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Caucus y primarias / Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos son las más reglamentadas y complicadas del mundo. El triunfo de los candidatos a la presidencia y vicepresidencia depende, no de los votos directamente depositados por los votantes en las casillas. Es, en rigor, el resultado de votar por una lista con los nombres de los ciudadanos que constituirán el Colegio Electoral de Estados Unidos. Son ellos, con su voto directo, quienes elegirán al Presidente y al Vicepresidente. Son los procesos electorales de más larga duración. Comienzan en enero del año anterior a la elección.

Escapa a la mayoría de quienes desean seguirlos, que la determinante fundamental, definitiva para que haya un triunfador, son los votos que emitirán quienes constituyan el colegio electoral, una vez que la votación presidencial haya concluido.

Ha habido presidentes de Estados Unidos que obtuvieron menos votos que el candidato vencido. En 2000, George Walker Bush tuvo 50,456,167 votos contados manualmente y Al Gore 50,996,064.  Pero los votos electorales de Florida, donde gobernaba Jeb su hermano, favorecieron a Bush quien obtuvo 271 votos contra los 266 de Gore.

Las funciones del Colegio Electoral “concluyen el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre”. La detallada reglamentación de la elección presidencial que se realizará el martes 8 de noviembre de este año de 2016, entre las 7 y las 20 horas, fue publicada desde el 1 de enero de 2015. Es una larga lista de exigencias impresa en 10 hojas.  Y obligaciones a cumplir con toda puntualidad, en la fecha que se indica. Son arduos los quehaceres.

Incluye día y hora cuando los diversos comités deberán entregar sus reportes. Los primeros documentos se habrían entregado ya, el pasado miércoles 21 de enero de 2015. Son las estimaciones financieras de cada campaña. El 3 de febrero se habrían entregado los certificados de candidaturas y el 27 de abril, las solicitudes para establecer centros de votación preliminar.

A lo largo de un imbricado proceso, los candidatos se presentan a dos tipos de justas electorales: las Primarias y los Caucus. Las dos son contiendas. Pero cada una se distingue de la otra.

Las primarias son elecciones cuyos resultados permiten a los partidos escoger a los mejores candidatos: a los más fuertes, a los mejor aceptados. A las urnas acudirán los simpatizantes como lo harán el día de la votación definitiva. Los dirigentes de los partidos verificarán quiénes serían los mejores candidatos a diputados, a senadores y a la presidencia y la vicepresidencia.

El procedimiento conocido como caucus fue el más común para llegar a la misma certeza. En la actualidad, Alaska, Colorado, Hawái, Kansas, Maine, Minnesota, Nevada, Dakota del Norte, Iowa y Wyoming son los únicos estados que organizan caucus, según los registra la Comisión Federal Electoral.  Los territorios de Samoa americana, Guam, Las Islas Vírgenes también organizan caucus. Los otros estados y Puerto Rico organizan primarias o una combinación de ambos procedimientos.

Los caucus son organizados por los estados o por los partidos políticos.  Los caucus propician que los votantes muestren abiertamente su preferencia.  La votación se realiza alzando la mano o formando grupos de personas que apoyan a un candidato. Por lo regular, solo a los votantes registrados se les permite participar en el caucus y se les constriñe al caucus que organiza el partido al cual están afiliados.

Los resultados de las primarias y los caucus facilitan la selección de delegados a las Convenciones Nacionales Demócrata o Republicana. En cada una de las convenciones, los dos partidos promueven a quienes serán sus candidatos a la Presidencia y a la Vicepresidencia.

Por lo general, quienes han participado con éxito en las primarias y los caucus, llegan a las convenciones de sus respectivos partidos con certidumbre de que serán postulados candidatos. Ninguno llegará a la Convención Nacional con el compañero que aceptaría la Vicepresidencia. La posición es la más sufrida y aburrida del gabinete. Tiene únicamente funciones protocolarias y rutinarias. Carece de brillo.  Ni es de un confidente, ni de alguien cercano por amistad o intereses.

Roosevelt padeció la lejanía y animadversión de Al Smith, quien había sido gobernador de Nueva York y posible candidato presidencial. Crecieron las dificultades entre ellos.  Roosevelt tuvo que trabajar con incomodidad durante la Convención para encontrar un compañero de planilla. Lo mismo le ocurrió a Kennedy.  La Vicepresidencia no la aceptaba Johnson. Kennedy insistía porque necesitaba a alguien que le asegurase los votos de Texas, Luisiana, y las dos Carolinas. Finalmente aceptó Johnson la posición. Y en menos de tres años suplió a Kennedy en la presidencia.

La presidencia de Barak Obama se ha hecho larga, larga, porque no pudo vencer las reticencias de los Republicanos respecto a su señalado propósito de ampliar la medicina preventiva y las oportunidades educativas en beneficio de quienes viven en las ciudades del oriente americano.

Y quienes han trabajado con él a partir de su toma de posesión, lo han hecho enfrentando a personas que antes fueron amigos. También lo han lesionado sus proyectos de ampliar la franquicia para los migrantes del sur del Continente. Y ha padecido la hostilidad discriminatoria de los blancos desconsiderados.

Ya está aquí la primaria de New Hampshire enseguida Wisconsin en la que enfrentará Hillary Clinton al aspirante Republicano. Recordará Hillary que al ganar Wisconsin, el senador Kennedy sintió que ya casi estaba dentro de la Casa Blanca.

Su competidor republicano Trump no podrá cambiar su tono impertinente. Eso la acerca, por contraste, al gran electorado hispano y a las indispensables simpatías de los dreamers mexicanos. Ella ha mantenido su buen promedio de 43% de aceptación nacional. La etapa siguiente de primarias y caucus será fatigante y exigente.