómo se visten, en qué vehículo se transportan y a qué sitios asisten.

Se niega al presidente de la República y a los gobernadores de los estados la libertad de pronunciarse a favor de los candidatos de sus partidos y de sus campañas; se olvida, no obstante que en otros países, particularmente en la admirada democracia estadunidense, esa posibilidad es perfectamente aceptada como se dio en la campaña que el presidente Barack Obama llevó a cabo en apoyo abierto a la candidatura de la aspirante de su partido, Hillary
Clinton.

Lo primero que se pregunta a un candidato a gobernador es cuándo, en qué forma llevará a la cárcel a su antecesor. En tanto cinco exgobernadores, lo mismo del PRI que del PAN, se encuentran prófugos de la justicia o sometidos a proceso por delitos que sus sucesores buscan a todo trance acumular para refundirlos en la cárcel. La delincuencia, la violencia, la presencia del narcotráfico y el crimen organizado se enseñorean en esas entidades sin que hasta el momento haya posibilidad de reducir su incidencia. El combate a la corrupción, a la impunidad, al crimen, al narcotráfico se ha convertido no solamente en lo que debería ser una prioridad para garantizar la seguridad de la población, sino en arma política para denostar, derrotar y aniquilar al contrario. El discurso político traspone los límites de esa lucha y olvida la propuesta, el programa, el principio ideológico que debería estar presente en primer plano en la contienda política.

En 1997, con las primeras modificaciones a las leyes electorales y la apertura a la oposición con la aparición de los diputados de partido en 1962, se afirmó que la pluralidad política y la diversidad traerían como consecuencia un resurgimiento de la democracia. Las ideas, los principios, los programas terminarían por imponerse por sobre lo que por tantos años se llamó la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional y el autoritarismo presidencial, cuyas causas se encontraban en la debilidad de la oposición. Nada de eso ha ocurrido. En la lucha despiadada, sucia, se pierde la democracia y se aleja la esperanza de una auténtica pluralidad en la vida política. El ejercicio del poder, un gobierno o una presidencia municipal pueden ser la puerta a la cárcel terminada la gestión. Que cuiden su cola los que vienen.
Srio28@prodigy.net.mx