imagotipo

Catalina la Grande, una voluntad de hierro

  • María Esther Estrada

AMSTERDAM, Holanda. (OEM-Informex).- Cuando pensamos en algunos personajes que han hecho historia, muchas veces pareciera que su vida fue miel sobre hojuelas y que simplemente estuvieron en el lugar adecuado en el momento adecuado. Pero no siempre es así. O más bien, casi nunca es así.

Tal es el caso de la zarina Catalina la Grande (1729-1796) quien llegó a la corte rusa como un diamante en bruto y, con esfuerzo, paciencia, inteligencia y don de gentes, se pulió a sí misma hasta convertirse en la emperatriz más importante de su tiempo. Sus logros siguen vivos 220 años después de su muerte.

Ella es la figura central de la exhibición que acaba de inaugurarse en el Hermitage, Ámsterdam. En medio del fausto de su corte descubrimos la vida de esta mujer que me pareció apasionante.

DE PRINCESA PRUSIANA A EMPERATRIZ RUSA

Iniciaré con el epitafio que ella misma escribió cuando tenía 60 años, unos 7 antes de morir:

“Aquí yace Catalina la Grande, nacida en Stettin el 21 de abril de 1729. En 1744 llegó a Rusia para casarse con Pedro III. A los 14 años tomó la decisión de agradar a su marido, a Isabel (la zarina en ese momento) y a la nación. Nada la detendría en su empeño. Sin embargo, 18 años de aburrimiento y soledad le dieron la oportunidad de leer muchos libros de todo tipo. Cuando llegó al trono de Rusia, quiso hacer lo mejor para su reino y trató de llevar felicidad, libertad y prosperidad a sus súbditos. Perdonaba con facilidad y no odiaba a nadie. Era positiva, sencilla y alegre. Tenía un espíritu republicano y buen corazón. Hizo muchos amigos, le gustaba su trabajo, amaba el arte y era sociable por naturaleza”.

Ahora sí, veamos los detalles biográficos: Sofía Federica Augusta van Anhalt-Zerbst nació como primogénita de una familia noble prusiana. Su institutriz le enseñó a hablar francés y la familiarizó con los trabajos de los mejores dramaturgos galos del siglos XVII: Molière, Racine y Corneille.

A los 10 años le presentaron a un primo lejano, Karl Peter Ulrich de Holstein-Gottorp, nieto del zar Pedro el Grande (1672-1725).Cuando éste murió lo sucedieron en el trono diversos familiares, hasta que en 1741 llegó al poder su hija Isabel I. El problema de ser soltera y sin hijos lo solventó designando como heredero a su sobrino Karl Peter Ulrich. Consideró que ni Sofía ni su familia le iban a dar problemas políticos, así que aprobó la boda, que se llevó a cabo en 1745. Para ello, Sofía renunció a su fe luterana, se bautizó cristiana ortodoxa y cambió su nombre a Catalina Alekséievna.

El matrimonio fue desafortunado desde la primera noche, en que Peter fue incapaz de consumarlo. A esto se sumaron sus diferencias de carácter e intereses. Nueve años después Catalina dio a luz un hijo, Pablo. El pequeño fue alejado de su madre y criado bajo la supervisión de su tía, la zarina Isabel. A Catalina la excluyeron de la vida de la corte y le prohibieron mantener correspondencia con el mundo exterior. Ella dedicó estos años a leer sobre su país de adopción y el mundo. Todo le interesaba, de filosofía a política. Poco a poco, a pesar del aislamiento en el que vivía, gracias a su carácter abierto y amable, fue armando torno a sí un grupo de personas competentes y dedicadas que quedaban encantados con su personalidad, tan contrastante con la de su marido, a quien aparentemente sólo le interesaba tocar el violín, beber y jugar con soldaditos de plomo.

A partir de diciembre de 1761 en que falleció Isabel I, los eventos se desencadenaron con rapidez. En enero de 1762 su marido se convirtió en Pedro III. A principios de junio él la humilló en público durante un banquete. ¡El momento había llegado! El viernes 28 de junio, junto con sus aliados, llevó a cabo un golpe de estado sin derramamiento de sangre que contó con el beneplácito de la Iglesia, el ejército, la mayor parte de la aristocracia y del pueblo ruso. Mandó a su marido al exilio. Tres meses después fue estrangulado por uno de sus guardias.

El 22 de septiembre de 1762, en la Catedral de la Asunción de Moscú, Catalina fue coronada emperatriz.

SU REINADO DURÓ 34 AÑOS

Transformó a Rusia en una potencia mundial. Inició con un plan para reformarla radicalmente. Su objetivo era ser una monarca ilustrada y poner fin al ejercicio arbitrario de la autoridad. Sin embargo, sus intentos por abolir el servilismo y establecer la igualdad de todos los ciudadanos la enfrentó duramente con la aristocracia. Entendió que no podría ganar esa batalla y tuvo que retirar esas propuestas de su Gobierno. Con coraje, determinación, mente abierta, sentido común y del humor, se involucró en otros proyectos de mejora que abarcaron de la industria a la agricultura, de la armada a la marina, de la salud a la educación, del sistema de justicia a las instituciones de Gobierno, de las ciencias al arte y la literatura. Gustaba de trabajar en equipo. Mantuvo correspondencia con las grandes mentes del momento, como Voltaire. Su fuente de inspiración fue Pedro I, el Grande, a quien admiraba.

Logró ampliar su imperio con enormes nuevos territorios al sur y al oeste. Un gran logro fue conseguir, en 1774, acceso directo al Mar Negro.

Otro importante legado es su colección de arte, origen del Hermitage. En 1764 hizo su primera gran compra: 317 pinturas propiedad del empresario alemán Johann Ernst Gotzkowsky, con las que empezó a decorar su residencia oficial, el Palacio de Invierno en la ribera del río Nevá en San Petersburgo. Fue ampliándola con ayuda de sus asesores y sus representantes diplomáticos en países europeos. En lo personal, su pasión fueron los camafeos, se dice que en 1794 llegó a tener más de 10 mil.

Durante su reinado se fundó la Academia Rusa de la Lengua (1783) y el Teatro Bolshoi.

SUS AMANTES

A lo largo de su vida por lo menos tuvo 12 (en la exhibición pude ver sus retratos y las fechas en que gozaron de los favores de la zarina), pero su favorito fue Grigory Potemkin (1739-1791), en quien confió totalmente y cuyo apoyo tuvo hasta su muerte aunque la relación sentimental había terminado muchos años antes. “A partir de ahora la carga de gobernar queda enteramente en mis hombros”, escribió ella tras el funeral.

EL FIN

Su vida se extinguió el 17 de noviembre de 1796 tras un derrame cerebral. Se le enterró en la Catedral de San Pedro y San Pablo, pero su memoria sigue viva.

Me encantó conocer las vicisitudes que atravesó esta mujer durante su vida, llena de desencantos, retos y finalmente, triunfos. Aunque sus detractores la consideraban vanidosa, hipócrita y egoísta, sus seguidores hablaban maravillas de ella. Voltaire la llamó “la brillante estrella del Norte”, el embajador francés Conde de Ségur la describió como “una mujer de excepcionales talentos, agudo intelecto y gran encanto”.

La exhibición sobre Catalina la Grande estará abierta hasta el 15 de enero de 2017 en el Hermitage Ámsterdam. Mayor información en: www.hermitage.nl.

La pieza más relevante de la muestra es una réplica de su corona con 11 mil 352 diamantes, 74 perlas y un enorme rubí. ¡Espectacular!

Cualquier comentario relacionado
con este artículo, favor de dirigirlo a
mestrada@elsoldemexico.com.mx