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Candidatos antisistémicos / Razón de Estado / Joaquín R. Narro Lobo

  • Joaquín Narro Lobo

Apenas en el último domingo del invierno, Federico Berrueto publicó un concienzudo artículo en el que disecciona el perfil de las candidaturas -que no necesariamente los candidatos- que a la sociedad le gustaría ver en las elecciones presidenciales de 2018. Haciendo referencia a una columna de Liébano Sáenz, menciona que los candidatos que hoy resultan más atractivos no necesariamente son aquellos que cuentan con una propuesta convgruente e hilada de lo que sería su Gobierno, sino quienes en el discurso y el planteamiento rompen con lo establecido por el sistema. Berrueto menciona como claros ejemplos a Jaime Rodríguez, en Nuevo León, o Andrés Manuel López Obrador, en las encuestas.

Efectivamente, pareciera que muchas sociedades hoy no quieren escuchar sobre propuestas que den continuidad y mejora a aquello que ya se ha hecho. Incluso, buena parte del electorado que en 2018 decidirá la elección presidencial, los jóvenes, no quieren saber de proyectos de Gobierno basados en la manera clásica de gobernar. El desencanto en nuestros políticos y gobernantes, así como la permanente crisis económica, laboral y de valores, han movido al electorado hacia el extremo de preferir escuchar discursos enardecidos en contra de la clase política tradicional sin importar que muchas veces estos carezcan de una idea clara sobre qué hacer en caso de llegar al poder. El resentimiento de amplios sectores de la población por encima de propuestas claras y concretas.

Es bien cierto que hoy México parece no encontrar soluciones a sus múltiples y longevos problemas. Corrupción, pobreza, desigualdad, impunidad, inseguridad, desempleo, rezago educativo, entre muchos otros, son temas que sexenio tras sexenio, campaña tras campaña, se vuelven tema de debate y discusión, sin que hasta el momento hayamos logrado encontrar vías de solución. No obstante, la simple crítica y la ruptura con el “stablishment” no solucionará por si sola situación en que nos encontramos como personas y como país. Se requiere más que simplemente decir que las cosas están mal para transformar la realidad y comenzar a construir una realidad más justa, incluyente, equitativa y próspera para aquellos a quienes el sistema les ha quedado a deber.

México corre el riesgo de perder la oportunidad de concretar algunas de las reformas recientemente aprobadas por buena parte de nuestros representantes populares. El próximo Gobierno tendría que ser uno que apostara por la consolidación de reformas estructurales como la energética, la fiscal o la de telecomunicaciones. Sin embargo, la estridencia de quienes apuestan por los votos aún a riesgo de perder la estabilidad y el desarrollo, puede provocar el estancamiento nacional y el retroceso, aún más, de quienes hoy se encuentran en condiciones de pobreza o incipiente medianía. Por el bien del país, espero que de presentarse candidatos antisistémicos, si hablen de ruptura y cambio radical, pero con una idea clara de hacia dónde, qué y cómo quieren construir el futuro del país.

joaquin.narro@gmail.com       Twitter @JoaquinNarro