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Cerrazón y frustración

  • Pedro Peñaloza

¿Qué es un cínico? El que conoce el precio de todo y el valor de nada

Oscar Wilde

1. Frente a la violencia únicamente silencios y cantinfladas. Se dice poco o nada frente a hechos que atraviesan al país y que provocan muertes de miles de personas. Se habla de que el mes de julio fue el más violento desde marzo de 2013. Frente a esto, los encargados de garantizar la “paz pública” y el “orden” solo responden con medicinas añejas y caducas: militares, policías y endurecimiento penal. La táctica inicial que usó la administración peñista, de presionar a los medios de comunicación para no publicitar noticias de violencias vinculadas a la delincuencia organizada, se diluyó frente a una realidad que ha invadido prácticamente todo el territorio nacional. Ha quedado claro que la política de seguridad del calderonato fue asumida por el nuevo equipo priísta; de poco sirvieron los discursos matizados y la demagogia preventiva, que incluso “cautivó” a algunos académicos, ONG’s de temporal y demás saltimbanquis cirujanos del presupuesto.

De manera prematura, aunque no sorpresiva, hizo agua la “original” política de seguridad del peñismo, fue natural su debacle, era imposible sostener una política de prevención social y al mismo tiempo impulsar una política económica favorable a la desigualdad y a la exclusión social. En realidad, dicho de manera pedagógica, la política de prevención social fue convertida en una especie de Cruz Roja para ir recogiendo a los heridos y damnificados de una estrategia económica depredadora y clasista.

2. Empresarios “subversivos” y Gobierno a la deriva. Los dueños del dinero se revelan frente a la política dilacionista del Gobierno frente a las acciones de la CNTE. Señores y señoras de traje y de zapatos caros se plantan en las calles, fruncen el ceño y amenazan con no pagar impuestos, con cerrar empresas y hasta demandan legalmente al Gobierno; ¿de qué acusan a los señores del poder político? Pues de un delito muy grave, no permitir que algunos segmentos de la burguesía sigan llenándose los bolsillos de cuantiosos recursos, y eso sí que no se puede permitir. Además, el sustento conceptual es impecable, el Gobierno es un instrumento de los poderosos, de una minoría rica y enriquecida, que exige que cumpla su función esencial sin ninguna demora. Por un lado, los señores del poder político se quiebran la cabeza para satisfacer el enojo de los indignados patrones; y por otro, dudan en usar la represión masiva que provocaría un incendio en el país. La disyuntiva que enfrenta el grupo de los imberbes (Peña, Osorio, Nuño y Videgaray), no es nada fácil.

La vorágine que se vive en el país está llena de múltiples variables en donde algunas están fuera de control, y otras obedecen al modelo de dominación política autóctono. La economía sigue estando atorada, sin ninguna perspectiva de crecimiento económico alentador, los procesos de exclusión históricos y de desigualdad permanente se exacerban ante un panorama que no permite mucho margen de maniobra para lanzar promesas mediatizadoras.

3. Descontento social sin dirección. La irritación social se palpa en todos lados, incluso en segmentos de la pequeña burguesía, que resultaban ser tradicionalmente conservadores y adaptacionistas. La ausencia de expectativas laborales para una masa enorme de jóvenes que sufren para acceder a la educación superior y se frustran cuando egresan de las universidades, se convierte en un signo distintivo de un país que tiene un rico bono demográfico, pero que no ofrece ninguna certeza de mejora en los niveles de vida para quienes asocian la educación con la movilidad social. La pradera está seca. Cuidado.
pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz