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Cambio climático, sin marcha atrás / Sutilezas / Yolanda de la Torre V.

  • Yolanda de la Torre Valdés

Haciendo un muy breve ejercicio de memoria, hasta hace quizá un par de décadas en la Ciudad de México era relativamente común ver los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl con algo de nieve a partir de una altitud de cuatro mil 800 metros sobre el nivel del mar, entre los meses de octubre y noviembre, y gradualmente ver cómo con las nevadas de diciembre, enero y febrero, la nieve llegaba hasta los tres mil 700 msnm, llegando a unir a ambas montañas a la altura del llamado Paso de Cortés. Inicié mis primeras visitas a la Ciudad de México desde 1985.

Hoy eso es ya parte del pasado, los inviernos en el Valle de México son secos y si llega a caer alguna precipitación, los volcanes llegan a verse nevados cuando más hasta los cuatro mil msnm, ya no se unen por el Paso de Cortés y bastan unos cuantos días para que la poca nieve que cae se derrita sin dejar más rastro que el de algunos mínimos glaciares en el Iztaccíhuatl y grandes superficies cubiertas por rocas y tierra.

Es más, tiempo atrás, la usual advertencia que se le hacía al montañista que subía al “Popo” o al “Izta” era la de tener cuidado con las grietas de los glaciares, que llegaban a profundidades de hasta 100 metros. Hoy la advertencia es tener cuidado con los asaltantes que despojan a los deportistas de sus equipos a más de cinco mil metros.

Lo citado es apenas una mínima expresión del cambio climático que vive nuestro planeta. Antes cuando veíamos un reportaje sobre el Polo Norte, lo común era ver las grandes superficies de hielo que constituían el Océano Ártico, hoy la cosa es distinta, lo que se ven son placas de hielo flotando en el agua y cualquier cantidad de charcos donde antes eran superficies glaciares. Hoy los osos polares del Ártico lucen frágiles y desprotegidos al complicárseles la caza, las ballenas se ven desorientadas con placas de hielo, que ya permiten que se filtren los rayos del sol en las aguas marinas que suelen estar al menos a cuatro grados bajo cero, sin congelarse por la salinidad que aún tienen.

Ante tales evidencias de un marcado cambio climático, llama la atención que el ala ultraconservadora del Partido Republicano en Estados Unidos, el Tea Party, continúe negando la existencia del mismo y siga dando su aval a quienes insisten en seguir haciendo uso de los gases de efecto invernadero en los procesos industriales.

Hay quienes desde una perspectiva científica, señalan que no es la primera vez que nuestro planeta vive un cambio de esta naturaleza en su clima, por lo que señalan el más reciente período glaciar que data de al menos 10 mil años atrás. Efectivamente, la Tierra tiene sus ciclos, pero muy poco favor le hacemos acelerando el que ocurran, tal como está ocurriendo actualmente.

No son pocos los científicos que indican que el cambio climático no tiene vuelta atrás, y que lo más que podemos hacer en la actualidad es retrasarlo en alguna medida, pues en los últimos 50 años el incremento de la temperatura prácticamente duplicó el de los 100 previos que fue un aumento de 0.74ºC, por lo que se calcula que si las concentraciones de gas de efecto invernadero en la atmósfera se duplican respecto a los niveles preindustriales, el calentamiento implicaría un aumento en la temperatura de unos tres grados centígrados.

Es necesario que tengamos presente que en los últimos años de la pasada década de los 90’s y en los primeros años del siglo XXI, han sido los más calurosos desde que se tiene registro del clima, llevando a que el hielo del Océano Ártico disminuya un 2.7 por ciento cada 10 años.

Hablar de cambio climático ya va mucho más allá de pensar en ecología, discursos políticos o meras cátedras universitarias, tiene que ver con la mera supervivencia de nuestra especie y de la vida misma en el planeta, mismo que hasta el momento es el único que conocemos que la desarrolle en el universo.

¿Estamos dispuestos a llevar a tal grado la destrucción?

 

*Diputada federal por Durango

yolanda.delatorre@congreso.gob.mx

@yoladelatorre