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China, Japón, Canadá y los que siguen

  • Rosamaría Villarello

Rosamaría Villarello Reza

China y  Japón rápidamente se movilizaron frente a los embates del Presidente de Estados Unidos, después de los comentarios poco favorables y amenazantes con respecto a estos dos países.

Trump tuvo que retractarse por los compromisos diplomáticos de Washington con Pekín, en cuanto a reconocer una “sola China” y dar marcha atrás a sus iniciales intenciones de abrirse a Taiwán, entre cuyos territorios (chinos) existe una enemistad pactada por los intereses económicos y la influencia en la zona desde tiempos de la revolución. Baste ver la lucha por el Mar de China y sus relaciones con los países de esa región.

Por su parte, la visita del Primer Ministro de Japón a la mansión de Trump en Florida, parece haber zanjado las fricciones iniciales que se presentaron entre ambos Gobiernos y también por el papel que el archipiélago japonés representa ya no solo en la región sino en el mundo entero.

Es proverbial la paciencia de los asiáticos y lo medido de sus acciones. Pero en esta ocasión, a cada uno por su cuenta, les tardó menos de 20 días reaccionar de frente al escenario del nuevo Gobierno estadunidense. Tampoco les costó mucho trabajo convencer al ocupante de medio tiempo de la Casa Blanca de que con ellos no era el camino más adecuado que estaba siguiendo en sus intenciones.

China y Japón tienen mucho en común, aunque ellos no lo quieran aceptar. Entre lo que comparten es la fuerte dependencia que tiene “América” de su economía y comercio,  principalmente. De ahí la diferencia del cambio de trato. Ambos tienen mucho con qué presionar e inclusive “chantajear”: los capitales de por medio y más. Así, en el pasado, Estados Unidos “se ha hecho de la vista gorda” en cuanto a los derechos humanos y a las políticas restrictivas impuestas por los dos.

No es lo mismo ser potencias, como son los dos asiáticos, que países subdesarrollados de América Latina y menos con el odio de por medio (léase México).

En las reconsideraciones de Trump está el hecho, sobre todo en lo que concierne a China, es que si los trataba de aislar y presionar no tendría el éxito esperado, pues ello implicaría dejarle el camino libre para seguir defendiendo la globalización que ha beneficiado a todas luces a Asia.

Por su parte, el Primer Ministro de Canadá en su encuentro con el Presidente estadunidense ha recibido grandes deferencias con base en su gran vecindad y amistad, inclusive comparando su frontera norte con la del sur. Ya han hablado sobre acuerdos bilaterales lo que significa que en la perspectiva de los canadienses tampoco hay motivos para mantenerse en el TLC. De hecho, desde su inicio, hace ya 23 años, ese país no estaba de acuerdo en incorporarse; lo hizo forzado, lo que México parece que se ha olvidado.

Importante es observar el comportamiento de los demás y aunque no ha lugar a las comparaciones, mucho tendremos en México que negociar o cambiar de estrategia como lo han hecho los Gobiernos de los países aludidos.