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CdMx: vivir en violencia, indiferencia y desprecio (II)

  • Betty Zanolli

Betty Zanolli Fabila

Entre los altísimos costos de sobrevivir en la Ciudad de México, uno de especial cuidado y desatendido es el de la salud mental de sus habitantes, pues aunque mucho invoque a la salud el discurso oficial -ahora con la contaminación ambiental-, solo unas cuantas voces, aisladas, nos advierten de los riesgos inminentes de que los capitalinos padezcamos algún trastorno mental, si es que no lo padecemos ya. Así de grave es el panorama que se presenta en el corazón de la megalópolis donde la crisis económica, política, social… impera, flagrante; donde campea la violencia e insensibilidad frente a los azotes de la carestía de precios, falta de empleo, aglomeraciones humanas; ante la intermitencia y abusos de las disposiciones oficiales en materia de movilidad y tránsito; ni se diga en la discrecionalidad tributaria, agudizada en tiempos preelectorales, en fin, no terminaríamos. Baste lo revelador del incremento de consultas -tanto en el sector público como privado- en materia psicológica y psiquiátrica. Y no es para menos. No solo desde el extranjero, países como Estados Unidos advierten periódicamente a sus nacionales de abstenerse de viajar a ciertas regiones o Estados de México. Empresas encuestadoras nacionales especializadas reportan cifras alarmantes en los últimos cuatro meses en la percepción ciudadana donde el 95 por ciento de la sociedad se siente insegura viviendo lo mismo en la capital que en el resto del país.Ante tal panorama, el mortífero estrés hace de las suyas haciéndose presente junto a todo tipo de enfermedades y trastornos mentales, comenzando por la depresión y ansiedad. Fenómeno que hace unos días evidenció el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, al advertir en entrevista con El Sol de México que el incremento de los cuadros de depresión e incidencia de suicidios, en los próximos años será un agudo problema de salud pública que rebasará la infraestructura del país y tendrá un impacto múltiple en nuestras vidas. Aserto que confirman los datos del informe sobre salud mental en México rendido por la Organización Mundial de la Salud, según el cual solo en 2011 por cada 100 mil habitantes había 1.6 psiquiatras, 1 psicólogo y 0.19 terapeutas.

Problemática que no puede ser soslayada pues la depresión es una de las diez principales enfermedades discapacitantes -junto a la esquizofrenia, trastornos obsesivo compulsivos y alcoholismo-, por la que hoy en México se pierden más de 25 días de trabajo al año y que se calcula agobia a más de 10 millones de nacionales -mayoritariamente mujeres-, con especial afectación de los adultos mayores. Trastorno silente que sólo se detecta y registra cuando quien lo sufre acude al médico. Frente a ello, me pregunto ¿qué estamos haciendo para evitarlo? Nada. Todo lo contrario. Agudizamos el malestar social que nos corroe. Prueba de ello la reacción virulenta en las redes sociales contra medidas cuya eficacia en tiempos de extrema violencia como los que se padecen en la CdMx está más que rebasada: es el caso de los silbatos marca ACME -rosas y negros según el género- implementados por el jefe de Gobierno de la CdMx. Disposición que, cuando menos, tuvo la bondad de combatir la aguda depresión capitalina por más de 15 horas entre los internautas al detonar la secreción masiva de sus endorfinas… Lo trágico es que mientras no intervengamos, refugiados en la indiferencia, falta de compromiso e inacción, estaremos impedidos de reconstruir a nuestra nación y destinados a precipitarnos en el marasmo de un colapso social generalizado que terminará por engullirnos.
bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli