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Chapo: ¡entrégate! / Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

El águila dorada o águila real (Aquila Chrysaetos Canadensis, Linnaeus 1758), que aparece en nuestro escudo nacional o el halcón Harris (Parabuteo Unicinctus), incluso el águila calva que aparece en el escudo de USA, pueden sobrevivir en el cautiverio. No estoy tan seguro que mi favorito, el halcón cola roja, (Buteo Jamaiciensis), aguante la jaula sin fallecer después de haber volado en libertad. Sin embargo, el ser humano puede resistir hasta 70 años sometido a prisión, aunque las normas carcelarias permitan que por edad uno pueda dejar el presidio antes de cumplir esas condenas “perpetuas”. Lo que el humano no quiere dejar de ser es parte del presidium y por eso vemos a tantos políticos con huellas del taxidermista en chambas, comisiones, concejos, asesorías y sine curas. Otro cantar.

Aquí lo importante es ayudar al presunto fugitivo Joaquín Guzmán Loera, conocido entre otros sobrenombres, apodos, alias o apelativos, como el “Chapo”, auxiliarlo, digo, a que tome la decisión más difícil de su vida. Si él no llega rápidamente a un arreglo con las autoridades de EU o con las de nuestra enojada República, existen muchas posibilidades de que lo ultimen directa o indirectamente. Es decir, que muera a balazos de las fuerzas públicas nacionales o extranjeras o de que discretamente lo envenene algún traidorzuelo mercenario por una no tan “módica” suma que tengo entendido ofrecen por su cabecita exmostachona.

Él tiene que determinar si quiere pasar sus últimos años en chirona mexicana o gringa, o, se la juega a que pueda andar a salto de mata los más meses que pueda. Al final va a caer, como todos caemos, víctimas de Cronos, de la enfermedad, del accidente o del autosacrificio al que llamamos suicidio. No tengo idea que habrá en su cabeza que le permita llegar a una conclusión sensata, puesto que él ya conoció varias cárceles y solo quien carga la piedra sabe lo que pesa, pero para mí es obvio que si “se escapó” invirtiendo una cantidad impresionante de dinero para lograrlo, es porque estaba de muy mal humor en su celdita del “penal de máxima seguridad” en el ilustre Edomex.

Lo que sí puedo decir a don Joaquín es que, a diferencia de él, yo tuve la oportunidad de estudiar una asignatura que se llama estocástica cuando cursé el doctorado en administración pública en la UNAM y esa materia tiene que ver con lo aleatorio, “el azar y la necesidad” diría Jacques Monod y desde luego con las leyes de probabilidades. Y desafortunadamente para Guzmán y en favor del supurante Gobierno que padecemos, las posibilidades de que lo capturen entre los marines, los marinos y los marimachos son muchísimas más que las que tiene él de mantener bajo perfil en la sierra, en una colonia urbana o en algún cluster de lujo en México, Belice o Brasil. 82 a 18 son los momios que me dan mis calculitos, evaluando su experiencia, a su equipo reducido de leales y eficientes y ponderando que, como a Juan Charrasqueado se le echaron ya de a montón.

El propio y famosísimo Illich Ramírez Sánchez, alias “Carlos” o “El Chacal”, fue capturado y mandado a prisión. Con todo respeto y reconocimiento para la astucia, creatividad y emprendedurismo que ha mostrado don Joaquín, creo que está muy atrás de lo que en su tiempo nos enseñó el mentado “Chacalón”. Así pues, tiene que decidir qué vale más: ¿la vida o la “libertad” muy condicionada de que disfruta? Es cuestión de valores, es un asunto axiológico profundo. Nosotros optaríamos por mantenernos con vida, él tiene la última palabra en este caso. Tic, tac, tic, tac.
rojedamestre@yahoo.com