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Causas del abismal salto venezolano de la abundancia a la agobiante carestía (I)

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

En el origen de la brutal catástrofe económica que hoy azota a Venezuela se encuentra sin duda el derrumbamiento de los precios petroleros que nos explotó desde mediados de 2014. Pero ciertamente existen otros muy relevantes factores que han tenido un impacto sustancial en la generación de la vigente catástrofe. Un conocedor de la realidad económica de Venezuela, donde ha fungido como ministro de Planificación, el hoy profesor de la Universidad de Harvard Ricardo Hausmann, expone otros factores de enorme peso que provocaron el angustioso desbasto de bienes que hoy padece la patria del libertador Simón Bolívar.

Hausmann explica que “Venezuela no usó el boom petrolero para ahorrar para la época de vacas flacas, sino para quintuplicar la deuda externa. Ese dinero se lo gastaron”. Actuaron con una irracionalidad muy similar a la de los gobiernos estatales y municipales mexicanos, los cuales a raíz del derrumbamiento del avasallador presidencialismo y del auge petrolero, obtuvieron un gran incremento en sus ingresos vía participaciones y aportaciones del fisco federal, pero no solo lo han despilfarrado operando con desbordada corrupción e ineficiencia, sino que además se han endeudado como nunca.

Pero volviendo al asunto que nos ocupa, nos encontramos con que el ardor populista, el acendrado ímpetu maniqueísta, que tendió a dividir a la sociedad venezolana en empresarios capitalistas malos y pueblo chavista bueno, propició que se ejerciera una supervisión y control que han resultado excesivos sobre los precios y tarifas de los bienes y servicios básicos y de los no tan básicos. Con el afán de demostrar que el régimen chavista protegía el poder adquisitivo del pueblo, se desplegó una campaña que fue desprestigiando a productores e intermediarios, quizá algunas veces con razón pero en la mayoría sin sólida fundamentación.

La aludida tendencia desembocó en una vorágine expropiatoria que desplegó un Hugo Chávez fortalecido a raíz de su exitosa reelección de 2006. Entre el enorme cúmulo de empresas nacionales y transnacionales expropiadas, figuró también la del poderoso holding cementero Cemex de capital mexicano. Lo grave de esta voraz comilona estatal no fue el cambio de régimen de propiedad en sí, sino el que, de acuerdo con el citado Hausmann, “En todas estas empresas (expropiadas) la productividad colapsó”. Pero una nueva y privilegiada casta floreció: lo que allá se conoce como la “boliburguesía” por su dependiente vinculación con el régimen bolivariano, la cual ha venido enriqueciéndose, aunque rodeada de una galopante pobreza.

En un contexto de esta naturaleza, de ninguna manera puede resultar extraño el que se haya venido desplomando el nivel de producción interna, el que se nadara en petróleo pero que fuera creciendo la carencia de bienes y servicios de todo tipo, de forma tal que, ante el derrumbe de la producción nacional, cada vez se hacía más necesario el importarlos para sustituir los que ya no se producían internamente. Mientras esas crecientes importaciones pudieran ser financiadas y subsidiadas con los abundantes petrodólares que recibía el gobierno, la gravedad de la creciente problemática resultaba bien enmascarada a los ojos de las mayorías.

Sin embargo, ese grave problema de productividad y producción subyacente se mantenía en una zona de solaz y esparcimiento que le permitía desarrollarse y crecer sin obstáculos. Es así posible sostener que la Venezuela chavista llevó a “la enfermedad holandesa” (Cfr. para una breve descripción: http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n2989207.htm) hasta el paroxismo, hasta la máxima expresión que históricamente haya vivido este padecimiento económico, el cual lamentablemente también lo hemos compartido en México. De aquí podríamos extraer lecciones provechosas, por lo que tendremos que continuar con el tema el próximo lunes 12.
amartinezv@derecho.unam.mx   @AlejoMVendrell

Festín de expropiaciones con desplome de productividad e inhibición de nuevas inversiones, provocaron desabasto.