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Cara sucia electoral / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

“Enchapados” hasta lo indecible, otros temas pasan a la oscuridad. La inaudita telenovela de la “ermoza” y el delincuente, atrae como moscas al panal, a infinidad de sectores que la siguen, tal cual si fuera la Biblia.

Habrá que esperar, con paciencia de Job, los laberintos jurídicos que consigan o no, echar fuera del país al horror de marras y que la interfecta y megaambiciosa estrellita pase a ocupar el lugar que le corresponde, en lo que debería ser un juicio impecable.

En el ínterin, los colimenses irán mañana a las elecciones extraordinarias, para gobernador. Se llegó el tiempo de enderezar el entuerto del año pasado, cuando el priísta Ignacio Peralta ganó por una diferencia de solo 503 votos. A pesar de segundos conteos, el Tribunal Electoral determinó lo que podría verse como una segunda vuelta.

Aunque varios partidos aspiran al triunfo, la batalla campal se dará entre el PRI y el PAN. Repiten el tricolor Peralta y el panista Preciado y cada uno jura que tiene la silla grande en la bolsa.

Desoladora la campaña de 35 días. Si en este trópico se habían visto lodazales, quedaron superados por la inquina, los golpes bajos, las calumnias y demás agresiones entre el par de postulantes.

Uno y otro se dijeron cuanta aberración se les vino a la cabeza y sembraron, con su violencia verbal, un camino sin retorno. O, ¿a la población dividida se le esfumarán de la mente, las increíbles afrentas y dizque “destapes” de la nula calidad de ambos?

Gane quien gane el daño está hecho. Para sus opositores será un ejecutivo estatal con fama de sátrapa, al que, de entrada, se le tendrá desconfianza. Mucho tendrá que hacer, para recuperar imagen e intentar reunificar a quienes se les dijo que llegaba con una trayectoria negra.

Si difíciles son las condiciones de la narcoviolencia en la entidad, peor se pondrán. El, en apariencia pacífico estado, contabiliza 15 homicidios en dos semanas. Algunos ocurrieron en plena vía pública, o en establecimientos comerciales. Hubo cuerpos desmembrados, con los típicos carteles que refieren la guerra entre mafiosos, por el control de la plaza.

Colima se distingue por los asesinatos de políticos, incluido el del exgobernador Silverio Cavazos, en el 2010. En octubre del año pasado cosieron a balazos a otro exgobernador, Fernando Moreno Peña, quien logró sobrevivir. No así dos de sus sobrinos, el último ejecutado recientemente (Samuel Rodríguez Moreno), a quien se le señalaba como autor intelectual de la muerte de Cavazos.

Los pleitos entre poderosos grupos priístas estatales se dirimen a tiros, o esa impresión da. Si se le añade el ingrediente del narco se cierra el círculo y la paradisiaca entidad, en particular Manzanillo, muestra la decadencia de otros enclaves.

Ni Peralta ni Preciado se ven de altura. Para los colimenses la caballada está flaca, lo que podría tener graves consecuencias en su futuro. Al par de postulantes se les señala por negocios ilícitos y a Preciado, encima, por falta de ética y moral en su vida privada. Argumentaron que eran falsedades, pero lo dicho está y la sociedad se quedó con la espina clavada, en cuanto a la auténtica personalidad del que resulte triunfador. La porqueriza electorera convoca al abstencionismo, así como la mediocridad de los candidatos.

Para el PRI y el PAN es la prueba de fuego que les permitirá predecir sobre el pronóstico de las tantas elecciones de este año. Para el ciudadano común, la confirmación de la falta de prospectos y el regreso a los puros lodazales.
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