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Causas del abismal salto venezolano de la abundancia a la agobiante carestía (II)

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Pero no fue únicamente la vorágine expropiatoria del chavismo, sino también una espontánea reacción que provocó fuerte inhibición de los capitales, que son por naturaleza sumamente sensitivos a las amenazas y a la inseguridad, así como muy asustadizos para arriesgar nuevas inversiones privadas, lo cual disminuyó drásticamente tanto la productividad como la producción, terminando por desembocar en el aplastante y cruento desabasto que hoy padece Venezuela.

También contribuyeron a impulsar este deplorable resultado el control de divisas y el afán gubernamental por ganarse simpatía y adeptos entre todas las clases sociales y en particular entre los estratos de menores ingresos, mediante un amplio control de precios de productos que impidieran abusos y garantizaran un óptimo acceso a los mismos por parte de los consumidores.

Las intenciones eran estupendas pero el control de divisas en una sociedad moderna de intensivos intercambios internacionales ha probado ser instrumento que solo posee alguna eficiencia cuando es aplicado de manera temporal, efímera, para enfrentar alguna estampida de los híper-volubles mercados financieros: El control de divisas de ninguna manera resuelve problemas estructurales como creciente falta de competitividad del aparato productivo, carencia de bienes intermedios para procesos productivos, inflación galopante que provoca devaluación, reducción tanto de la productividad como de la inversión y la producción, las cuales son deficiencias graves que se han venido agudizando en la Venezuela de hoy, impulsados también por un severo control de precios.

En las modernas economías ya no se intenta un impracticable control de precios generalizado, sino el garantizar existencia intensiva de competencia que impulse la competitividad. Ilusos controles de precios o de divisas generan especulación y mercados negros con insostenibles diferencias como la del precio oficial del bolívar frente al del mercado, de mil a uno. Por ello, de ninguna forma se puede considerar anormal que un quimérico esfuerzo por controlar los precios haya desembocado justo en lo opuesto: en la inflación más elevada del mundo.

Otro elemento que explica la grave crisis de hoy radica en el mal uso de los otrora abundantes recursos públicos. Vale la pena hacer notar lo sucedido el año 2012. El Gobierno venezolano disfrutaba en esa época de los más elevados precios del petróleo. El precio promedio de su crudo alcanzó 103 dólares el barril. Había abundancia de ingresos y era tiempo de crear reservas para la temporada de vacas flacas, pero en lugar de adoptar esa sabia prevención, la decisión asumida fue en sentido inverso: en lugar de lograr un superávit en el presupuesto gubernamental, se generó un enorme déficit equivalente al 17 por ciento del PIB, esencialmente mediante la contratación de nuevas deudas.

La explicación del objetivo de programar un gasto excedentario tan elevado lo encontramos en que ese año era un tiempo en el que hubo elecciones presidenciales y se invirtió no solo en mucho gasto social y propaganda, ya que cada vez se hacía más dificultosa la reelección de Hugo Chávez Frías, sino que también hubo que subsidiar con abundantes recursos a “empresas públicas con grandes déficits operacionales para velar en el corto plazo por el empleo y los salarios” (que daban votos) según lo reconoció Jorge Giordani, quien entonces fungiera como ministro de Planificación del presidente Chávez.

Fue la última reelección del presidente Chávez, dado que su fallecimiento sobrevino en marzo de 2013. Todavía le quedó a Nicolás Maduro poco más de un año de elevados precios petroleros, pero en lugar de enderezar la ruta la empeoró. Fue precisamente hacia el año 2013 cuando, ante el enorme monto de endeudamiento que había contratado ya el gobierno venezolano, el sector financiero internacional decidió endurecer al máximo nuevas contrataciones y frente a esa limitación el gobierno de Maduro, ya desbocado en una irrefrenable inercia de dispendio legitimador, decidió multiplicar la emisión primaria de billetes y ello trajo como consecuencia mayor disparo a las nubes de la inflación.
amartinezv@derecho.unam.mx @AlejoMVendrell
Control de divisas y de precios, más subsidios a empresas públicas y despilfarros, empujaron al colapso de la producción.