imagotipo

¡Caro!… Lo de Ciudad de México / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Y, como siempre, los paganos del asunto tendremos que “apoquinar” por las estulticias de un Congreso de “ausentes” y los consabidos indeseables desgobernantes.

Congreso de “ausentes” de la realidad que azota a quienes son los receptáculos de sus legislaciones. Ni quien pensara, y se lo firmo, en las desastrosas consecuencias de cambiarle el nombre al Distrito Federal para asestarle el de Ciudad de México.

Como si hubiera sido esencial en la Reforma Política -por la que la capital se convierte en un Estado más de la República- su minimandamás, Miguel Mancera, se cuelga más “corcholatas” que con las que se condecoró a los monarcas Árabes.

Para el mediocre jefe de Gobierno se trató de un triunfo apabullante…y para él podría serlo. Pasará a los libros de texto único como quien presidía el DF cuando se volvió “toda una entidad”. Jamás soñó con la posibilidad de intervenir en la conformación del grupo redactor de la correspondiente Constitución y menos el que ahora nos podrá endeudar a su gusto y capricho.

Ya vienen los primeros ramalazos. Con su vocecita de Titino declaró que habrá que reemplacar todos los vehículos. A la gente común y corriente se le vino a la cabeza desde que dieron la “buena nueva”.

Negociazo de negociazos, ya deben estar “en sus marcas” los amiguetes que le entrarán, haciendo cuentas de la millonada que proveerá el apoteósico –en vista de los cientos de miles de automóviles- trámite.

Como para que nadie se asustara, dijo también “que estudian la fórmula para hacerlo rápido”, como si tuvieran la capacidad de simplificar la tragedia del papeleo. Ni quien le crea.

La mención del “cambalache” remite el pensamiento a las kilométricas filas; la búsqueda enajenante de factura, tenencias, tarjeta de circulación y demás engorros con los que tiene que presentarse. ¿Fácil? Desde sacar el acta de nacimiento es un reto similar al de recibirse de doctor en química quántica y, de un tiempo a ahora, el que solo convaliden las que tengan tres meses de emisión acabó de desquiciar a los solicitantes.

Una vez en las manos, los innumerables errores que la nulifican: mal escrito el apellido del padre, de la madre o abuelos. Siempre con errores garrafales, que encima te obligan a presentar una queja que acaba en tortura.

Como todo tiene un costo, habrá que cubrir el de la placa, de las copias de la factura y demás exigencias que irán a dar al bote de basura en cuanto se cumplimenten los requisitos. O ¿dónde diantres tienen los distintos niveles de Gobierno espacio suficiente como para archivar las cantidades inauditas de documentos y las respectivas copias? ¿Sabrán que existen las computadoras y en algún momento entenderán que son la solución?

Al modificar el nombre de la megalópolis, los documentos personales podrían perder validez. CURP, credencial de elector, licencia de manejo aparecen con la denominación DF. De forma que, a quienes vivimos en estos lares nos esperan meses de ventanillas “burrocráticas”, fuertes gastos, pérdida de mañanas y tardes enteras y derrames biliares al por mayor.

¿Ni siquiera les pasó por la cabeza a los diligentes legisladores? ¿No se les ocurrió que era un auténtico dislate? Más de uno pensaría en la gloria de convertirse en proveedor de la nueva papelería; con eso basta y sobra.

La conversión a Estado pocos beneficios traerá a sus habitantes. Por el contrario, los acabará de hundir en el pantano de la tramitología, que no solo provoca dolores de estómago, sino de “bolsillo”.
catalinanq@hotmail.com  / Twitter: @catalinanq