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Canofobia / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

A María de los Ángeles Moreno, por su lucha en defensa de los animales

Uno de los encantos de la colonia Condesa es que la gente ha regresado a la calle, a convivir, a disfrutar de los espacios públicos con delicioso sabor de barrio que humaniza el asfalto. Hay opciones para todos: deportistas, contertulios para sus múltiples cafecitos, comensales para su interminable oferta gastronómica pero, sobre todo, hay espacio para las familias que pasean con sus hijos y sus mascotas en los parques México y España, donde la pluralidad es cotidiana.

Pero esta ejemplar convivencia se ha visto amenazada desde hace unas semanas, porque uno o varios asesinos (al que mata a un ser vivo se le puede calificar como tal) decidieron esparcir en el Parque México un poderoso veneno que cobró la vida de por lo menos una veintena de perros. No se trata solo de canes callejeros, sino también de mascotas amadas por sus dueños.

Desde hace algunos años en mi colonia ha crecido el fenómeno de “los perros condechi”, casi todos adoptados por solteros o familias sensibles. En varias esquinas los fines de semana hay perritos en adopción. Se fomenta la propiedad responsable, la esterilización y el principio franciscano de dar hogar, amor y sustento a los infortunados peludosde la calle, que en su mayoría están ahí no por generación espontánea; alguna vez fueron adquiridos como juguete y abandonados en cualquier esquina por quienes nunca tuvieron conciencia de que un ser vivo es una responsabilidad y no una cosa que se tira cuando estorba. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud local, se estima que en el Distrito Federal hay más de un millón 200 mil perros en situación de calle. De éstos, tres de cada cuatro tuvieron hogar en algún momento. Por supuesto que en la calle, sin control, defecan al aire libre, se reproducen sin control, enferman y mueren después de una vida de sufrimiento inaudito. Hay tres centros antirrábicos en la ciudad, donde -y el solo escribirlo me hace llorar- mensualmente se sacrifican por electrocución (una muerte dolorosísima) más de doce mil perros y gatos.

Hay una ley vigente que castiga el maltrato animal, producto de un enorme esfuerzo impulsado por María de los Ángeles Moreno, una mujer comprometida con las mejores causas. Es un gran principio, pero las asociaciones protectoras opinan que hay que endurecer los castigos. Penarlos con meses y años de cárcel, como se hace en otros países donde las penas corporales se han visto reflejadas en la menor incidencia de crueldad contra estos seres indefensos.

Está comprobado en los estudios de criminología que los más terribles asesinos empezaron torturando animales. La muerte por envenenamiento es una de las más dolorosas y crueles. ¿Por qué ensañarse con los animales que no tiene la culpa? En todo caso, los dueños que no recogen los desechos de sus mascotas o los pasean sin correa son los verdaderos culpables.

Además de la ley, debe existir un programa integral que incluya los esfuerzos del gobierno y de la sociedad civil. Hay que educar, sensibilizar, promover la adopción, la esterilización y la propiedad responsable de mascotas. Las mismas empresas del ramo podrían recibir algún estímulo fiscal si apoyan a los albergues, patrocinan hospitales veterinarios de interés social y campañas de educación y prevención de la crueldad animal.

Él o los asesinos de canes andan sueltos y ahora amenazan con regar veneno en los parques de Coyoacán. ¿No se supone que hay cámaras por toda la ciudad, parques incluidos? Hay que dar con los culpables antes de que sigan esparciendo el veneno que además, no solamente puede cobrar víctimas de cuatro patas, sino niños pequeños que están en alto riesgo.
andreacatano@gmail.com