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Caos en “Los Cabos Chaos” / Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

En la Feria del Libro en Guadalajara, de 2014, dijo la brasileña Nélida Piñón: “Yo vengo de un país donde los árboles miden 50 metros y eso afecta a nuestro imaginario. Son mis ancestros, lo que me contaron, soy hombre y mujer, animales y vegetales a la vez. Porque solo podemos entender quiénes somos siendo múltiples y porque solo podemos escribir siendo todo eso a la vez”. Sin embargo, ella quedó en mi memoria con este latigazo: “El caos es extraordinario. El arte no tiene buena educación, es para sembrar la discordia, ¡no hay paz!”.

Y eso siento que pasa en Los Cabos, en Baja California Sur, desde el día aquel en que un disfrazado de payaso irrumpió en una fiesta en el Ocean House, del Hotel Marbella, y mientras cantaba Luis Antonio López, “El Mimoso” de la banda El Recodo, asesinó al presunto narcotraficante Rafael Arellano Félix que vivía desde el 2011 en Los Cabos y ese día celebraba. Estaban allí personajes como Jared Borghetti; fue el 18 de octubre de 2013.

Al año siguiente vendría el Huracán “Odile” y todo cambió. Hasta la fecha, por ejemplo, usted viajera y usted viejero, no pueden tomar siquiera un café en la sala del Aeropuerto de Los Cabos porque no terminan de arreglarlo a más de un año del “Odile” que dejó la ciudad presa de la rapiña. Muchos hoteles aún no se reponen tanto en San José como en Cabo San Lucas. El Caos se define como “desorden o confusión absolutos”. No hay una definición universal sobre el caos, pero hay ingredientes en los que los científicos estamos de acuerdo: Movimiento oscilante; alude al Determinismo cuando el sistema no es azaroso. El comportamiento irregular surge de la no linealidad y sensible a las condiciones. Webster define “complete confusion and disorder a state in which behavior and events are not controlled by anything” (“Completa confusión y desorden en un Estado donde el comportamiento y los eventos no son controlados por nada”).

En Los Cabos no hay drenaje, todo funciona con fosas “sépticas” y la contaminación del subsuelo y de las playas es grave, tan es así, que solo una playa recibió la certificación Blue. Hay un descontrol en los arroyos o cauces. No funcionan bien las plantas de tratamiento de agua ni en los conjuntos lujosos, ni en los pestilentes como El Tezal o las colonias populares llenas de miseria y abandono, sin pavimento, luminarias, seguridad o transporte público. El presidente de los Colectivos ha llegado a denunciar hasta 16 asaltos diarios a sus camioncitos que no pueden renovar por problemas de cuotas y otras marañas. Se riegan los jardines y campos de golf con aguas negras mal procesadas y la nube de moscas imposibilita hacer una simple carne asada al aire libre.

La mayor parte de las calles están sin pavimentación adecuada, igual las laterales de la Transpeninsular, el orden vial es un mazacote. Pero quizá uno de los problemas más graves después de la pobreza y el descuido social, es el problema del caótico manejo de los residuos sólidos, es decir, de la basura. No hay un programa Integral como marca la Ley General para la Prevención y Manejo Integral de los Residuos, no hay un solo relleno sanitario, sino tiraderos a cielo abierto que no cumplen con la Norma 083 y la proliferación de cucarachas, moscas y mosquitos es impresionante. Los baldíos, son un espectáculo fabelesco en el mero Centro de la ciudad y en los alrededores incluso de los hoteles. En las marinas no hay drenaje como marcan las normas. El agua potable escasea en las colonias proletarias a las que sacrifican y obligan a comprar agua carísima a hidrotraficantes. Ya no le digo de la obesidad, BCS es el número uno del país. Este año le canceló Guerra Abud a Los Cabos la celebración de la COP-13 de biodiversidad del 2016, porque ni siquiera el destartalado Centro de Convenciones se ha podido restaurar. Si no ayudamos al nuevo alcalde y su equipo de inexpertos, habremos perdido uno de los más famosos puntos turísticos.

rojedamestre@yahoo.com