imagotipo

Ceremonias de Año Nuevo entre los pueblos indígenas

  • Nuvia Mayorga

  • Nuvia Mayorga

La celebración de la llegada de un nuevo año en México se mezcla con otras tradiciones ancestrales, algunas de ellas de origen prehispánico, cuyos pueblos originarios se regían por otra religión y otro calendario. Con la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, se impuso una nueva forma de contar los días (los meses y ciclos anuales) y de celebrar las fiesta religiosas, no obstante, se creó un sincretismo religioso que perdura hasta nuestro días en algunas comunidades indígenas.

Algunos pueblos indígenas de México inician el año con una de las ceremonias más importantes de su ciclo festivo, se trata del cambio de varas. Con un significado jurídico, político y religioso, esta celebración consiste en la renovación de sus autoridades a través del consejo de ancianos, integrado por personas que han acumulado sabiduría y experiencia de su comunidad, lo cual garantiza una mejor selección.

Esta festividad tiene dos orígenes distintos: por una parte, está el caso de pueblos como los rarámuri a quienes con la llegada de los españoles les fue impuesta la elección de autoridades en los primeros días de enero, práctica que fue aceptada y fue incluida dentro de sus costumbres, conforme a sus necesidades y creencias. Por otra parte, se encuentran los pueblos como el mixteco, cuya tradición se remontan a la época prehispánica, periodo en el que el bastón de mando le daba legitimación a sus gobernantes, como se puede apreciar en los Códices Mixtecos que muestran que eran portados por personajes pertenecientes a distintas dinastías.

Actualmente, las virtudes requeridas para ser elegido como autoridad, en muchos de los pueblos indígenas, comprenden honestidad, inteligencia, facilidad de palabra, conocimiento de las problemáticas de su comunidad y, lo más importante, tener el espíritu de servicio para trabajar por el bien de la comunidad, así como el reconocimiento de la propia colectividad. Pero también es importante destacar que estas autoridades forman parte de lo que se conoce como un sistema de cargos, donde, cada individuo va ascendiendo según sus capacidades.

La vara o el bastón de mando, representa simbólicamente a cada una de las autoridades, otorgándole facultades de organizar, presidir reuniones o fiestas, ejercer justicia y asegurar la paz. En algunos casos, también es considerado como un objeto que brinda salud, buena cosecha, suerte en cacerías y en el comercio.

Las características de cada vara corresponden al nivel jerárquico de cada autoridad, las cuales van desde el tamaño, el grosor y sus adornos. Antes eran adornadas de oro y plata, pero ahora fueron remplazados por el atado de listones de diversos colores que representa aspectos como la vida, otros utilizan los colores de la bandera nacional. Los bastones de mando son además considerados como sagrados, por lo que su mal uso puede ser motivo de sanción. Por esta razón antes de la ceremonia se limpian y se purifican.

Pueblos originarios, como los zapotecos del Istmo, celebran sus velas o “veladas”, calendas y tiradas de frutas en los diferentes pueblos que conforman esta región.  Al finalizar el año se dan dos manifestaciones peculiares: el regalo de los Tanguyu y la elaboración de El viejo.

Tanguyu, entre los zapotecos, consiste en regalar a los niños y niñas muñecos de barro, caballos con jinetes para ellos, muñecas con faldas de campana con bebés en los brazos y canastas de frutas sobre la cabeza, ollas, molcajetes y platos diminutos para ellas.

La elaboración de El Viejo por los niños, usando ropas viejas y los huaraches más antiguos que han sido usados durante todo el año, por cabeza se le coloca un coco, se le rellena de elotes y cohetes, se le pone un sombrero y un cigarro.

Estas ceremonias, que se han reproducido y conservado por varios siglos, son una muestra de la vitalidad de las formas de organización social internas de las comunidades indígenas de México, que además de expresar aspectos de renovación y continuidad cultural, contribuyen a fortalecer el espíritu comunitario reforzando los lazos sociales. Por ello considero que estas prácticas culturales son un ejemplo de cohesión social para nuestra sociedad que ahora más que nunca, requiere de nuestra unidad para un desarrollo común. Para concluir, desde la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas deseamos que para los pueblos y comunidades indígenas y para la población en general, este 2017 sea un mejor año en todos los sentidos.