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CDLXIV aniversario de la Universidad y sucesión en Rectoría. Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

El pasado día 21 de este mes de septiembre, conmemoramos los 464 años de la fundación en 1551, de la Real y Pontificia Universidad de México, originalmente creada como Real Universidad de México, que iniciara sus cursos el 25 de enero de 1553 y posteriormente adquiriera mediante la bula papal de Clemente VIII la calidad de Real y Pontificia en 1595.

Aunque para algunos la actual UNAM no debe reivindicar dicho pasado novohispano y debe celebrarse la inauguración de la Universidad Nacional de México, acaecida el 22 de septiembre de 1910, siendo presidente Porfirio Díaz en cumplimiento del decreto por el que se expidió su Ley Constitutiva el 16 de mayo de ese año y que adquiriera su autonomía hasta 1929.

Hoy la UNAM, es una de las más reconocidas universidades de Latinoamérica e incluso de Iberoamérica, tanto por su magnitud como por su calidad académica, de investigación y de difusión de la cultura. Actualmente, cuenta con una planta docente de 38 mil profesores, de los cuales un poco más de 11 mil son de tiempo completo, alrededor de 350 mil alumnos con cerca de 30 mil alumnos de posgrado y cinco mil de doctorado.

Su sede central en la denominada Ciudad Universitaria es un portento de la ingeniería y arquitectura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, proyecto en que participaron destacadamente, entre otros: Mario Pani, Enrique del Moral, Carlos Lazo y Javier Barros Sierra. Así como la relevante participación de artistas de la talla de Diego Rivera, Jesus Alfaro Siqueiros y Juan O Gorman. Entre sus construcciones icónicas destacan el Estadio Olímpico y la Biblioteca Central.

La Universidad ha jugado siempre un papel relevante en la vida nacional, como dinamo del desarrollo y, sus egresados con su participación en el sector público y privado moldearon al México de hoy, por lo que nuestra Nación no puede entenderse sin esta Institución.

La demanda educativa y su carácter nacional, conllevó con el tiempo a una “masificación” como se denominó en su tiempo al crecimiento exponencial de sus educandos y a la ampliación de su planta docente y de trabajadores administrativos de base, por lo cual se crearon cinco sedes del Colegio de Ciencias y Humanidades y cinco Facultades de Estudios Superiores: Acatlán, Aragón, Cuautitlán, Iztacala y Zaragoza. Incluso la creación de la UAM, se gestó en la Universidad como estrategia para atender en los 70´s la demanda educativa.

A lo largo de su historia reciente la Universidad ha enfrentado conflictos de los cuales ha salido avante, la propia obtención de la autonomía devino de un conflicto que se solucionó por la intervención moderada del entonces presidente Emilio Portes Gil y la madurez del joven líder estudiantil Alejandro Gomez Arias.

Desde entonces los rectores han enfrentado el autoritarismo de los presidentes de la República que les crearon o permitieron conflictos para forzar su salida, como el maestro Salvador Zubirán en el 46, Ignacio Chávez en el 66, el inolvidable Barros Sierra en abril del 70; en el 72 Pablo Gonzalez Casanova y en 79 Francisco Barnes de Castro.

La Universidad también ha testimoniado movimientos estudiantiles como los del 68 o movilizaciones de sus trabajadores y académicos en los setentas que redundaron en la creación de sindicatos y organizaciones de docentes. Así como otros verdaderamente olvidables y repudiables como los que sufrieron don Ignacio Chávez o Gonzalez Casanova, encabezados por pandillas de malandrines que con sus nombres no vamos a ensuciar estas páginas.

Finalmente, esta semana el pasado día 24 se emitió la convocatoria para el relevo como rector del Doctor José Narro Robles, quien con su gran personalidad y sapiencia supo elevar su cargo a una especie de líder intelectual de la Nación. El proceso de sucesión se está procesando en términos de la legislación universitaria con absoluto respeto de su autonomía, y los candidatos -todos y todas- tienen los méritos para seguir engrandeciendo nuestra Alma Mater.