imagotipo

Cambio de sistema en España / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

España vive momentos inéditos. Aventurado sería tratar de predecir ahora qué pasará en los próximos días; pero en lo que no se puede estar más que de acuerdo es en “lo que se ha votado es un cambio de sistema”, como lo afirmó el líder de Podemos.

Lo sucedido en el 20-D (como hoy se suele mencionar los días especiales por el día y por el mes) en las elecciones españolas, marcan las nuevas tendencias: romper con el bipartidismo, voltear a ver a las nuevas opciones, máxime si éstas son antisistemas y como un producto de sucesivas crisis que han afectado a la sociedad en su conjunto.

Los resultados, ampliamente difundidos, le dan una ventaja minoritaria en porcentajes al Partido Popular (PP) del actual presidente Mariano Rajoy (28.7) seguido por un menguado  socialismo representado en el PSOE (22), un ascendente Podemos (20.6) y una fuerza de la que se esperaba más, Ciudadanos (13.9). Así como de agrupaciones regionales con un número importante de escaños que serán determinantes en un Gobierno de coalición.

En un cerrado resumen de los acontecimientos por venir, según las fechas programadas, será a más tardar en enero 13, cuando se definan los pactos y alianzas para “formar Gobierno”, lo que puesto en escena, significa que se determinará si procede un Gobierno de coalición o se resuelve en convocar a nuevas elecciones antes de que concluya el primer semestre de 2016.

Muchas cosas están en juego, pero tal vez lo principal sea si España se convierte en “la España plurinacional” como el propio Iglesias mencionó ante su triunfo y con las regiones claves como Cataluña y el País Vasco; que en número de electores superaron los 8 millones. Por lo mismo, se antoja menos una coalición de las izquierdas, pues el PSOE se ha manifestado contrario a aceptar una separación regional y desintegrar lo que con tantos trabajos se ha mantenido y que es la de una España unida.

Difícil y a prueba estará la función que Felipe VI sí, llegado el caso, tenga que hacer uso de sus facultades constitucionales de decidir la formación de un Gobierno en un país que muchos consideran, dadas las actuales condiciones, como ingobernable.

Se pone a prueba más que una tarea de buen negociador, a un político que tenga la posibilidad de aceptar que existen nuevos tiempos y circunstancias que requieren de una visión no de  corto plazo sino que defina el futuro de una nación, que si bien está constituida a la vez de varias nacionalidades, no se fragmente. Tal vez, visto desde fuera, tendrá que aceptar el rey que no se puede mantener un “status quo” que ya no responde a lo que esta nueva generación de españoles quiere para sí misma. A fin de cuentas nada es para siempre y Rajoy tendrá que aceptarlo.

Visto con otra óptica, lo sucedido en estas elecciones en España alentará a otras conformaciones políticas en países distintos, pero lo que no hay que olvidar es que cada caso es diferente.